
Blanca Emeria Pardo Rosero, una campesina de 72 años, murió el 29 de agosto de 2026 después de que una de sus hijas la encontrara inconsciente, desnuda y con graves lesiones en un terreno de su vivienda, ubicada en la vereda Plazuelas, en San Bernardo, Nariño.
La familia llevó a la mujer al puesto de salud del municipio. Una de sus hijas aseguró que el personal médico se impactó por las condiciones en las que ingresó. “Hasta los enfermeros que atendieron a mi mamá lloraban en el estado en que la llevaron. Estaba muy golpeada”, relató la dama en diálogo con Noticias Caracol.
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Según su testimonio, una enfermera preguntó a la mujer que halló a Blanca Pardo cómo la encontró. “La encontré desnuda, estaba sin ropa”, respondió la familiar.
Tras una revisión, la hija sostuvo que el personal sanitario les informó que su madre había sido víctima de una agresión sexual. “Mi hermana dice que sale y le dice que mi mamá fue abusada sexualmente. Estaba lastimada”, afirmó.
Debido a la gravedad de las lesiones, el puesto de salud ordenó su traslado a Pasto. “No, a ella toca remitirla a Pasto”, recuerda la hija que les dijeron. Una de las familiares acompañó a Blanca Pardo en ambulancia hasta el Hospital San Pedro, donde, según el relato, recibió atención inicial.
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“Al ver el estado en que llegó, nos dicen que está muy grave. Nos dicen que está muy grave”, agregó.

Por su parte, su hija Jenny relató cómo la mujer perdió el contacto con sus familiares el caso en una conversación difundida el 5 de octubre por el pódcast Vamos pa’ eso.
La familia notó la ausencia de Blanca luego de que dejara de responder las llamadas que mantenía a diario con sus hijos. Una de sus hijas la encontró con lesiones graves en un potrero de su propiedad, después de iniciar una búsqueda ante su ausencia.
La última comunicación alertó a los hijos de Pardo
Pardo había dedicado su vida al trabajo rural y a la crianza de seis hijos. Vivía con una de sus hijas y dos nietos, elaboraba quesos para clientes de Pasto y mantenía contacto frecuente con vecinos y familiares.
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Meses antes, había sufrido dos accidentes: una caída le fracturó una muñeca cuando alimentaba patos y, unas semanas después, una motocicleta la atropelló en Pasto y volvió a lesionarle la mano. Sus hijos contrataron ayuda para las tareas domésticas, aunque ella insistía en conservar su rutina.

El jueves previo al hallazgo, la mujer no llamó a Jenny como acostumbraba cada noche. El viernes se comunicó con uno de sus nietos, pero su hija advirtió la llamada perdida cerca de las 9: 40 p. m. y decidió contactarla a la mañana siguiente.
El sábado, Jenny la llamó desde las 8:40 a. m. y repitió los intentos durante el día sin obtener respuesta. La preocupación aumentó cuando una hermana advirtió al esposo de Jenny que algo había pasado.
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Al revisar el teléfono, Jenny encontró 77 mensajes en el grupo familiar y un video que había grabado la hija que localizó a su madre.
La familia la encontró herida en un potrero
Un vecino dijo a los allegados que Pardo había salido después de las 8:00 a. m. con una ruana y un machete rumbo al potrero. Ante la falta de noticias, una de sus hijas recorrió el predio y la encontró gravemente herida.
La mujer fue llevada al puesto de salud de San Bernardo. Jenny contó que su hermana logró verla con vida, aunque estaba desorientada, sentía mucho frío y no alcanzó a explicar qué le había ocurrido.
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Los familiares describieron heridas en sus brazos y espalda, rasguños, mordiscos y señales de arrastre. Según el relato de Jenny en Vamos pa’ eso, el personal médico informó a los allegados que la víctima había sufrido abuso sexual.
El estado de salud obligó a trasladarla a un hospital de alta complejidad en Pasto. Jenny viajó desde Bogotá junto con otros integrantes de la familia y aseguró que vio múltiples marcas de agresión en el cuerpo de su madre.

Los allegados reclaman una investigación por la muerte
La familia sostiene que la hipotermia influyó en el desenlace, pero considera que las lesiones que presentaba Pardo revelan un ataque. La mujer no logró identificar a la persona que la habría agredido antes de morir.
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“Mi mamá no murió, mi mamá la mataron”, expresó Jenny Pardo en diálogo con el pódcast. La hija reclamó esclarecimiento sobre las circunstancias que rodearon la muerte de la campesina.
Jenny residía en Bogotá y visitaba a su madre cada seis meses o una vez al año. El trayecto hasta San Bernardo podía tardar 20 horas en chiva, el transporte colectivo que comunica varias localidades de Nariño con Pasto.
Durante su última visita, la hija ayudó a Pardo a subir sus pertenencias a un carro antes de despedirse. Ese encuentro terminó con un abrazo y una frase que conserva como su último recuerdo: “Dios me la bendiga, mija”.
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