La comunicadora conoció la magnitud del desastre al encender su celular tras pasar varias horas incomunicada, momento en el que comenzó una angustiosa búsqueda para confirmar que sus familiares estuvieran a salvo - crédito suministrado a Infobae Colombia
Las labores de búsqueda continúan entre montañas de concreto, edificios reducidos a polvo y comunidades enteras marcadas por la incertidumbre. Los dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudieron el norte de Venezuela el miércoles 24 de junio han dejado, hasta el momento, al menos 920 personas fallecidas y 3,360 heridas, mientras otros cientos de familias permanecen aferradas a la esperanza de encontrar con vida a sus seres queridos bajo los escombros.
Los movimientos telúricos, separados por apenas 39 segundos, fueron catalogados por físicos, geólogos y expertos en sismología como un “doblete sísmico”, un fenómeno poco frecuente que golpeó con especial fuerza a Caracas y al estado de La Guaira. A medida que avanzan las labores de rescate, detrás de las cifras oficiales emergen cientos de historias de personas que hoy lloran a sus muertos, buscan desesperadamente a familiares desaparecidos o intentan reconstruir lo poco que quedó de sus hogares.
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Una de esas historias es la de Raily Igualguana, periodista venezolana con nacionalidad colombiana que reside en Bogotá y que, desde la distancia, vive una tragedia familiar que comenzó apenas unos días después de haber regresado de visitar a sus padres en Caracas.
En diálogo con Infobae Colombia, la comunicadora de 27 años recordó que migró a Colombia buscando oportunidades profesionales, aunque Venezuela seguía siendo el lugar donde permanecía gran parte de su familia. “Llegué a Bogotá hace un poco más de cuatro años. Soy venezolana, pero también tengo nacionalidad colombiana por mi abuelo, que nació en Salazar de Las Palmas, Norte de Santander. Decidí migrar no porque me faltara algo, sino porque las metas que tenía, como independizarme o crecer profesionalmente, ya no podía alcanzarlas en Venezuela“, señaló.
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Su historia familiar está dividida entre ambos países. Mientras sus familiares colombianos permanecen principalmente en Norte de Santander, sus padres y otros seres queridos continúan viviendo en Caracas, Maracaibo y el estado Cojedes.
La decisión de radicarse en Bogotá significó empezar desde cero, pues cuando llegó a la capital colombiana, vivió en una habitación y durante el tiempo que lleva en Colombia, se ha mudado unas cinco veces: "Como todo migrante, me ha tocado pasar por muchos trabajos, pero Bogotá me ha acogido muy bien. Hoy siento esta ciudad como mi casa, aunque toda mi familia cercana sigue viviendo en Venezuela”.
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Su viaje más reciente al país vecino terminó convirtiéndose en un recuerdo imposible de borrar. Había viajado el 30 de mayo para celebrar su cumpleaños número 27 junto a sus padres, algo que no ocurría desde que emigró. Permaneció allí poco más de dos semanas y regresó a Colombia el 16 de junio, apenas ocho días antes de la tragedia.
“Fui a pasar mi cumpleaños con mis papás porque desde que migré nunca había podido celebrarlo con ellos. Me duele muchísimo todo lo que pasó porque Caracas me vio nacer y La Guaira siempre ha sido un lugar muy especial para nosotros. Mis papás tenían un apartamento cerca de la playa, en Residencias Caribe, y cada vez que iba aprovechábamos para bajar“, indicó.
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La noche en que todo cambió
El miércoles de los dos terremotos, Raily pasó prácticamente todo el día incomunicada. El cargador de su teléfono se había dañado y únicamente había logrado avisarle a su madre, mediante WhatsApp Web, que estaría sin celular hasta la noche.
Después de terminar su jornada laboral, salió a cenar con un amigo que la había invitado para celebrar, con retraso, su cumpleaños. Fue entonces cuando todo cambió.
Su amigo llevaba un cargador portátil y, mientras esperaban la cuenta del restaurante, Raily decidió cargar el teléfono durante unos minutos. Cuando finalmente volvió a encender la pantalla, encontró un mensaje que jamás olvidará. “Lo primero que vi fue el mensaje de un amigo enfermero que vive cerca de mis papás. Me decía que había temblado, que el apartamento donde él estaba prácticamente había quedado destruido y que mis papás estaban bien. Al principio pensé que había sido un temblor fuerte, pero no imaginaba la magnitud de lo que estaba ocurriendo“, apuntó.
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Pero la tranquilidad duró muy poco. Intentó comunicarse inmediatamente con sus padres, pero no obtuvo respuesta. La falta de electricidad había dejado sin señal gran parte de Caracas.
Mientras esperaba noticias, comenzó a escribirles a sus primos, tías y amigos para confirmar que estuvieran a salvo. Con el paso de los minutos, las imágenes que aparecían en redes sociales y en algunos medios internacionales empezaban a revelar una realidad mucho más devastadora de la que imaginó. “Empecé a ver cómo se habían caído edificios completos, cómo estaba La Guaira y corrí a mi casa para seguir las noticias. Mis papás no respondían y yo no sabía qué estaba pasando. Les escribía a todos, pero que no había señal porque tampoco había electricidad”, contó a Infobae Colombia.
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Horas después llegó el mensaje que tanto esperaba. Era un audio enviado por su padre, y aunque confirmaba que toda la familia estaba con vida, había algo en su voz que le hizo comprender que la situación era mucho más grave de lo que cualquiera podía explicar por teléfono. “Mi papá me dijo que estaban bien, que permanecían con los vecinos en las escaleras porque seguían sintiendo réplicas y que no me preocupara. Eso me dio tranquilidad, pero su voz era completamente distinta. Él nunca se pone nervioso y, sin embargo, se escuchaba profundamente afectado. Ahí entendí que lo que estaban viviendo era realmente muy grave“, señaló.
Mientras seguía intentando localizar a familiares y amigos, Raily decidió encender el televisor para buscar más información. Sin embargo, asegura que la cobertura dentro de Venezuela era prácticamente inexistente durante las primeras horas posteriores al desastre: “Prendí los canales venezolanos y no estaban informando absolutamente nada. Pasaban películas, programas repetidos y contenidos que no tenían ninguna relación con lo que estaba ocurriendo. La información que encontré fue muy poca y principalmente provenía de medios internacionales. Ahí fue cuando empecé a dimensionar realmente la tragedia”.
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El apartamento familiar que quedó reducido a escombros
Aunque sus padres sobrevivieron a los terremotos, el edificio Residencias Caribe, donde tenían un apartamento adquirido hacía dos años en La Guaira, colapsó completamente y quedó reducido a escombros - crédito suministrado a Infobae Colombia
Mientras Raily seguía revisando imágenes y reportes sobre la emergencia, su padre la volvió a llamar. Esta vez, le hizo una petición específica: verificar qué había ocurrido con el edificio donde la familia tenía un apartamento en La Guaira. Ese inmueble había sido adquirido apenas dos años atrás, después de un largo esfuerzo económico, y se había convertido en el lugar al que acudían para descansar cuando visitaban la playa. Allí había estado ella misma durante el viaje que realizó a finales de mayo para celebrar su cumpleaños.
La respuesta apareció rápidamente en las imágenes que comenzaron a circular por internet. El edificio Residencias Caribe, ubicado detrás de la playa Los Cocos, había colapsado por completo. “Empecé a buscar información y comenzaron a aparecer noticias de que todos esos edificios se habían caído. Efectivamente, el edificio donde mis papás tenían el apartamento se desplomó por completo. Lo perdieron todo. Era un apartamento que habían comprado hace apenas dos años y que les costó muchísimo conseguir”.
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Aunque el inmueble quedó completamente destruido, la familia reconoce que pudo haber ocurrido una tragedia aún mayor.
Ese miércoles 24 de junio era día feriado en Venezuela, pues se conmemora la Batalla de Carabobo y el padre de Raily tenía previsto viajar a La Guaira para continuar con algunas remodelaciones del apartamento. Por razones que hoy consideran providenciales, decidió no hacerlo. “Gracias a Dios ese día no fue. Agradezco que haya tomado esa decisión y que mi familia cercana esté con vida. Sin embargo, los daños materiales también duelen. En Venezuela conseguir un apartamento, un carro o cualquier patrimonio implica años de esfuerzo y sacrificio”, sostuvo a este medio.
Un video suministrado por Raily a Infobae Colombia evidencia la magnitud de la destrucción. En las imágenes puede verse el lugar donde antes se levantaba Residencias Caribe convertido en una enorme montaña de concreto, hierro retorcido y escombros. No quedan estructuras reconocibles del edificio, mientras alrededor predominan el silencio y la desolación que dejaron los terremotos.
Cuando la tragedia tocó a su propia familia

Cuando la familia apenas intentaba asimilar la pérdida del apartamento, llegó otra noticia mucho más devastadora. Un primo de Raily, junto con su esposa y su hijo de ocho años, figuraban entre las personas desaparecidas.
La comunicadora comenzó inmediatamente a publicar sus fotografías en redes sociales con la esperanza de obtener información: “En ese momento me avisaron que un primo por parte de mi mamá estaba desaparecido junto con su esposa y su hijo. Empecé a publicar sus fotos en todas mis redes sociales y muchas personas comenzaron a escribirme. Amigos que conocían al niño, personas que habían estado cerca de la zona y familiares que intentaban reconstruir lo que había pasado“.
Los desaparecidos son Ramón Ortega, de 40 años; su esposa, Naikarina Muñoz, también de 40 años, y su hijo Mathias Ortega Muñoz, de 8. De acuerdo con la información recopilada por la familia, los tres se encontraban en Residencias Country Mar, en el sector de Tanaguarena, municipio de Caraballeda, estado La Guaira.
No vivían allí de manera permanente. Habían viajado para participar en las tradicionales festividades de San Juan y planeaban regresar esa misma noche a Caracas. Sin embargo, los terremotos cambiaron completamente sus planes.
Cuando otros familiares descendieron desde Caracas para buscarlos, encontraron un panorama devastador. “Cuando mi familia llegó a la zona vio que la camioneta de mi primo estaba completamente cubierta por los escombros. El edificio quedó hecho polvo. Ya no existe. Solo hay concreto y ruinas”.
“Decían que el olor a muerto era muy fuerte”

Las imágenes que encontró la familia durante la búsqueda siguen marcando cada conversación con Raily, quien relata que aquellos que lograron ingresar a Tanaguarena describieron escenas de destrucción absoluta, con edificios derrumbados y cuerpos en distintos puntos del sector: “Mi familia me contó que las imágenes eran completamente devastadoras. Había muertos en las calles y el olor a muerto que emanaba La Guaira era muy fuerte. En ese momento intentaron hacer todo lo posible, pero sin maquinaria pesada era imposible mover los escombros. Hasta entonces no había llegado la ayuda necesaria para trabajar en esa zona”, indicó.
Y agregó: “No sabemos si mis primos siguen con vida. Tampoco sabemos qué pasó con muchos vecinos. Hay un silencio absoluto. Las personas que al principio lograban hablar con sus familiares dejaron de responder y nosotros seguimos esperando cualquier noticia“.
Uno de los momentos más difíciles ocurrió cuando el padre de Ramón Ortega, su tío, decidió permanecer durante toda la noche entre los escombros, mientras el resto de la familia regresó a Caracas ante la falta de herramientas para continuar la búsqueda, él se negó a abandonar el lugar.
“Mi tío se bajó del carro y dijo que no se iba sin encontrar a su hijo. Decidió quedarse toda la noche buscándolo. Yo, desde Bogotá, solo podía seguir moviendo contactos, llamando amigos y tratando de conseguir ayuda".
Desde Colombia, Raily ha convertido sus redes sociales en una herramienta para difundir información sobre sus familiares desaparecidos.
Entre las publicaciones que ha compartido se encuentra un cartel con las fotografías de sus familiares, en el que se indica que permanecen desaparecidos desde el 24 de junio; se solicita que cualquier persona con información se comunique con Diana de Muñoz, al número +58 414 206 7415, e insiste en que “cualquier información, por pequeña que sea, puede ser clave para encontrarlos”.
Mientras tanto, según indicó la mujer, civiles continúan organizándose para remover escombros con herramientas básicas ante la insuficiencia de maquinaria pesada.
“Los mismos ciudadanos están formando grupos para mover escombros. Muchos amigos míos bajaron para ayudar, pero son más de cincuenta edificios colapsados y no se dan abasto. Llegó ayuda internacional, pero necesitamos mucha más maquinaria, cascos, palas, picos y personal de salud para poder encontrar a quienes siguen desaparecidos”, señaló a este medio.
La impotencia de vivir la tragedia desde otro país

Para Raily, la distancia ha hecho aún más difícil afrontar lo ocurrido. Reconoce que, como muchos migrantes venezolanos, ha sentido impotencia e incluso culpa por no poder estar junto a su familia en medio de la emergencia: “Estos días han sido muy duros. Han sido noches sin dormir y con un sentimiento permanente de culpa por no estar allá. Uno piensa qué habría podido hacer o cómo podría ayudar. Aun así, seguimos con la fe intacta. Creemos que todavía hay personas con vida y por eso no podemos dejar de buscarlas.”
Hasta el momento de la entrevista con Infobae Colombia, la comunicadora aseguró que ninguna organización colombiana la había contactado para apoyar la búsqueda de sus familiares. Sin embargo, decidió canalizar su ayuda organizando una campaña de recolección de donaciones desde la empresa donde trabaja.
“Tenemos la esperanza de que, si no quedaron bajo los escombros, hayan logrado llegar a Naiguatá, que sigue incomunicada. Yo estoy gestionando una recolección de insumos, especialmente ropa para bebés y niños. Lo que más se necesita ahora son camiones para transportar toda la ayuda que está llegando”, mencionó Raily.
Mientras las cifras de víctimas continúan aumentando y las labores de rescate avanzan lentamente entre edificios destruidos, Raily Igualguana mantiene la mirada puesta en un único objetivo: volver a tener noticias de su primo Ramón Ortega, su esposa y el pequeño Mathias. Desde Bogotá sigue respondiendo llamadas, compartiendo publicaciones, coordinando ayudas y esperando que alguien aporte una pista que permita encontrarlos.
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