
Es imposible que la crítica que sigue referida a la obra de teatro musical El funeral de los objetos sea imparcial. Por eso es que estoy clarificando de antemano que el texto estará cargado de subjetividades. No es para que sorprendido descubras, al final, que el autor es uno de los miembros del elenco.
Ya evidenciada la paradojal superposición de roles –ser el crítico de una obra en la que actúo– y esperando que puedas navegar la lectura con la guardia de la sospecha en alto, pasaré a argumentar por qué tenés que reservar una entrada y ser espectador de la obra que se presenta en la sala el Método Kairós todos los jueves a las 21.

La obra de teatro musical El funeral de los objetos indaga en una temática tan antigua como la humanidad misma: ¿Cuál es nuestra relación con los objetos? La raza humana es la única capaz de sentir amor u odio por un objeto. Todos tenemos objetos y nos constituyen cada vez un poco más. En un mundo en donde la relación con los otros se hace más compleja día a día, los objetos terminan siéndonos funcionales y hasta dependientes no solo de nuestros sueños y deseos, sino también de nuestras frustraciones, fracasos, miedos e inseguridades.
Bajo este paraguas temático es que Nicolás Manasseri y Fernanda Provenzano, autores y directores de la obra, crean un mundo en el que un grupo de personas bastante particulares y desconocidas entre sí se dan cita para formar parte de un extraño funeral de objetos luego de ver el anuncio en un folleto del subte. Así, la obra va deviniendo en una terapia grupal mediante la cual hasta el espectador está instado a revisar su propia relación con los objetos. Así también, la obra, que parte de la comedia, también termina entremezclándose con la tragedia desde que tanto libreto como personajes están en un continuo roce para sobreponerse a la tragedia a partir de la comedia.

Un elenco actoral diverso componemos singulares personajes con una estrecha relación a algún tipo de objeto y nos hacemos cargo de esta comedia dramática con actuaciones precisas y sentidas. Lo actoral es el motor principal de la obra, ya que el canto y el baile se asoman como la consecuencia de los estados físicos y psicológicos a los que llegamos como intérpretes. Es que la obra primero se sitúa en el realismo para naturalmente dar paso a la musicalidad en la búsqueda de una interpretación (en su acepción de explicación) de la transferencia psicológica del ser humano hacia los objetos. La música original, cercana al rock, al pop y al góspel, es en vivo, elemento que siempre suma a la composición de la obra porque deja abierta la puerta al imprevisto.
Además de cantar, los personajes de la obra también bailamos. Las coreografías, a cargo de Fernanda Provenzano, no buscan el virtuosismo, sino que procuran estar al compás del sentir de cada personaje. La dupla directora que componen Manasseri y Provenzano apunta a dar relevancia al estado del intérprete: de allí que en el baile se destaquen composiciones crudas y salvajes que buscan representar el duelo interno que cada personaje de la obra va teniendo con el objeto que le toca en suerte.

Ficha técnica
Libro/ idea original: Nicolás Manasseri y Fernanda Provenzano; música original: Nicolás Manasseri y Fernanda Provenzano. Elenco: Eugenia Fernández, Fernanda Provenzano, Ignacio Zabala, Martina Alonso, Nicolás Cucaro, Matias Zajic, Rafael Escalante, Estefanía Alati, Matías Ignacio Acosta y Alejandra Oteiza; músicos: Nahuel Tamargo y Facundo Cicciu; diseño de escenografía: PHEPANDU; diseño de vestuario: La Costurera Teatro; diseño gráfico: Mariano Morelli; dirección musical y arreglos musicales: Nahuel Tamargo; coreografías: Fernanda Provenzano; dirección de actores/ puesta en escena y dirección general: Nicolás Manasseri; asistente general: Aldana Alessandroni y producción general: PHEPANDU.
* El funeral de los objetos, los jueves a las 21 –reestreno, jueves 10 de febrero–. El Método Kairos, en El Salvador 4530, C. A. B. A. Entradas en venta por Alternativa teatral.

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