
En su último viaje por el continente asiático, el creador de contenido colombiano especializado en viajes Daniel Giraldo, conocido en redes sociales como El Dane, meditó durante 10 días seguidos en Nepal.
Así lo dio a conocer en un video en el que reveló algunos detalles sobre la experiencia y lo dolorosa y reconfortante que puede llegar a ser: “Estuve meditando diez días, en total silencio, sin hablar con nadie, sin hacer ninguna actividad física, sin hacer absolutamente nada y solo les puedo decir: qué experiencia tan loca”.
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Durante la semana y media que estuvo en Nepal, aprendió “una técnica que se llama Vipassana, la técnica que enseñó Buda para que la gente se iluminara. Muchas personas pensarán que usted se va a ir diez días a meditar, a estar relajado, a estar parchado, a sentir la energía del universo y a estar feliz de la vida, pero no. Es una experiencia bastante fuerte, hay personas que no aguantar ni siquiera al segundo día”.
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En su grupo, de quince hombres que iniciaron la experiencia, solo ocho lograron terminar. E, incluso, uno de los desertores tuvo que dejar el templo el día nueve.
“Para que se den una idea, esta técnica no se trata simplemente de usted estar parchado, meditando y respirando. No, nada que ver. Estamos hablando de una técnica que lo que busca es generar un montón de sensaciones: buenas y malas, pero lo más importante no es la sensación, sino la manera en que la que el cerebro funciona frente a ellas”, precisó El Dane.
Pero, sin duda, lo que más le costó durante la experiencia fueron los tres momentos del día en los que debía sentarse en posición de loto y mantenerse inmóvil durante una hora: “Puede parecer fácil, pero inténtenlo. Créanme que después de media hora, van a estar llorando del dolor y esa es la magia de la técnica: canalizar esas emociones y transformarlas”.
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Su rutina era extensa y desgastante: “Comenzaba a las 4:00 de la mañana, a las 4:30 meditábamos durante dos horas, luego, a las 06:30, tomamos un desayuno, descansábamos un ratico y a las 8:00, nuevamente, empezábamos a meditar una hora sin movernos. Luego, de 9:00 a 11:00 teníamos otras dos horas de meditación y, básicamente, antes de las 11:00 de la mañana, ya habíamos meditado cinco horas”.

Luego de eso “teníamos un almuerzo, un rato de descanso para lavar la ropa y hacer otras tareas y a la 1:00 teníamos otra hora y media de meditación. Después de esta hora y media de meditación, nos quedábamos inmóviles durante otra hora. Y luego tome otra hora de meditación”.
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En la tarde, tenían “una especie de algo. Era un té con algo de fruta y otras cositas, de 5:00 a 6:00, pero la idea no era que comiéramos mucho. Y a las 6:00, adivinen qué... se acercaba un monje a nuestro oído y nos preguntaba ¿English o Spanish? Pasaba otra hora en la que no nos podíamos mover y a las 7:00 nos daban una charla de una hora y media, que terminaba con otro ratico de meditación”.
Y, “después, podíamos hablar con un monje sobre cómo íbamos con los ejercicios. Y a las 9:30 o 10:00 nos íbamos a dormir, para levantarnos el otro día a las 4:00”.
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Parece cuadriculada, pero, cada día, en su rutina, incorporaban una “técnica diferente, en donde la idea era ir avanzando progresivamente al reconocimiento de las sensaciones del cuerpo. Era una meditación con técnica, no era simplemente sentarse, respirar y ya”.

Ante las preguntas de sus seguidores, El Dane, precisó que, a pesar de ser una experiencia dura e incómoda, “te enseña a conocerte, conocer lo que sientes y cómo reacciones a esas sensaciones. Se vienen un montón de cosas a tu cabeza, es la manera en la que los traumas se reflejan, pero no quiero contarles de más”.
Además, le enseñó a respetar la vida, sin importar su forma, un mensaje que quiso compartir con sus compatriotas, en Colombia, para hacerle frente al conflicto interno:
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“Una cosa que me llamó bastante la atención, desde el primer día, era la cantidad industrial de cucarachas que había. Solo el primer día yo saqué más o menos como 15 cucarachas. Son básicamente cucodrilos, son unas cucarachas gigantes y me tocaba sacarlas del cuarto, pero no estaban ahí porque el lugar estuviera sucio. Lo que pasa es que una persona que practica el budismo no puede acabar con la vida de otra criatura”.
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