El 7 de agosto, en medio de la conmemoración de la Batalla de Boyacá en Leticia, Amazonas, el presidente Gustavo Petro se refirió a un incidente que habría vulnerado acuerdos binacionales entre Colombia y Perú.
Según su versión, un helicóptero ruso con militares aterrizó en la isla de Santa Rosa sin autorización conjunta, como lo establece el tratado vigente. “Entonces que me expliquen por qué en la isla de Santa Rosa ha llegado un helicóptero ruso con militares. El tratado dice que es de común acuerdo y no nos hemos sentado a decidir si es de Colombia o de Perú”, afirmó el mandatario.
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Petro insistió en que, jurídicamente, la isla no ha sido asignada a ninguna de las dos repúblicas y que la decisión de Perú de incluirla en su jurisdicción mediante la Ley de creación del Distrito de Santa Rosa de Loreto constituye “un acto unilateral” que desconoce los acuerdos internacionales.
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Según el jefe de Estado, esta medida “viola el principio de primacía del Derecho Internacional sobre el derecho interno” y, por lo tanto, “Colombia no reconoce la soberanía del Perú en la zona de Santa Rosa”.

La respuesta de José Cueto a Petro
Las declaraciones de Petro recibieron una reacción inmediata de José Cueto, exalmirante y congresista de la bancada Honor y Democracia, que el 25 de julio fue oficializado como candidato a la presidencia del Congreso peruano por la lista 2.
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En entrevista con el medio Sky, el legislador expresó una posición contundente: “El señor Petro ya es una persona que no tiene ningún tipo de credibilidad y trata, bajo las condiciones mentales que tiene este señor. de llevar a su país a un tipo de conflicto, porque es lo que creo que está tratando de hacer. Inclusive ha tenido la osadía de darnos 24 horas para responderle. Yo personalmente no le respondería. Si quiere una respuesta, yo le voy a decir a Petro que Perú no negocia con terroristas. Esa es lo primero que hay que responderle a este señor”.

Cueto fue más allá y sugirió que el mandatario colombiano debería “aprender un poco de la historia” y revisar adecuadamente los tratados. Atribuyó las declaraciones de Petro a un intento de “levantar en algo su alicaída popularidad” y acusó al presidente de “causar este tipo de impase entre dos países hermanos como Colombia y Perú” con fines políticos internos.
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Incluso recordó que tiene experiencia operativa en la zona en disputa y rechazó la base moral y técnica de los argumentos colombianos: “No tiene ningún asidero moral, menos técnico, como él dice, para tratar de levantar este tema sobre la isla de Santa Rosa, cuando no es otra cosa que una prolongación de cañerías”.
Una disputa con raíces históricas

La controversia actual sobre la isla de Santa Rosa no es un hecho aislado, sino el resultado de un proceso histórico y geográfico que se remonta a hace más de un siglo. En 1922, Perú y Colombia firmaron el Tratado Lozano-Salomón, que estableció los límites fronterizos entre ambas naciones. Como parte de la demarcación realizada en los años siguientes, la isla Chinería, ubicada en el río Amazonas, quedó bajo soberanía peruana.
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En la década de 1970, un fenómeno natural modificó la geografía de la zona: la parte sur de Chinería se separó, formando una nueva porción de tierra frente a la ciudad colombiana de Leticia. Esta formación fue bautizada como isla de Santa Rosa. Con el tiempo, las fluctuaciones del nivel del río provocaron que ambas —Chinería y Santa Rosa— volvieran a unirse en una sola masa terrestre, según la versión de la cancillería peruana.

Para el Gobierno de Perú, Santa Rosa es parte del territorio originalmente asignado como isla Chinería en 1929 y, por tanto, se encuentra dentro de sus fronteras. En contraste, la cancillería colombiana argumenta que esta porción de tierra surgió después del proceso de asignación definido por el tratado y que, por lo tanto, no pertenece formalmente a ninguno de los dos países.
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Aunque no se trata de un diferendo limítrofe en sentido estricto —ya que el tratado de 1922 continúa vigente—, la discusión sobre si Santa Rosa es una nueva formación fluvial o parte de un territorio ya adjudicado ha reactivado un debate histórico y ha vuelto a poner a prueba la relación diplomática entre ambos países.
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