El equipo argentino de esgrima cosechó 4 medallas para la delegación albiceleste en Lima (Coa)
El equipo argentino de esgrima cosechó 4 medallas para la delegación albiceleste en Lima (Coa)

Son los más virtuosos con el florete, el sable y la espada. Juntos aportaron 4 medallas para la delegación argentina en los Juegos Panamericanos de Lima. Pero detrás de la esgrima, cada uno tiene una historia que va más allá de su faceta deportiva.

Los hermanos Di Tella se criaron bajo el legado que les dejó su padre Rafael, quien representó al país en los Juegos Olímpicos de Seúl (1988) y Barcelona (1992). "Cuando éramos chiquitos jugábamos con las cosas de mi viejo. De todas formas, creo que todos los nenes se divierten con palitos jugando a chocar las espadas. En nuestro caso teníamos un poco más de estructura y las indicaciones de nuestro padre que nos decía cómo eran los pasos de ataque y defensa", reveló entre risas Isabel, la mayor de los hermanos que consiguió la presea de bronce.

Vivieron su infancia bajo la influencia de El Zorro. Los constantes almuerzos acompañando a Diego De La Vega en su lucha con el Sargento García motivó a los pequeños a adoptar la indumentaria de su papá para que los combates sean más reales. "Me acuerdo que yo le ponía el traje a mi hermano y organizaba las luchas", continuó Isabel, mientras que Pascual se ruborizaba por el recuerdo de sus travesuras: "No sabía ni cómo ponermelo. Lo usaba al revés, porque no entendía nada".

Pascual Di Tella en acción, durante su camino a la medalla de plata en los Juegos Panamericanos (Prensa COA)
Pascual Di Tella en acción, durante su camino a la medalla de plata en los Juegos Panamericanos (Prensa COA)

Con el paso del tiempo, Isabel y Pascual se perfeccionaron en el deporte que heredaron desde la cuna. En la actualidad son los medallistas que lograron bronce y plata en Lima, y sueñan con más podios en Tokio 2020. "Nos apoyamos mucho mutuamente. Ella me llena de orgullo y me da mucha fuerza para seguir adelante. También me entusiasma para que siga estudiando en Estados Unidos", confesó el menor, graduado en filosofía que además incursionó en el mundo de la música.

"Probó con una banda y subió sus canciones a Spotify, pero todavía no llegaron las ganancias", reveló su padre, quien se animó a bromear por los dos dólares que consiguió por la venta de su hit llamado El Hombre Hormiga.

Radicados en Estados Unidos, Isabel se alejará momentáneamente de la esgrima para realizar un doctorado en economía. Graduada de Harvard, la figura que adquirió el bronce en Perú continúa embarcada en sus estudios en el país del norte. A diferencia de Pascual, al que considera "un obsesivo amante de la esgrima", ella necesita desconectar con otras actividades.

Isabel Di Tella en el centro de convenciones de Lima (@PrensaCOA)
Isabel Di Tella en el centro de convenciones de Lima (@PrensaCOA)

La otra integrante del elenco nacional que sumó una medalla de plata fue Belén Pérez Maurice, pero su lucha se fijó mucho antes de llegar a Perú. La conexión de Budapest con París y Ezeiza le representó un problema que puso en duda su participación en los Juegos Panamericanos. "Llevaba todos mis elementos en el equipaje de mano para asegurarme de que llegaran bien, pero cuando entré al avión me dijeron que lo tenía que despachar porque el vuelo estaba lleno. Cumplía todos los requisitos de seguridad, con las medidas necesarias, pero cuando llegué a Buenos Aires, desapareció", detalló la esgrimista que sufrió las desprolijidades de Air France.

"Tuve que empezar a publicar en las redes sociales para que reaccione la aerolínea y por suerte lo pudimos resolver. Hasta la gente de Cancillería se contactó conmigo, y desde la Embajada de Argentina en París intentaron localizar la valija por toda la ciudad, pero no apareció", continuó en diálogo con Infobae.

Belén Pérez Maurice en el segundo escalón del podio incaico (Prensa COA)
Belén Pérez Maurice en el segundo escalón del podio incaico (Prensa COA)

La noche anterior a su debut logró resolver el conflicto que tanto la atormentaba. "Fui consiguiendo todo prestado. Tenía un pantalón para derechos que no podía usar, porque soy zurda, hasta que la aerolínea me aseguró que me iba a reembolsar el dinero de la indumentaria nueva. Igualmente no fue fácil: tuve que comprar el traje en Alemania y cuando llegó a Lima tuvo que intervenir el COA porque no me lo dejaban retirar de la aduana", deslizó Belén.

"Fue todo muy al límite. No sé si fue lo mejor competir con todo el material nuevo, porque lo tuve que probar en medio del torneo. La verdad es que me pasó de todo. Incluso en el último combate no andaba el VAR (ojo de halcón) y le dieron el punto a la ganadora (la estadounidense Anne Stone)", analizó antes de su partida de Perú, con una mirada mucho más profunda sobre su producción: "Yo sigo insistiendo que era mío, pero ya está. Me quedó una sensación ambivalente porque quedé contenta por cómo la luché, aunque me haya quedado el oro muy cerca". Su combate fue una victoria moral que superó el material de su presea. Ella formó parte del orgullo albiceleste que hizo historia en las tierras incaicas. La capital japonesa será su próximo desafío.

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