
En los muelles y canales del Caribe colombiano ya circula un combustible distinto al habitual. No se trata de un cambio drástico en apariencia, pero sí en impacto ambiental. Desde la Refinería de Cartagena, Ecopetrol comenzó a despachar diésel marino con un 2% de biodiésel, marcando un paso más en su ruta hacia la transición energética.
El movimiento no es menor. En promedio, la petrolera está distribuyendo unos 10.500 barriles diarios para abastecer el transporte marítimo y fluvial de la región. La fórmula combina diésel convencional, aceite vegetal y un aditivo especial que optimiza el rendimiento de los motores. Más allá de lo técnico, la mezcla permitirá recortar alrededor de 27.000 toneladas de CO₂e fósil cada año. Según cálculos de la empresa, esa reducción equivale a evitar la deforestación de 153 hectáreas de bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más amenazados del país.
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“Con este lanzamiento, reforzamos nuestro compromiso de suministrar productos energéticos más sostenibles y cumplir los objetivos globales de reducción de emisiones”, destacó Ecopetrol al anunciar la medida. El mensaje no es casual, la iniciativa se alinea con las metas de la Organización Marítima Internacional (IMO), que busca disminuir la huella de carbono del sector para 2030 y 2050, y coloca a Colombia en el mapa de referencia regional junto a países como Brasil.
Actualmente, la compañía produce la totalidad del diésel marino que se consume en el país. Sus clientes incluyen embarcaciones que cubren rutas nacionales y también naves internacionales que hacen escala en puertos colombianos. Con la adición del componente renovable en el Caribe, y próximamente en el Pacífico, todo el suministro nacional de combustible marino incorporará ahora este porcentaje de biodiésel.
El proyecto no surge de la nada. Hace parte de una estrategia más amplia para diversificar el portafolio de energéticos sostenibles. Ecopetrol ya desarrolló jet fuel y diésel coprocesados con materias primas renovables, y explora nuevas mezclas que reduzcan las emisiones sin comprometer el desempeño de los motores. La meta es clara, mantener la competitividad en un mercado global que cada vez exige más trazabilidad y responsabilidad ambiental.

En un contexto donde el transporte marítimo concentra un porcentaje significativo de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, la medida podría tener un efecto multiplicador. Si bien el 2% de biodiésel es un inicio modesto, representa un cambio estructural en la forma en que el país entiende y produce su combustible. Para Ecopetrol, es también una señal de que la transición energética no solo se juega en tierra firme, sino también en alta mar.
El cambio que se viene
La decisión de Ecopetrol de introducir un 2% de biodiésel en el combustible marino distribuido en el Caribe colombiano no solo tiene un trasfondo ambiental, sino también repercusiones económicas y sociales de alcance considerable. Desde el punto de vista económico, la producción y distribución de este combustible implica la articulación de nuevas cadenas de valor. El uso de aceite vegetal como insumo abre oportunidades para el sector agrícola, especialmente para productores locales que podrían integrarse a la oferta de materias primas, generando ingresos adicionales y empleo rural.
En términos de competitividad, la medida posiciona a Colombia como un actor alineado con los estándares internacionales de la Organización Marítima Internacional (IMO), lo que puede traducirse en ventajas para atraer rutas marítimas y operaciones portuarias que prioricen proveedores con menores emisiones. Asimismo, al reducir la dependencia exclusiva de combustibles fósiles, se diversifica la matriz energética, mitigando riesgos asociados a la volatilidad de precios internacionales.

En el plano social, la iniciativa envía un mensaje de compromiso con la sostenibilidad que fortalece la reputación corporativa y fomenta conciencia ambiental en sectores productivos clave. La reducción anual estimada de 27.000 toneladas de CO₂e fósil equivale a preservar 153 hectáreas de bosque seco tropical, un beneficio que repercute en la calidad del aire, la salud pública y la resiliencia de comunidades costeras frente al cambio climático. En conjunto, el proyecto combina beneficios ambientales tangibles con oportunidades de dinamización económica y refuerza la imagen de Colombia como país que avanza hacia un modelo energético más limpio e inclusivo.
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