A pesar de la búsqueda incansable de justicia y del inicio de procesos judiciales, las posibilidades de recuperar el dinero entregado a Global Handing parecen mínimas para los más de 25 inversionistas que, según cifras estimadas por ellos mismos, han visto esfumarse cerca de 45.000 millones de pesos en un esquema que prometía rentabilidad y seguridad en la compraventa de oro.
A raíz de la magnitud del caso y la afectación directa a numerosas familias, Inverco ha emprendido acciones legales en Colombia, solicitando a la Fiscalía General de la Nación y a la Superintendencia de Sociedades una investigación a fondo sobre la estructura financiera de Global Handing y Quantum.
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Como advierten los afectados, “que nadie más caiga en las atractivas propuestas de Andrés Felipe, que se haga justicia y que no quede impune un entramado que se disfrazó de legalidad para desfinanciar a más de 25 familias”, emplazando así el caso a un futuro en los tribunales.
Según reveló Semana, el fraude se gestó inicialmente bajo la apariencia de un negocio rentable y completamente legal, respaldado por documentación bancaria, protocolos Sarlaft y la promesa de ventas de oro al Banco de la República.
La historia se remonta al ahorro de tres décadas de Rodrigo Rojas, que destinó cerca de 800 millones de pesos a la empresa de su amigo Andrés Felipe Arango Pérez, un comerciante con experiencia en el sector.
En la práctica, Rodrigo llevaba personalmente el oro a la sede del banco en Medellín, recibía pagos y trasladaba los fondos a Global Handing, recibiendo a cambio dividendos mensuales entre el 1,9 y el 3 por ciento.
El efecto dominó se activó cuando nuevos inversionistas se unieron, buscando, como Jorge Arango, formalizar las operaciones y legalizar los movimientos financieros.
Para ello se constituyó Inverco, una firma que canalizó más recursos hacia Global Handing para fortalecer el esquema, que pronto pasó de las ventas locales al Banco de la República a operaciones internacionales a través de la empresa panameña Quantum LLC-USA, exportando el oro a refinerías en Estados Unidos y Francia.
No obstante, tras un crecimiento aparente, comenzaron a emerger mentiras, oro falso y deudas ocultas.
El quiebre definitivo se hizo evidente hacia finales de 2023, cuando los pagos empezaron a retrasarse y un giro internacional resultó bloqueado por Bancolombia.

Ante el colapso, Andrés Felipe Arango admitió en una reunión grabada y obtenida por Semana: “Todo inicia con una situación personal hace cuatro años, cuando se nos robaron 40 kilos de oro. Yo quedé con un déficit muy grande, con endeudamiento”.
Además de lo robado, Arango detalló deudas acumuladas con proveedores de Zaragoza (Antioquia) y Timbiquí (Cauca), además de préstamos con costosos intereses. El mismo reconoció haber utilizado anticipos de exportaciones para saldar deudas previas, provocando así un “déficit estructural” que vació el respaldo de las inversiones más recientes.
La situación se agravó drásticamente cuando Andrés Felipe Arango intentó engañar a Quantum entregando barras de plata camufladas como oro durante una videollamada, buscando recibir 9.000 millones de pesos por estas falsas garantías. La trampa fue descubierta por Quantum, que reaccionó asumiendo el control de Global Handing, intensificando la crisis de liquidez.
La suma de las deudas con Inverco (6.300 millones de pesos), Quantum (9.000 millones), y otros compromisos con comerciantes y mineros que superan los 3.500 millones y diversos montos más, conforman el agujero financiero que ronda los 45.000 millones de pesos, de acuerdo con lo reclamado por los inversionistas.
La empresa Global Handing, sin embargo, en comunicación con Semana, minimizó el monto y argumentó que “la deuda con Inverco es de apenas 5.130 millones y que no hubo estafa, sino una ‘operación comercial legítima y de alto riesgo’”.

El drama no se ha limitado a lo económico. Varios afectados reportan haber sido contactados por oficinas de cobro con supuestos vínculos al Clan del Golfo. Algunas propuestas para recuperar fondos implicaban acudir a estructuras criminales, “pero sabíamos a qué precio”, aseveró un inversionista, reiterando la intención del grupo de solucionar la situación “por la vía legal”.
Detrás de cada suma, detrás del oro, hay historias personales devastadas: algunos inversores han perdido propiedades, negocios y hasta la estabilidad familiar. Según relatan, algunos afectados se encuentran bajo tratamiento psicológico, y los estragos incluyen intentos de suicidio y separaciones.
La alerta se ha extendido hasta el Banco de la República, que, consultado por Semana, aclaró: “ellos no son los encargados de dar avales ni licencias para los negocios con oro”. Asimismo, al momento del cierre de la publicación, no hubo respuesta de Juan Carlos Posada (Quantum en Colombia), ni de Francesca y Guillermo Ameglio (accionistas de la firma), ni de Andrés Felipe Arango Pérez.
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