
A Aigul Akhmetshina le gusta describirse a sí misma como “una chica común de un pequeño pueblo en medio de ninguna parte de Rusia”.
No del todo. Akhmetshina empezó a interpretar canciones folclóricas de su Bashkortostán natal cuando aún era una niña. Su familia no podía permitirse un piano, así que su primer instrumento fue un acordeón. A los 14 años se marchó de casa para estudiar canto en Ufa, la gran ciudad más cercana, a más de 160 kilómetros de distancia, donde se mantenía con pequeños trabajos, como repartir folletos mientras caminaba sobre zancos.

Ahora, a sus 27 años, esta “chica común” se enfrenta a uno de los encargos operísticos de mayor repercusión imaginables: protagonizar una nueva producción de Carmen, la popular obra maestra de Bizet, en la Metropolitan Opera, que se estrenó en la última noche de 2023 y continúa en cartel por tres semanas más.
El viaje de Ufa a Nueva York no ha sido fácil. Por el camino, Akhmetshina ha tenido que superar múltiples contratiempos, como fracasos en concursos vocales, un accidente de coche que la dejó incapacitada para cantar durante meses, y luego apostar sus esperanzas a un viaje a Moscú sólo para que en un conservatorio le dijeran que no era lo bastante buena para una beca.
“Soy muy testaruda, pero cuando oyes constantemente que no tienes talento suficiente, empiezas a pensar que quizá sea verdad”, dijo Akhmetshina en una entrevista. “Todos mis logros ocurrieron porque siempre tuve gente a mi alrededor que creía en mí más que yo”.
Entre esas personas cuenta a su profesora Nailya Yusupova, que sigue siendo su entrenadora vocal, y al mánager Marcin Kopec, que la escuchó por primera vez en una “audición de scouting” en Rusia cuando aún era una adolescente.
“La recuerdo entrando en la sala, una joven muy segura de sí misma. Se estaba recuperando del accidente de coche y llevaba un collarín”, recuerda Kopec. “Cuando abrió la boca, me senté inmediatamente. El color de la voz era como el de un chocolate negro, cálido y hermoso”.
Kopec consiguió más tarde que David Gowland, jefe del programa de jóvenes artistas de la Royal Opera de Londres, la escuchara, y Gowland vio potencial suficiente para llevarla a Londres, donde llegó sin hablar una palabra de inglés.

Su gran salto a la fama se produjo en 2017, apropiadamente con su primera actuación como Carmen, en la versión condensada de la ópera de Peter Brook. “Su canto y su actuación nos dieron una Carmen gloriosamente sensual”, escribió William Hartston en el Daily Express. “Su potente voz y sus maneras seguras y seductoras eran perfectas para el papel”.
A continuación triunfó en la obra completa de la Royal Opera, y luego se tomó un descanso de tres años para explorar el repertorio belcantista. Pero ahora Carmen ha vuelto con fuerza. “Empecé la temporada con ella en septiembre en Múnich, luego en octubre en Berlín, ahora está aquí, después Londres, luego Glyndebourne y otra más que no se ha anunciado”, dijo Akhmetshina. “Llamo a este año Cincuenta sombras de Carmen porque tengo muchas”.

Escuchando a Akhmetshina hablar del papel -una mujer carismática y ferozmente decidida que no sigue las reglas de la sociedad-, a veces suena casi como si estuviera describiendo su propia vida, sin el trágico final. “Se trata de una mujer con un pasado y una infancia difíciles que también sueña con un futuro feliz”, afirma. “Soy una luchadora. Tuve que serlo, y cuando tienes que demostrar que eres dueña de tu lugar, eso te da una fuerza extra”.
Esa visión encaja bien con la descarnada producción de la directora Carrie Cracknell, que traslada la acción de la Sevilla del siglo XIX a un Estados Unidos posindustrial, donde muchos de los hombres están desocupados y resentidos con las mujeres que tienen trabajo. La fábrica de cigarrillos donde trabaja Carmen se ha convertido en una fábrica de municiones, y Escamillo, el apuesto rival de Don José por el afecto de Carmen, es campeón de rodeo en lugar de torero.
“Creo que Aigul tiene una comprensión profunda y totalmente instintiva del mundo de Carmen”, dice Cracknell. “En parte porque ha luchado tanto para llegar a este lugar en una etapa tan joven de su carrera. El papel requiere una ferocidad y un compromiso total con la historia, y Aigul realmente lo tiene”.

Aun así, puede parecer una apuesta arriesgada crear una nueva producción en torno a una cantante tan joven. Debutó aquí la temporada pasada en el papel relativamente pequeño de Maddalena en Rigoletto de Verdi. Pero el director general del Met, Peter Gelb, apuesta por ella. “Aigul tiene una voz rica y hermosa, fuertes instintos teatrales y presencia, y el coraje de ir a por todas en el escenario”, dijo Gelb. “Todo en la ópera es un riesgo, pero Aigul es lo más parecido a un valor seguro que existe”.
De hecho, Gelb ya la ha contratado para futuras temporadas para cantar en El barbero de Sevilla de Rossini y en Samson et Dalila de Saint-Saens. Más adelante, espera interpretar a la princesa Éboli en Don Carlo, de Verdi, y después, quizá dentro de unos 10 años, los dos papeles de mezzo más dramáticos de Verdi: Amneris en Aida y Azucena en Il Trovatore.
Carmen, también protagonizada por Piotr Beczala como Don José, la soprano Angel Blue como Micaela, el bajo-barítono Kyle Ketelsen como Escamillo y dirigida por Daniele Rustioni, se representará hasta el sábado 27 de enero. La función matiné de ese día se retransmitirá en directo en alta definición a los cines de todo el mundo.
Fuente: AP
[Fotos: Ken Howard/Met Opera vía AP]
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