
Los mercados de barrio, presentados como una alternativa para acercar alimentos básicos a la población cubana, desataron una oleada de críticas cuando el portal oficialista Cubadebate preguntó por su funcionamiento.
Los comentarios cuestionaron la falta de establecimientos en varias localidades, los precios y la limitada capacidad de compra de salarios y pensiones, según publicó CiberCuba.
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La consulta, difundida en Facebook y en el sitio web del medio, pedía a los lectores que describieran qué productos encontraban, cómo funcionaban esos comercios y si las ofertas respondían a sus necesidades. Cubadebate explicó que buscaba abrir el debate después de los cuestionamientos generados por un reportaje sobre el mercado Café Carmesí.
Las respuestas incluyeron referencias a Miguel Díaz-Canel y al primer ministro Manuel Marrero. “Yo quiero ir al mercado de barrio donde compran Díaz-Canel y Marrero”, escribió uno de los usuarios con mayor repercusión.
Otro comentario ironizó: “Pregúntale a Canel que según él se la pasa por los barrios”. También hubo reacciones como “¿En serio esa es la pregunta que ustedes hacen?” y “¿Esto es verdad?”.
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Precios prometidos y capacidad de compra
Las autoridades habían anunciado en septiembre que estos comercios debían vender productos entre 15 % y 30 % más baratos que otros establecimientos. La oferta prevista incluía arroz, azúcar, aceite, pollo, huevos, leche en polvo y artículos de aseo.
El modelo permite que locales estatales sean administrados mediante licitación por mipymes, cooperativas, trabajadores por cuenta propia y otros actores económicos. Bodegas y carnicerías están entre los establecimientos reconvertidos bajo ese esquema.
Las críticas se concentraron en la distancia entre esos anuncios y las posibilidades económicas de los consumidores. “Los ancianos ya están cayendo como moscas y ustedes hablan de mercados que saben muy bien que están fuera del alcance de la población pobre e inmensa de este país”, expresó un internauta.
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Un usuario afirmó que en su localidad no existe ningún mercado de este tipo y describió la presencia de “mercado negro a pululu”. Agregó que la bodega de su barrio solo entrega ocasionalmente algunas libras de arroz y pan.
Quienes sí visitaron esos comercios tampoco identificaron cambios sustanciales frente a otros puntos de venta. “El punto de venta de la mipyme de la esquina tiene el mismo precio de la bodega que está en la otra esquina”, señaló un lector.
Otro usuario relató que había visto por televisión los valores de uno de esos mercados y escribió: “Morí viva con ellos. Igual que en los otros lugares”. Desde zonas de La Habana, Granma y Holguín llegaron además mensajes de personas que aseguraron no contar con esos establecimientos en sus comunidades.
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En Santiago de Cuba, una residente contó que intentó pagar mediante transferencia y le informaron que esa modalidad solo se aceptaba entre las 8:00 y las 9:00. Consideró que ese horario resulta incompatible con quienes trabajan.
Varios comentarios definieron el esquema como “una mipyme con otro nombre”, “bodega mipymeada”, “igual que cualquier mipyme” o “local para revender”. Un lector sostuvo que la prioridad no debería ser solo acercar comercios a los barrios, sino garantizar producción y precios que puedan pagar la mayoría de los habitantes.
Rebajas anunciadas y locales con escaso abastecimiento
En Boyeros, La Habana, las autoridades inauguraron un mercado de barrio con rebajas anunciadas de entre 10 % y 15 % en alimentos y productos de higiene. Poco después, un residente documentó que el establecimiento disponía de apenas cinco productos: arroz, azúcar, frijoles y sal, mientras buena parte de las áreas de venta permanecía vacía.
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En Contramaestre, Santiago de Cuba, otro local ofrecía arroz a 350 pesos, pollo a 750 pesos, huevos a 150 pesos por unidad, aceite a 2,000 pesos y leche en polvo a 4,000 pesos. Una de las reacciones resumió la percepción sobre el nuevo formato: “Acercaron las mipymes a la casa”.

Un profesor recurrió al sarcasmo al afirmar que con su salario podía comprar todos los productos del mes y aún le sobraba dinero. Luego aclaró: “Nótese el sarcasmo y la ironía”.
Otra persona, incluso desde una posición favorable al sistema, calificó la propuesta de “infuncional y utópica” mientras los precios de los alimentos continúen aumentando y los ingresos laborales no alcancen para garantizar la alimentación. La percepción de que el modelo no modifica el problema de fondo quedó condensada en otra pregunta: “¿Mercado de barrio? ¿O de barrio rico?”.
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La escasez en esos nuevos comercios coincide con el deterioro de la red tradicional de bodegas. A comienzos de octubre, una de ellas había recibido cigarros en agosto, frijoles en septiembre y ningún producto durante octubre.
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