Bogotá se rindió ante BTS: Una noche de gritos, lágrimas y 45.000 personas que esperaron años para verlos en vivo

Infobae Colombia vivió desde las tribunas de El Campín una noche que miles de ARMY habían anhelado y que finalmente se hizo realidad

Miles de ARMY llegaron al estadio para vivir una noche que habían esperado durante años - crédito Infobae Colombia

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Bogotá comenzó a cambiar mucho antes de que las luces del estadio El Campín se apagaran. Desde varias horas antes del concierto, los alrededores del escenario se llenaron de personas que caminaban con una misma dirección y con algo en común: llevaban años esperando ese momento.

BTS estaba por primera vez en Colombia y, desde el camino hacia el estadio, ya era posible entender que no se trataba de una noche cualquiera.

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La presencia de los fans se reconocía desde varias cuadras antes. Muchas jóvenes llegaron con outfits inspirados en las canciones y los álbumes de la banda surcoreana, con colores, brillos y prendas relacionadas con el estilo del K-pop. Algunas llevaban detalles en rojo y negro, otras habían preparado su ropa a partir de referencias a la agrupación y varias aprovechaban la espera para tomarse fotografías.

Pero entre ese colorido también aparecía una escena distinta. Padres que acompañaban a sus hijas compartían las filas con grupos de jóvenes y amigas que habían llegado juntas al concierto. Algunos esperaban tranquilamente mientras ellas hablaban de las canciones, revisaban sus teléfonos o buscaban el mejor momento para una selfie. La diferencia de edades no impedía que todos terminaran haciendo parte de la misma espera.

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La presencia de los fans se reconocía desde varias cuadras antes. Muchas jóvenes llegaron con outfits inspirados en las canciones y los álbumes de la banda surcoreana - crédito Infobae Colombia

Las filas para entrar a las diferentes tribunas eran largas y, durante ese tiempo, las Army –nombre del fandom– también compartían entre ellas algunos detalles que habían preparado para la ocasión. Manillas, fotografías, diseños y otros obsequios pasaban de una persona a otra. Todos eran gratuitos y estaban hechos con cuidado, desde la elección del diseño hasta la forma en que eran entregados. Era otra manera de llevarse un recuerdo del concierto, incluso antes de que comenzara.

Entre las personas que esperaban también había quienes no conocían demasiado de BTS, como nosotros, dos periodistas que estaban en el lugar y apenas sabíamos un par de canciones de la banda, pero bastaba con permanecer unos minutos entre el público para entender la dimensión de lo que estaba por suceder.

Las ARMY intercambiaron manillas, fotografías y otros regalos preparados para la ocasión - crédito Katherine Lancheros, Juan David Botia / Infobae Colombia
Las ARMY intercambiaron manillas, fotografías y otros regalos preparados para la ocasión - crédito Katherine Lancheros, Juan David Botia / Infobae Colombia

Las canciones sonaban, las personas hablaban de los integrantes y las Army repetían una frase que explicaba parte de la relación que tenían con la agrupación: “Ellos nos salvaron”.

BTS había conseguido que canciones en coreano y en inglés llegaran a personas de diferentes países y edades. Esa noche, además de los colombianos, había ecuatorianos, costarricenses, venezolanos, brasileños, mexicanos y asistentes de otras nacionalidades que viajaron hasta Bogotá para verlos.

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Cuando finalmente llegó la hora de entrar, otro elemento llamaba la atención: el escenario.

Quienes habían seguido a BTS durante años a través de una pantalla ahora tenían frente a ellos una estructura de 360 grados instalada en la mitad de El Campín. Había espacio para que el público pudiera ver a los siete integrantes desde diferentes sectores y grandes pantallas superiores que permitían seguir sus movimientos incluso desde los lugares más alejados.

El escenario también se movía. Subía y bajaba, cambiaba de posición y, en determinados momentos, producía un efecto parecido al de una ola, con diferentes partes elevándose mientras otras descendían. La estructura hacía parte de un espectáculo diseñado para que el público tuviera distintos puntos desde los cuales observar a la agrupación.

El concierto de BTS en El Campín contó con un escenario móvil de 360 grados que cambió de altura y posición en distintos momentos. La estructura permitió que los siete integrantes se acercaran a varios sectores del público - crédito Juan David Botia / Infobae Colombia

La espera terminó con un sonido asociado a Corea del Sur. Desde uno de los extremos del escenario apareció un hombre entre humo rojo y poco después llegaron los integrantes de BTS.

El Campín respondió con gritos

Cuando las luces se apagaron, las conversaciones desaparecieron entre los gritos y el escenario comenzó a iluminarse. BTS apareció con Hooligan, una de las canciones de ARIRANG, su quinto álbum de estudio, y desde los primeros minutos quedó claro que el público conocía cada movimiento. Después llegaron Aliens y Run BTS, y el estadio se convirtió en una mezcla de voces que cantaban, gritaban y seguían las coreografías desde las tribunas.

El primer acto continuó con canciones nuevas como They Don’t Know ’bout Us y Like Animals, que se fueron alternando con temas que las Army habían escuchado durante años. FAKE LOVE, por ejemplo, cambió nuevamente la energía del estadio, mientras SWIM llevó al público de regreso al material más reciente del grupo y todo el escenario se puso de azul, al mismo tiempo que las Army Bomb, el lightstick o bastón de luz oficial.

El primer VCR dio paso a una nueva parte del espectáculo. En el escenario aparecieron 2.0 y NORMAL, dos canciones que hicieron que el suelo del estadio se retumbara y después llegó Not Today. La reacción del público volvió a cambiar: las voces aumentaron y las tribunas acompañaron la canción con la misma energía con la que habían recibido los primeros temas de la noche.

A partir de ahí, el concierto comenzó a apoyarse también en canciones que forman parte de la historia de BTS. Bastó con que alguno pronunciara “Bogotá” para que las tribunas respondieran con gritos que se prolongaban durante varios segundos. Tres de los integrantes habían aprendido algunas palabras en español para dirigirse al público colombiano, y cada intento era celebrado. Cuando dijeron “parce” y “chimba”, la reacción fue inmediata y volvió a demostrar que la comunicación entre el escenario y las tribunas no dependía únicamente de las canciones.

V, uno de los integrantes de BTS, fue quien más se dirigió al público en español durante el concierto en El Campín. El cantante contó que aprendió algunas frases para poder comunicarse con las ARMY colombianas durante su paso por Bogotá - crédito Juan David Botia / Infobae Colombia

Mientras ellos hablaban, el público también encontraba la manera de responder. Desde distintos sectores aparecían carteles, banderas y mensajes preparados para la ocasión. Algunas personas gritaban “papacitos” y “mucha ropa”, mientras otras levantaban frases esperando que las cámaras las encontraran. Entre las canciones también aparecía uno de los cánticos que las Army habían preparado: “Se vive, se siente, Colombia está presente”.

V tomó el micrófono y cada frase en español provocó una nueva oleada de gritos en El Campín. “Estoy estudiando español”, dijo, antes de admitir que todavía no lo hablaba muy bien y preguntar al público si se le entendía.

Las Army Bomb iluminaron las tribunas de El Campín con los colores amarillo, azul y rojo durante el concierto de BTS en Bogotá. La coordinación de los lightsticks formó la bandera de Colombia ante la reacción de miles de asistentes - crédito Juan David Botia, Katherine Lancheros - Infobae Colombia

Las respuestas desde las tribunas fueron inmediatas, incluso cuando pidió ayuda para mejorar. El estadio elevó aún más el volumen cuando aseguró que estaba feliz de encontrarse con sus seguidores, describió Bogotá como “muy bacano” y ensayó una de las expresiones que más celebraron las Army: “Bogotá, qué chimba”. Antes de despedirse, prometió que en su próxima visita hablará mucho mejor español. “Los quiero mucho, Bogotá. ¡Nos vemos pronto!”, cerró, mientras los asistentes respondían con gritos que se extendieron por varios segundos.

Fue en ese momento cuando entendimos que estábamos haciendo parte de algo mucho más grande que un concierto. Desde afuera, quizás podía parecer difícil de explicar que miles de personas se reunieran para seguir las canciones, las coreografías y las historias de siete jóvenes. Pero allí, dentro de El Campín, esa explicación dejaba de ser necesaria. La energía que había en las tribunas era imposible de ignorar. Nadie quería desperdiciar un segundo de aquella noche y, mientras las canciones avanzaban, las lágrimas, los gritos y los coros parecían decir lo mismo: ellos también pertenecían a ese lugar. No estaban solos frente a un estadio lleno; tenían a miles de personas cantando con ellos, y eso se sintió en cada canción.

- crédito Infobae Colombia
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Después de Dynamite llegó uno de los momentos que más expectativa generaba entre quienes conocían la estructura del espectáculo: la canción sorpresa, que podía cambiar dependiendo de la ciudad y de la presentación. En Bogotá, la sorpresa terminó siendo doble.

Cuando comenzaron los primeros sonidos de I’m Fine, la reacción del estadio fue inmediata. El público reconoció la canción y los gritos acompañaron el comienzo de la presentación. Pero la noche todavía guardaba otra sorpresa. So What apareció después y volvió a cambiar la energía del lugar. Las dos canciones, que no hacían parte del setlist fijo, terminaron convirtiéndose en uno de los momentos más comentados de la presentación en Bogotá.

El escenario continuaba desplazándose por diferentes sectores de El Campín y los integrantes recorrían la estructura mientras las cámaras mostraban sus rostros en las pantallas. Para quienes llevaban años siguiendo a BTS desde lejos, verlos moverse por el estadio hacía que aquello que durante tanto tiempo habían visto en videos y fotografías adquiriera otra dimensión. Ya no se trataba de imaginar cómo sería un concierto del grupo en Colombia. Estaban allí.

Las cámaras del concierto enfocaron a los seguidores de BTS en distintos sectores de El Campín. Entre canciones, las pantallas mostraron rostros emocionados, carteles preparados para la ocasión, banderas y mensajes dirigidos a los siete integrantes - crédito Juan David Botia, Katherina Lancheros / Infobae Colombia

A esa altura de la noche, las emociones también comenzaban a hacerse visibles entre el público. Había personas llorando mientras cantaban, otras que gritaban cada vez que alguno de los integrantes aparecía en pantalla y algunas que simplemente permanecían mirando el escenario. Entre las filas de asientos se veían abrazos, teléfonos levantados y carteles que aparecían nuevamente entre una canción y otra.

Bogotá también formaba parte de la escena. Aunque cayeron algunas gotas durante el concierto, el clima no provocó interrupciones importantes y el espectáculo continuó entre las luces, la música y el frío de la ciudad. Más de 45.000 personas seguían cada movimiento del escenario mientras la presentación avanzaba hacia sus últimos minutos.

Después de la sorpresa, llegó el momento de volver al repertorio principal. El tramo final continuó con Please y Into the Sun, que acompañaron el cierre del espectáculo. Mientras sonaban los últimos temas, las tribunas parecían intentar aprovechar cada minuto antes de que las luces anunciaran que la noche estaba llegando a su fin.

El concierto de BTS terminó, pero las canciones, las lágrimas y los recuerdos acompañaron a las ARMY de regreso a casa - crédito Infobae Colombia

Entonces llegaron los juegos pirotécnicos

Después de más de dos horas de concierto, BTS había terminado su primera presentación en Colombia. En las tribunas, muchas personas lloraban. Para algunas todavía era difícil creer que realmente habían visto a los siete integrantes en Bogotá. Después de años de seguirlos detrás de una pantalla, el concierto había ocurrido frente a ellas y ahora llegaba el momento de abandonar El Campín.

Pero la noche todavía no terminaba.

Afuera, las personas seguían tomándose fotografías y cantando. Algunas hablaban de las canciones que acababan de escuchar, mientras otras mostraban los regalos que habían recibido durante la espera. Los grupos de amigos caminaban juntos y varias familias salían del estadio con sus hijas, todavía con los outfits intactos que habían preparado para la ocasión.

La congestión que había acompañado la llegada de los asistentes también apareció en la salida. Las calles alrededor de El Campín volvieron a llenarse y los desplazamientos fueron lentos por la cantidad de personas que intentaban regresar a sus casas. Sin embargo, esta vez las calles estaban llenas de quienes acababan de salir del concierto; entonces la energía parecía aumentar en lugar de disminuir ante sus voces con disfonía por los gritos en cada canción y en cada aparición de los cantantes.

Mientras avanzaban, muchas personas seguían hablando de lo que acababan de vivir, especialmente de esas canciones que no esperaban escuchar en Bogotá y que terminaron convirtiéndose en parte de la memoria de la presentación.

Después de más de dos horas de presentación en El Campín, BTS despidió su primera noche en Bogotá con un despliegue de fuegos pirotécnicos. Las tribunas acompañaron el final con gritos, luces y lágrimas - crédito Juan David Botia, Katherine Lancheros / Infobae Colombia

Para las Army que llegaron a Bogotá desde diferentes lugares, aquella noche había comenzado mucho antes de que BTS apareciera sobre el escenario. Había empezado en las filas, en los regalos entregados a desconocidos, en los outfits preparados para el concierto y en los años de espera que finalmente terminaron cuando los siete integrantes aparecieron frente a ellas.

Y cuando El Campín quedó atrás, todavía quedaba algo de aquella noche. Era apenas la segunda presentación de la banda surcoreana en Colombia, pero lo que ocurrió allí terminó siendo mucho más de lo que cualquiera que no conociera a BTS podía imaginar. Eso también nos pasó a nosotros. Llegamos para contar lo que ocurría dentro del estadio y terminamos viviendo una de las noches que más vamos a recordar.

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