
El presidente Alberto Fernández afirmó que el Gobierno pagará la deuda pública recién cuando la economía vuelva a crecer.
“Para poder pagar hay que crecer primero”, afirmó el nuevo presidente de la Nación.
“Los únicos privilegiados serán quienes quedaron atrapados en el pozo de la pobreza y la marginación. El gobierno que acaba de terminar su mandato ha dejado el país en una situación de virtual default. Apelo a la responsabilidad y el patriotismo de todos”, indicó.
Por lo tanto, aclaró: “Necesitamos aliviar la carga de la deuda”.
“No hay pagos de deuda que se puedan sostener si el país no crece. Para poder pagar hay que crecer primero. El país tiene la voluntad de pagar pero carece de capacidad para hacerlo…bajo esas premisas asumiremos toda la negociación de nuestra deuda”, explicó.
Además, prometió una relación “constructiva” con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
En su discurso ante la asamblea legislativa, Fernández reiteró varias veces que el país no está en condiciones de cumplir con sus compromisos financieros.
“La relación de la deuda con el PBI está en su peor momento desde el año 2004, cuando estábamos en default”, expresó.
En realidad, si se toma en cuenta la deuda del Estado con los acreedores privados y los organismos multilaterales –excluyendo la que tiene dentro del sector público- la relación es del 50 por ciento del PBI aproximadamente.
El año próximo, los vencimientos de deuda suman unos USD 21 mil millones, mientras que en 2021 y 2022 se concentran todos los vencimientos para repagar los USD 44 mil millones prestados por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Para justificar la quita que le ofrecerá a los bonistas, expresó: “Los acreedores tomaron el riesgo de invertir en un modelo que fracasó en todo el mundo”.
En realidad, gran parte de la deuda tomada en los mercados fue para repagar pasivos de otros gobiernos, a diferencia de lo que ocurrió con el préstamo del FMI. Hasta 2018, 3 de 4 dólares correspondían a la salida del default en la que vivió el país hasta el cambio de gobierno en 2016.
Los fondos de inversión y los bancos internacionales han mostrado predisposición para aceptar una quita en sus bonos si se les presenta una propuesta razonable, dado que prefieren que el problema financiero del país se solucione pronto y no tener que pasar a pérdida la totalidad del valor de sus bonos.
En cuanto el complicado repago de la deuda con el Fondo, el Presidente utilizó un lenguaje más moderado: “Buscaremos una relación constructiva con el FMI”, afirmó.
En este caso, las opciones que tiene el nuevo gobierno son o pagar el acuerdo stand by en los plazos establecidos en dos años –que resulta casi imposible-, o renegociar el convenio por uno de Facilidades Extendidas, que implica un programa de 10 años, aunque con otras condicionalidades, o un “híbrido” entre ambos.
En el peor de los casos, podría incurrir en una mora (Lending into Arrears) como la que se transitó durante gran parte de la década del 80.
Negociación en paralelo

La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, dijo que esperaba que asumiera el nuevo programa y conocer su plan económico para sentarse a negociar, mientras que Fernández aseguró que ya existen contactos con el organismo multilateral.
La negociación con los bonistas y con el FMI debe ir en paralelo, dado que los acreedores privados van a querer saber cuál es la opinión del “acreedor privilegiado” (el organismo multilateral, al que no se le puede aplicar una quita) antes de aceptar un acuerdo. A su vez, ambos necesitan saber cuál es el plan fiscal del Gobierno para saber cuál es su capacidad de repago, más allá de las declaraciones de los funcionarios entrantes.
Como era previsible, Fernández puso el acento en los problemas pendientes sin mencionar los avances logrados, como la mejora del resultado fiscal, del tipo de cambio, de la balanza de cuenta corriente y comercial, y de los precios de los servicios públicos.
Estos avances, respecto de la herencia del 2015, llevan a muchos analistas a pensar que, si se solucionara rápido la cuestión de la deuda –clave para volver a crecer, y no al revés- y hubiera una política prudente en materia de emisión monetaria, el país podría resolver su problema de liquidez sin que se transforme en un problema de solvencia.
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