
Blanca Emeria Pardo Rosero, una campesina de 72 años, murió el 29 de agosto de 2026, después de que una de sus hijas la encontrara inconsciente, desnuda y con graves lesiones. Los hechos tuvieron lugar en un terreno de su vivienda, ubicada en la vereda Plazuelas, en San Bernardo, Nariño.
La familia asegura que la mujer fue atacada y reclama a la justicia que se esclarezca quién fue responsable de las agresiones físicas y sexuales que, junto con la hipotermia, causaron su fallecimiento.
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Los familiares la encontraron en un estado preocupante después de que dejara de responder las llamadas que mantenía a diario con sus familiares. Su hija Jenny reconstruyó los últimos contactos que tuvo con su madre durante una conversación difundida por el pódcast Vamos pa’ eso, que fue publicada el 5 de octubre.
De acuerdo del relato, Pardo había dedicado su vida al trabajo rural y a la crianza de sus seis hijos, en gran medida sin el acompañamiento de una pareja. Vivía con una de sus hijas y dos nietos, elaboraba quesos y los llevaba a clientes de Pasto, además de visitar a familiares y vecinos de la zona.
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La última llamada y la búsqueda en el terreno
La familia mantenía comunicación constante con la mujer, especialmente después de dos accidentes ocurridos meses antes, pues en mayo se fracturó una muñeca tras caer cuando iba a alimentar unos patos y, unos 20 días después, una motocicleta la atropelló en Pasto y volvió a lesionarle la misma mano.
Pese a la recuperación, continuó trabajando en la casa y preparando quesos. Sus hijos contrataron a una mujer para ayudarla con las tareas domésticas, pero Pardo insistía en mantener su rutina y, según su hija, permanecer quieta no era una opción para ella.
La joven que vive en Bogotá solía visitar a su madre cada seis meses o una vez al año. El trayecto hasta San Bernardo podía durar 20 horas en chiva, el transporte colectivo que conecta distintas localidades de Nariño con la capital colombiana.
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El jueves anterior al hallazgo, Pardo no llamó a Jenny como acostumbraba hacerlo cada noche. El viernes se comunicó con el nieto, pero cuando su hija vio la llamada perdida ya era cerca de las 9:40 p. m. y decidió llamarla a la mañana siguiente.
El sábado, Jenny intentó contactarla desde las 08:40 a. m. y volvió a marcar varias veces durante el día, sin obtener respuesta. Su hermana sugirió inicialmente que podía haber dejado el teléfono guardado para que un nieto adolescente no lo tomara.
La inquietud aumentó cuando una hermana llamó al celular del esposo de Jenny para advertirle que algo había ocurrido. Al encender su teléfono, encontró 77 mensajes en el grupo familiar y un video grabado por la hija que halló a Pardo en el predio.
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La mujer había salido hacia el potrero después de las 08:00 a. m. con una ruana y un machete, según relató un vecino a la familia. Ante su ausencia, una de sus hijas comenzó a buscarla y la encontró con lesiones graves en el terreno de su propiedad.

Su familia reclama justicia
Pardo fue trasladada primero al puesto de salud de San Bernardo. Jenny relató que su hermana la vio con vida, pero desorientada, con frío intenso y sin poder explicar lo que había sucedido.
La familia describió lesiones en los brazos y la espalda, además de rasguños, mordiscos y señales de haber sido arrastrada. Personal médico examinó a la víctima y comunicó a los allegados que había sufrido abuso sexual, de acuerdo con el relato difundido por su hija en Vamos pa’ eso.
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La gravedad de su estado obligó a remitirla a un hospital de alta complejidad en Pasto. Jenny viajó desde Bogotá junto con otros familiares y dijo que encontró a su madre con múltiples marcas de agresión en el cuerpo.
“Mi mamá no murió, mi mamá la mataron”, expresó Jenny Pardo al recordar que su madre no alcanzó a identificar a quien la atacó. La familia afirma que esa imposibilidad de conocer lo ocurrido mantiene abierta una incertidumbre sobre lo que pudo haberle ocurrido.

La mujer era reconocida por sus hijos, vecinos y familiares como una persona activa, dedicada a la producción de alimentos y al cuidado de su familia. Jenny recordó que Pardo guardaba comida para sus nietos cuando regresaban del colegio y llevaba productos como quesos y yogures a sus parientes en Pasto.
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La última visita de Jenny había ocurrido poco antes de la muerte. La hija recordó que ayudó a su madre a subir sus cosas a un carro y que, antes de despedirse, recibió un abrazo y una frase que conserva como su último recuerdo: “Dios me la bendiga, mija”.
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