
Un nuevo caso judicial sacude al mundo del fútbol, por cuenta del entramada criminal en el que se vio involucrado el exfutbolista paraguayo Víctor Hugo Centurión Miranda, recordado en Colombia por su paso como arquero del Deportivo Cali.
Luego de pasar la temporada 2011-2012 en el rentado nacional, el hoy detenido se entregó a las autoridades de su país de origen, por cuenta de la búsqueda que le venía haciendo la Policía guaraní, y como parte de la segunda fase de una operación (Nexus II) para desarticular una red criminal internacional dedicada al narcotráfico.
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Por tal motivo, la tarde del viernes 20 de febrero de 2028 se confirmó de acuerdo a información de medios locales que la fiscala Ingrid Cubilla imputó a la empresa delincuencial presuntamente dedicada al tráfico internacional de estupefacientes, asociación criminal y comercialización ilegal.
Según las investigaciones, el grupo formaba parte de una estructura con vínculos directos con Bolivia, Perú y Colombia, países productores de cocaína, y contaba con un esquema para facilitar el ingreso y comercialización de la droga en Paraguay.
En consecuencia, la Fiscalía sostiene que la organización logró desarrollar una red de lavado de dinero mediante comercios locales, ocultando activos ilícitos y asegurando así su operatoria transnacional.
Uno de los ejes principales de la acusación apunta a la manipulación de negocios comerciales y personales para legitimar el dinero obtenido por el narcotráfico, señaló el diario ABC.

Los capturados junto al exfutbolista paraguayo del Deportivo Cali, Víctor Hugo Centurión
Los implicados utilizaron empresas como Baratote Modas, administrada por Cindy Ruth Peralta Alderete, y las firmas Ferretería Santa Lucia Renacer y ER Electrónica Renacer, que supuestamente gestionaba Álvaro Enrique Cáceres Cabrera, con el fin de canalizar fondos irregulares hacia el sistema legal.
Además, la vinculación de notorios personajes, como el exarquero Víctor Hugo Centurión Miranda, alias Centu, la pesquisa fiscal reseñó a Alexis Vidal González Zárate, alias Pelado, como el líder operativo de la organización.
“Pelado” permanece detenido en la Penitenciaría Regional de Emboscada tras su procesamiento en el caso A Ultranza (una gigantesca operación antidrogas llevada a cabo en 2022), habría coordinado, dirigido y controlado las actividades ilícitas desde prisión, aprovechando la colaboración cercana de Luis Miguel Molinas Brítez, alias Moli, hombre de confianza y responsable central de la comercialización, la recaudación y el financiamiento de operaciones logísticas.
El seguimiento judicial revela que González Zárate negociaba directamente con proveedores tanto nacionales como de países vecinos, reforzando la verticalidad y eficacia de la estructura delictiva.
Entre los imputados también figuran Dionisio Manuel Cáceres Cabrera, encargado de coordinar compras y logística, junto con su pareja Cindy Peralta, y el exarquero Centurión, señalado por facilitar el acceso a aeronaves y suministros a través de contactos personales derivados de su carrera futbolística.
Uno de los procesados, Julián Franco, alias Jaguapire, privado de libertad y prófugo, habría oficiado de intermediario para la adquisición de cocaína, percibiendo utilidades y gestionando la venta inmediata dentro de recintos penitenciarios.

‘Modus operandi’ y roles
La estructura criminal operaba de forma segmentada y jerárquica, con una clara división de funciones para cada integrante.
Según la imputación fiscal, Alexis González ostentaba el rango más alto, desde donde articulaba conexiones tanto con proveedores internacionales como con referentes locales para la adquisición y distribución de droga.
El entramado contaba con operadores como Dionisio Cáceres, sindicado como “intermediario” entre quienes manejaban la organización desde el encierro y los que actuaban en libertad.
Su labor incluía la coordinación logística en recepción, transporte y ventas, sumando la cooperación de su hermano Álvaro en la gestión de los comercios mencionados.
Las evidencias recogidas por la Fiscalía explican que Luis Molinas, además de ser el rostro visible en la comercialización, se ocupaba de gestionar fondos, asistir a reuniones estratégicas con otras facciones y financiar instalaciones utilizadas como pistas aéreas, lo que permitía expandir las operaciones y diversificar el flujo de ingresos.
Qué hacía el exfutbolista del Deportivo Cali en la red narco: de arquero a “secretario”
En el caso de Centurión, su aporte no solo se limitaba al suministro de aeronaves y elementos afines, también al aprovechamiento de relaciones forjadas durante su trayectoria deportiva, estableciendo enlaces que facilitaran el movimiento internacional de divisas y el intercambio de sustancias con otros grupos.
El exarquero de Olimpia (uno de los clubes más importantes de Paraguay) será trasladado a la Penitenciaría Nacional de Tacumbú tras vincularse su nombre a la red de narcotráfico liderada por el fugitivo Sebastián Marset, según la investigación que lo sitúa como pieza clave en la logística de la banda, añadió el mismo diario local.
Autoridades acusan a Centurión, de 39 años, de haber facilitado recursos y contactos para el tráfico internacional de drogas, gestionando medios de transporte y estableciendo vínculos entre proveedores, basándose en grabaciones telefónicas de los años 2022, 2023 y 2024.
La orden de prisión preventiva fue dictada por el juez de Crimen Organizado de Asunción, Osmar David Legal Troche. El martes (17 de febrero de 2026) se habían realizado varios allanamientos en propiedades de Centurión y su familia en Yataity del Norte y Mariano Roque Alonso, marcando la segunda fase de la operación Nexus, dirigida a desmantelar estructuras asociadas al tráfico ilegal de estupefacientes en Paraguay.
Centurión se presentó en la sede de la Fiscalía de Narcotráfico de Asunción, donde fue detenido por policías de la División de Inteligencia Antidrogas.
Durante la audiencia indagatoria, el exarquero del Deportivo Cali prefirió abstenerse de declarar frente a la fiscal Cubilla Villamayor.

Según la imputación, utilizaba su fama como exjugador profesional para establecer relaciones y negociar cargamentos, llegando incluso a obsequiar camisetas usadas como estrategia para ganarse la confianza de eventuales proveedores.
Adicional a lo anterior, las autoridades guaraníes detallaron en el documento que Centurión habría desempeñado tareas logísticas cruciales dentro del grupo, como la obtención de aeronaves, combustible de aviación y repuestos, valiéndose de contactos en el sector.
La investigación revela de paso que, más allá de su función operativa, también actuaba como intermediario con otros grupos criminales, participaba en esquemas internacionales de movimiento de divisas y negociaba pagos por envíos de cocaína.
La estructura de la organización tenía como jefe directo de Centurión al prófugo Dionisio Manuel Cáceres Cabrera, exgerente deportivo del club Rubio Ñu, y que a su vez respondía ante Alexis Vidal González Zárate y al buscado narcotraficante Sebastián Marset.
La presencia de aviones usados para transportar cocaína fue documentada por vecinos el 9 de agosto de 2025 en una pista clandestina de la colonia Piraretá, municipio de Valenzuela, departamento de Cordillera.
La investigación apunta a que tales actividades estaban coordinadas directamente por la red en la que participaba Centurión, reforzando su rol dentro del engranaje criminal.

Logística, lavado de dinero y narcotráfico, lo que dejó la primera fase de la operación
La red estructuró su logística priorizando sitios de la capital paraguaya de alta influencia, concentrándose en Barrio Obrero y Santa Ana como centros de acopio, ocultamiento y posterior distribución progresiva de grandes volúmenes de droga hacia otras redes delictivas.
De acuerdo con las pesquisas, los vínculos entre operadores locales y colaboradores internos en penales permitieron a la estructura mantenerse operativa más allá de las detenciones.
El primer detenido en la operación, Diego David Giménez Arámbulo, cumplía funciones esenciales en el recibimiento, transporte, ocultamiento y venta de estupefacientes, bajo la dirección de Luis Alberto Paiva Gutiérrez, alias Mariachi, también privado de libertad en la cárcel de Cereso de Cambyretã y conectado a González.
Giménez Arámbulo fue identificado por su intervención en entregas fallidas y transferencias de dinero, actuando bajo órdenes directas de superiores y manteniendo comunicación con intermediarios como Emmanuel González, alias Broli, “secretario” del objetivo Manuel Cáceres.
Estas acciones se complementaron con nuevas detenciones, bloqueos y secuestros de bienes ordenados por la Justicia, a la vez que se refuerzan las hipótesis de una línea de mando interna y ramificada, extendida desde centros penitenciarios y apoyada por fachadas comerciales legítimas.
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