Según la Universidad de Oxford, cuatro ciudades colombianas presentan riesgo crítico de sufrir olas de calor extremo

Esta amenaza no solo depende de la temperatura, sino también de la desigualdad, la infraestructura y la vulnerabilidad social

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Pintura en acuarela de una calle concurrida de la ciudad bajo el sol, con edificios a los lados, árboles y personas usando sombrillas, y dos termómetros al aire libre.
La desigualdad social y la falta de áreas verdes agravan el impacto del calor en las ciudades colombianas, sobre todo en zonas periféricas - crédito (Imagen Ilustrativa Infobae)

El reciente informe de la Universidad de Oxford ha situado a Barranquilla en el puesto 11 global entre las ciudades más expuestas al riesgo por olas de calor, lo que convierte a esta urbe en la más vulnerable de Colombia y de toda América Latina en este aspecto. Cali, Bogotá y Medellín también aparecen en la clasificación, en posiciones menos críticas pero igualmente preocupantes para el contexto nacional.

La investigación, publicada en la revista Sustainable Cities and Society, evaluó 205 ciudades con más de un millón de habitantes, integrando no solo mediciones de temperatura, sino también vulnerabilidad social, económica y demográfica. Según el estudio, el riesgo real por calor aumenta de forma considerable cuando se combina con pobreza, infraestructura débil y envejecimiento poblacional.

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El ranking global está encabezado por Al Basrah, en Irak, pero América Latina cuenta con 28 ciudades incluidas. Tras Barranquilla, figuran Port-au-Prince, Manaus, Guayaquil, Lima y otras urbes de México, Brasil, Ecuador, Perú, Venezuela y Argentina, lo que muestra que la región enfrenta un desafío transversal.

Barranquilla ocupa el puesto 11 global entre las ciudades más expuestas al riesgo por olas de calor, según la Universidad de Oxford - crédito Alcaldía de Barranquilla
Barranquilla ocupa el puesto 11 global entre las ciudades más expuestas al riesgo por olas de calor, según la Universidad de Oxford - crédito Alcaldía de Barranquilla

Según el equipo de Oxford, el impacto del calor extremo no se distribuye de manera uniforme. En muchas grandes ciudades, la alta vulnerabilidad y la limitada capacidad de respuesta agravan la amenaza. De hecho, más del 95% de las urbes con riesgo crítico están localizadas en el sur y sudeste de Asia o en África subsahariana, aunque América Latina se consolida como una zona de creciente preocupación.

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Para Colombia, el mapa marca diferencias notables: Barranquilla lidera la exposición, seguida por Cali (puesto 54), Bogotá (116) y Medellín (172). Aunque esta última ocupa el lugar menos riesgoso entre las colombianas analizadas, el informe advierte que ninguna ciudad está exenta de las consecuencias del calentamiento global.

Factores que agravan la vulnerabilidad en Colombia y Latinoamérica

El análisis de la asociación civil Periodistas por el Planeta (PxP) destaca que la desigualdad socioeconómica es el principal determinante para que el calor cause daños más graves en América Latina. Un hogar pobre puede adquirir un ventilador o un aire acondicionado, pero raramente puede costear su uso diario debido a la inflación energética y las tarifas de electricidad elevadas.

Las familias colombianas más pobres enfrentan mayores dificultades para protegerse del calor extremo por los altos costos de la electricidad - crédito Alcaldía de Cali
Las familias colombianas más pobres enfrentan mayores dificultades para protegerse del calor extremo por los altos costos de la electricidad - crédito Alcaldía de Cali

La composición demográfica también juega un papel clave: el aumento de niños menores de cuatro años y adultos mayores de 65 incrementa la vulnerabilidad, ya que ambos grupos requieren atención reforzada durante emergencias térmicas. La infraestructura hospitalaria y habitacional en muchas ciudades no está preparada para este tipo de crisis.

Además, la segregación urbana profundiza el problema. PxP señala que las zonas ricas, con árboles y parques, contrastan con las periferias de asfalto y cemento, donde el efecto de isla de calor es mucho más intenso y el riesgo de mortalidad aumenta para las clases empobrecidas.

Modelos de adaptación y experiencias exitosas en Colombia

El propio estudio de Oxford identifica iniciativas locales que han marcado la diferencia. En Bogotá, la modernización del transporte público mediante flotas de buses y taxis eléctricos, junto con el sistema integrado de movilidad, ha reducido emisiones y mejorado la calidad del aire. En Medellín, el sistema de escaleras eléctricas y metrocables en las comunas ha facilitado el acceso de comunidades vulnerables y ha contribuido a disminuir la huella de carbono.

Bogotá y Medellín destacan por sus iniciativas de transporte público sostenible y accesible, consideradas modelos de adaptación climática - crédito Alcaldía de Barranquilla
Bogotá y Medellín destacan por sus iniciativas de transporte público sostenible y accesible, consideradas modelos de adaptación climática - crédito Alcaldía de Barranquilla

Para las ciudades colombianas, el informe recomienda fomentar la reforestación urbana, especialmente en las periferias, y promover el diseño bioclimático en la construcción para reducir la dependencia de sistemas de enfriamiento artificial.

El Niño: alerta máxima de calor y sequía para Colombia, según el Ideam

El panorama se vuelve aún más complejo con las proyecciones del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), que advierte sobre un fenómeno de El Niño de magnitud “muy fuerte” para el segundo semestre de 2026 y el primer trimestre de 2027. Las probabilidades de que la anomalía térmica supere los 2,0°C en el Pacífico central y oriental alcanzan el 63%.

El Ideam señala que esta situación provocará temperaturas por encima de lo normal en las regiones Pacífica, Andina y Caribe. El aumento del calor intensificará la evapotranspiración y la demanda hídrica, con riesgo de estrés en los ecosistemas, disminución de caudales en ríos y quebradas, descenso de niveles en embalses y reservorios, y amenazas para el suministro de agua potable, el sector agropecuario y la generación eléctrica.

Además, el riesgo de incendios de cobertura vegetal crecerá, al igual que el deterioro de la calidad del aire y las afectaciones a la productividad agrícola y pecuaria.

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