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Según especialistas, estas son las consecuencias físicas y conductuales del uso excesivo de las redes sociales: “Estamos ante un desafío de salud pública”

La Asociación Colombiana de Informática Sistemas y Tecnología señala que el diseño de Instagram fomenta conductas adictivas en adolescentes y se asocia con el agravamiento de depresión, trastornos alimenticios y conductas autolesivas, especialmente entre quienes acceden a las redes sin control

Ilustración en acuarela: personas usando teléfonos y laptop, un brazo con torniquete conectado a un móvil. Múltiples burbujas de notificaciones de redes sociales y emojis flotan.
Una ilustración en acuarela representa la adicción a las redes sociales, mostrando personas que usan sus dispositivos digitales y un brazo conectado a un teléfono móvil como una infusión - crédito (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El uso global de redes sociales llegó a 5.660 millones de usuarios mensuales en 2026, lo que representa el 68,7% de la población mundial. Esta expansión masiva de las plataformas genera preocupación por su impacto en niños y adolescentes, especialmente por el consumo excesivo que muestra efectos físicos y conductuales.

En Colombia, el 62% de los menores accede a Internet sin supervisión adulta, lo que facilita la permanencia prolongada en entornos digitales. Según estudios realizados por la Fundación Colegio Oficial de la Psicología y la Asociación Colombiana de Informática Sistemas y Tecnología afines, cuatro de cada diez adolescentes que se quitaron la vida tenían presencia digital relacionada con ideas suicidas. El informe aclara que las redes sociales no son la única causa, pero destaca la necesidad de la intervención estatal.

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La psicóloga clínica Laura Pérez advierte sobre los efectos detectados: “El uso excesivo de las redes sociales puede generar repercusiones tanto físicas como comportamentales. A nivel físico, es frecuente encontrar alteraciones del sueño, fatiga visual, dolores de cabeza, molestias en el cuello y la espalda por el tiempo prolongado frente a las pantallas, además de una disminución de la actividad física”.

Ilustración en acuarela de un hombre conectado a un móvil, múltiples manos con teléfonos, burbujas de notificaciones, iconos de redes sociales y un cerebro con emociones.
Conectividad digital y emociones: influencia de las redes sociales en el individuo - crédito (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el plano conductual, se puede observar: “Dificultad para mantener la atención, disminución del rendimiento académico o laboral, irritabilidad cuando no se tiene acceso al celular, necesidad constante de revisar las redes, aislamiento de las relaciones presenciales y problemas para regular el tiempo de uso”.

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La profesional precisó el alcance de estos síntomas: “Estas manifestaciones pueden afectar el bienestar y el funcionamiento cotidiano, especialmente cuando el uso de las redes interfiere con otras áreas importantes de la vida”.

Impacto en menores de edad y entornos familiares

La médica general María Camila Preciado Celis advirtió que el uso excesivo de redes sociales y pantallas en menores puede afectar el desarrollo cerebral, el sueño, la atención y la salud mental desde la primera infancia. Planteó que se trata de un asunto de salud pública que requiere límites familiares, orientación médica y prevención temprana.

Preciado Celis subrayó el impacto sobre el descanso, ya que la luz de las pantallas altera la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño, lo que se asocia con irritabilidad, fatiga y bajo rendimiento escolar.

Enfatizó que el cerebro infantil necesita interacción real, juego activo y exploración del entorno. Señaló que el uso excesivo de pantallas “se ha asociado con menor capacidad de concentración, mayor impulsividad y dificultad para tolerar el aburrimiento”, debido a que los dispositivos ofrecen estímulos rápidos que dificultan sostener la atención en actividades como leer, estudiar o jugar sin tecnología.

Una mujer y un niño sentados usan una tableta y un teléfono inteligente; burbujas con iconos de "me gusta" y corazones de redes sociales los rodean.
Un niño y una mujer utilizan tabletas y teléfonos móviles mientras burbujas con iconos de redes sociales flotan a su alrededor, ilustrando el uso de pantallas digitales - crédito (Imagen Ilustrativa Infobae)

La médica destacó que el riesgo no está solo en el tiempo de uso, sino en lo que la tecnología desplaza durante etapas clave del desarrollo. Explicó que la infancia depende en gran medida del juego activo y la interacción directa con otras personas.

Preciado Celis vinculó el exceso de pantallas con dificultades en la atención, la motricidad y la regulación emocional. Detalló que la exposición prolongada puede afectar tanto funciones cognitivas como habilidades físicas, al reducir la interacción física con el entorno y el desarrollo del lenguaje. También mencionó una menor interacción social y mayor dificultad para gestionar la frustración.

Afirmó que la exposición temprana y excesiva a pantallas puede alterar el desarrollo infantil en varias dimensiones, advirtiendo que la tecnología, aunque presente en la vida cotidiana, no debe sustituir experiencias esenciales para el crecimiento.

Una persona con la cabeza abierta y el cerebro visible está conectada por un cable a un teléfono inteligente, rodeada de manos que sostienen celulares y burbujas de redes sociales.
Una ilustración en acuarela representa la saturación mental por el uso intensivo de redes sociales, mostrando una conexión directa entre el cerebro y los dispositivos móviles - crédito (Imagen Ilustrativa Infobae)

Preciado Celis citó estudios que relacionan el uso excesivo de pantallas con mayor riesgo de ansiedad, depresión, problemas de conducta y trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Presentó la sobreexposición digital como un factor que incide en el bienestar emocional y la conducta de los menores.

Como respaldo, mencionó la recomendación de la Organización Mundial de la Salud, que sugiere reducir al mínimo el tiempo de pantalla en niños pequeños y priorizar el juego activo para favorecer el desarrollo físico y cognitivo. Aclaró que el objetivo no es eliminar la tecnología, sino “encontrar un equilibrio, promover hábitos saludables, establecer límites claros y garantizar que las pantallas no sustituyan las experiencias esenciales para el desarrollo infantil”.

Finalmente, indicó que la prevención debe comenzar incluso antes del nacimiento, desde los controles prenatales y el primer control de salud del niño, orientando a las familias sobre la importancia del desarrollo infantil y los riesgos de una exposición sin límites. Resumió: “Más que un problema tecnológico, estamos ante un desafío de salud pública que requiere atención, orientación a las familias y un abordaje preventivo desde la práctica clínica”.

Tres niños, dos varones y una niña, utilizan una tableta, otra tableta y un teléfono inteligente. Íconos de redes sociales como corazones, pulgares y burbujas de texto flotan alrededor con números.
Tres niños interactúan con dispositivos digitales mientras iconos de redes sociales flotan a su alrededor en una ilustración de acuarela - crédito (Imagen Ilustrativa Infobae)

La definición de uso problemático de tecnologías de la información y la comunicación lo vincula con adicción, exposición a contenidos nocivos, tensiones familiares, aislamiento social y episodios de violencia entre hijos y padres.

Desde 2015, la cantidad de usuarios globales creció en casi 3.400 millones, con un promedio de 28 millones de nuevos usuarios por mes.

De acuerdo con las investigaciones mencionadas con anterioridad, en Colombia, el 51% de los padres desconfía de la capacidad de sus hijos para distinguir entre contenidos reales y materiales generados por inteligencia artificial.

El 87% afirma dialogar sobre los riesgos en línea, aunque el 37% reconoce que sus hijos usan dispositivos fuera de los horarios permitidos y el 12% acepta que compartieron información privada con extraños. Además, se suman amenazas como el ciberacoso y la manipulación por cuentas falsas o gestionadas con inteligencia artificial.

La Asociación Colombiana de Informática Sistemas y Tecnología señala que el diseño de Instagram fomenta conductas adictivas en adolescentes y se asocia con el agravamiento de la depresión, los trastornos alimenticios y las conductas autolesivas, especialmente entre quienes acceden a las redes sin control.

En junio de 2026, Facebook fue la plataforma más utilizada a nivel global con 75,24% de participación de mercado, seguida de YouTube (7,78%), Instagram (6,71%) y X – anteriormente Twitter (5,24%).

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