
“Vamos a conocer una de las propiedades abandonadas del Cartel de Cali”, anunció la influencer colombiana Valeria Plaza en uno de los videos que dejó a comienzos de febrero de 2026 con un recorrido que dejó por la millonaria propiedad de un viejo conocido de las autoridades: uno de los duros del Cartel de Cali.
La joven, conocida en redes como @deviajevale, llevó a sus seguidores hasta una finca situada a orillas del lago Calima (departamento de Valle del Cauca), un escenario cargado de historia y huellas del narcotráfico en Colombia.
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La visita forma parte de los viajes que Plaza documenta en sus plataformas, donde explora destinos poco convencionales y revela detalles de lugares marcados por el pasado criminal del país.
En esta ocasión, la atención se centró en la que fuera residencia de Hélmer Herrera Buitrago, más conocido con el alias de Pacho Herrera, y uno de los miembros más notorios del Cartel de Cali.
La propiedad se ubica entre los municipios de Calima El Darién y Restrepo, y como quedó registrado en el video, al adentrarse en la propiedad, Plaza describió el primer piso, donde la naturaleza ha comenzado a reclamar su espacio entre paredes y corredores.
“Aquí podíamos notar que esta era la sala, había una chimenea”, relató la influencer de viajes mientras mostraba el deterioro visible en cada rincón.
La creadora de contenido también señaló que la finca ha recibido visitas de personas que, motivadas por las leyendas sobre el narcotráfico, han intentado encontrar caletas ocultas por antiguos miembros del Cartel de Cali.
“Buscar caletas, miren, aquí hay huecos que se han destapado”, comentó al mostrar cavidades abiertas en el suelo y las paredes.
El recorrido también incluyó una mirada a las estructuras exteriores.
“Por acá vamos a ver las rocas. La naturaleza te ha hecho los ojos. Nada aquí era casualidad”, explicó Plaza para referirse a cómo cada elemento arquitectónico tenía un propósito pensado hasta el más mínimo detalle.
Según la influencer, la finca estaba diseñada para que cada estructura funcionara de manera independiente, aunque todas permanecieran bajo un mismo control central.
Uno de los puntos más llamativos del lugar era su infraestructura para el transporte clandestino. La propiedad contaba con un helipuerto, lo que permitía movimientos rápidos y discretos, lejos de miradas curiosas.
Esta característica, resaltó la influencer, habla de la magnitud de las operaciones que allí se planearon y ejecutaron en tiempos de auge del cartel, y la cantidad de droga y dinero que se movieron
Al subir al segundo piso, Plaza no ocultó su asombro por el panorama: “Lo que más me gustaba del lugar era la vista que tenía hacia el lago”, afirmó, mientras detallaba la distribución de las habitaciones y los espacios que alguna vez estuvieron llenos de lujos.
Hoy solo quedan ruinas y vestigios de lo que fue una mansión opulenta. “Ya no queda casi nada de la propiedad”, lamentó la creadora de contenido.

La finca de ‘Pacho Herrera’ en el lago Calima: perteneció al Cartel de Cali
Entre las curiosidades que Plaza compartió con sus seguidores, destacó la magnitud del complejo.
Según las hipótesis que ha consultado, la propiedad estaría valuada en más de tres billones de pesos colombianos.
Además, explicó un dato poco conocido: “De esta casa hay dieciséis: ocho por la parte delantera y ocho por la parte trasera”, revelando la escala del recinto en tiempos de bonanza.
La influencer aprovechó la ocasión para repasar la historia de “Pacho Herrera”, conocido como “el Arquitecto” dentro del mundo del narcotráfico por su habilidad para diseñar y ejecutar movimientos estratégicos.
“Le decían el Arquitecto porque era muy fútil en los movimientos que solía hacer. También le decían que era empresario de día y narcotraficante de noche”, relató Plaza, utilizando parte del folclore que rodea la figura del capo.
Ella destacó además que Herrera fue de los pocos miembros del Cartel de Cali que se entregó voluntariamente a las autoridades.
Herrera, cuyo nombre quedó grabado en la memoria criminal del país, falleció en la cárcel de Palmira.

El ocaso de ‘Pacho Herrera’
La trágica muerte de Helmer “Pacho” Herrera, uno de los principales líderes del Cartel de Cali, marcó el fin de una era en el narcotráfico colombiano tras décadas de guerra soterrada con el Cartel de Medellín y, en particular, con Pablo Escobar.
Herrera forjó una fortuna como lavador de dólares y narcotraficante, y murió a los 48 años luego de ser abatido por siete disparos en un campo de fútbol dentro de la Cárcel de Palmira, luego de que un sicario burlara la seguridad e ingresara al penal con una pistola.
Su asesinato, el 6 de noviembre de 1998, fue atribuido a una venganza del Cartel del Norte del Valle y cerró las cuentas pendientes de uno de los criminales más astutos y enigmáticos del país.
El coordinador de urgencias, Gustavo Paredes, detalló que Herrera llegó al Hospital San Vicente de Paul con graves lesiones: tenía contusiones en el brazo derecho, trauma cerrado en el tórax, heridas faciales y una lesión de tres centímetros en la cabeza.
El atacante, Rafael Ángel Uribe Serna, sobrevivió a la paliza de los internos tras perpetrar el crimen y fue retirado por un comando policial.
Aunque Uribe Serna afirmó durante la indagatoria ante la Fiscalía que Herrera lo amenazó y lo presionó para asesinar a Víctor Carranza, las autoridades establecieron posteriormente que el móvil real respondió a una represalia por el atentado ordenado por Herrera en 1996 contra el cabecilla del Cartel del Norte del Valle, Wilber Varela.

El narco gay que jamás tapó su homosexualidad en un mundo de capos
Respecto a su vida personal, Pacho Herrera nunca ocultó su homosexualidad, algo singular en el entorno hipermasculino del narcotráfico.
Era conocido por su elegancia, su porte corpulento y su predilección por el fútbol, aunque prefería observar a los jugadores antes que participar activamente en el deporte.
Nació el 24 de agosto de 1951 en Palmira, en el Valle del Cauca, y si bien existían rumores sobre su paternidad vinculada a Benjamín Herrera Zuleta, “el Papa Negro de la Cocaína”, jamás hubo confirmación.
Su incursión criminal comenzó temprano, como traficante de esmeraldas y joyas.
Luego se mudó a Estados Unidos a los 22 años, donde trabajó como mecánico industrial para Nemac Corporation en Nueva York.
Durante una indagatoria ante la Fiscalía, reseñó un artículo de la revista Semana, Herrera relató: “En ese entonces el trabajo que se hacía era para los aviones de guerra del gobierno. Como yo era mecánico industrial y logré sacar el Social Security, comencé a trabajar legalmente”.
“Pacho Herrera” permaneció cuatro años en esa labor, complementando sus ingresos con el comercio de calculadoras y relojes que enviaba a Colombia a precios elevados.
Fue su hermano Ramiro quien le introdujo en el mundo del lavado de dólares, método con el que llegó a ingresar cerca de USD 100 millones en solo cinco años, ocultando el dinero en electrodomésticos y maletas de doble fondo.
Frente a lo anterior, Herrera confesó ante el mismo ente investigador: “Los dólares que traía de Estados Unidos eran del narcotráfico y también de algunos industriales, ya que por la situación cambiaria que había en ese tiempo no era posible que ellos los trajeran legalmente. Pero la mayoría de los dólares que yo traía eran de personas que trabajaban en actividades ilícitas”.

Así amasó su fortuna el narco ‘Pacho Herrera’: el papel del Cartel de Cali
Esto lo llevó a asociarse con Hugo Hernán Valencia Fierro y a ingresar a Estados Unidos unos 35 kilos de cocaína en su primera incursión en el contrabando de estupefacientes.
El paso definitivo fue su alianza con los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, fundadores del Cartel de Cali, con quienes organizó el envío de cocaína hacia Norteamérica y, posteriormente, a través de rutas mexicanas.
Su experiencia en el lavado de dinero lo posicionó como el tercero en jerarquía dentro del cartel y lo enfrentó abiertamente con Pablo Escobar.
La relación con Escobar fue marcada por el odio y los intentos de eliminación mutua. Los hermanos Orejuela pidieron a Helmer que adoptara el alias “Pacho” para despistar las intercepciones telefónicas.
La guerra entre los carteles de Medellín y Cali: la relación entre Pablo Escobar y “Pacho Herrera”
Escobar, según lo declarado por el propio Herrera en la Fiscalía, utilizó su nombre y dirección real para enviar cargamentos de cocaína y tenderle trampas.
“En 1989 envió una maleta con 20 kilos de cocaína al exterior y le puso en el rótulo del envío mi nombre y el teléfono de donde yo residía en esa época. Esa misma semana envió otra igual a Londres. Escobar decía que de cualquier manera debía perjudicarme y por eso trató en varias ocasiones de hacerme montaje”, señaló el narco vallecaucano en ese entonces a la Fiscalía.

Esta confrontación alcanzó uno de sus momentos más violentos en 1990, en la hacienda Los Cocos, al suroriente de Cali. En pleno festejo de los capos del Cartel de Cali, un comando armado de 20 hombres del cartel rival asaltó la propiedad con armas automáticas, y mataron a 18 personas e hirieron a cuatro más, pero sin lograr su principal objetivo: eliminar a los líderes de Cali.
Este ataque fue una represalia al carro bomba que el Cartel de Cali había colocado en el edificio Mónaco de Medellín, donde vivía Escobar con su familia. La guerra entre los dos carteles quedó inscrita entre los episodios más sangrientos de la historia criminal del país.
Tras 16 meses de persecución, Herrera se entregó en 1996 ante el general Rosso José Serrano.
Luego, fFue juzgado y condenado solo por los delitos de narcotráfico, enriquecimiento ilícito, concierto para delinquir y lavado de dólares, recibiendo una pena de catorce años de prisión y una multa de más de USD 435.154
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