
La canciller Laura Sarabia presentó su carta de renuncia al presidente Gustavo Petro.
En su misiva, con fecha del jueves 3 de julio, expuso no compartir algunas decisiones recientes de la administración, señalando diferencias profundas que, según sus palabras, van más allá de desacuerdos menores o disputas de razón.
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La salida de Sarabia marca un nuevo episodio de reacomodo en el gabinete y plantea interrogantes sobre el rumbo del Gobierno Petro en su fase final.
En la carta dirigida al jefe de Estado, Laura Sarabia hizo un recorrido por su trayectoria junto al mandatario. Destacó la fortaleza de una relación basada en la confianza y la franqueza, cualidades que identificó como centrales durante su servicio público en el círculo más cercano a Petro.

“La parte más importante de mi vida pública ha transcurrido a su lado. Juntos hemos alcanzado grandes victorias, atravesado momentos difíciles, discutido con intensidad y compartido reflexiones con honestidad”, escribió Sarabia.
Sarabia agradeció por la oportunidad de haber ocupado diferentes espacios durante la actual administración: jefa de gabinete, directora del Departamento Administrativo de la Presidencia (Dapre), directora del Departamento de Prosperidad Social (DPS) y, en los últimos meses, ministra de Relaciones Exteriores.
Más allá de los cargos, la canciller planteó en su texto haber ejercido como servidora pública orientada por la ética, la honestidad y la convicción de que transformar Colombia requiere valentía y decisiones firmes.
Así mismo, dejó claro que sus motivos no obedecen a simples discrepancias. Señaló abiertamente que en los últimos días el Ejecutivo tomó caminos que no comparte ni podría acompañar, incluso poniendo como base la coherencia personal y el respeto institucional por encima de lealtades políticas.
“En los últimos días se han tomado decisiones que no comparto y que, por coherencia personal y respeto institucional, no puedo acompañar. No se trata de diferencias menores ni de quién tiene la razón. Se trata de un rumbo que, con todo el afecto y respeto que le tengo, ya no me es posible ejecutar”, explicó.

La ministra expresó que la renuncia fue resultado de una reflexión profunda, motivada por su sentido de responsabilidad ante el país y una interpretación ética del poder.
Mencionó su salida como un acto de cuidado que también implica desprenderse en el momento oportuno para preservar principios y dejar claro el límite entre el servicio público y la conciencia individual.
Sarabia relató que el ejercicio del liderazgo desde el Ejecutivo fue exigente y con consecuencias personales y familiares, pero también enriquecedor.
“Me voy con inmensa gratitud por la oportunidad histórica de servir a Colombia desde su Gobierno, con aprendizajes valiosos, muchos de ellos suyos, y con la convicción intacta de que este país merece un destino más justo, más digno, más humano”, subrayó en la carta.
En el cierre de su comunicación, ofreció deseos de éxito para el cierre del Gobierno de Petro y manifestó estar dispuesta a mantener el diálogo constructivo, el debate respetuoso y buscar salidas a los desafíos nacionales.

“Siempre encontrará en mí una interlocutora abierta al diálogo, al debate respetuoso y a la búsqueda de salidas para los grandes desafíos de nuestra sociedad”, aseguró la hasta ahora jefe de la diplomacia colombiana.
La salida de Laura Sarabia ocurre en un momento clave del Gobierno, en el que el equipo de ministros y asesores afronta presiones internas y externas por la ejecución de reformas, el manejo de la política exterior y los retos sociales de Colombia.
La renuncia de Sarabia representa un golpe para el círculo de confianza del presidente, ya que ella fue una de sus colaboradoras más cercanas y de mayor influencia en la toma de decisiones estratégicas tanto en la Casa de Nariño como en las gestiones ante la comunidad internacional.
Su paso por varios cargos representó uno de los ascensos más notables dentro del gobierno Petro, pasando de la coordinación de agendas a la definición de políticas públicas y la representación del país ante gobiernos y organismos multilaterales.
Por ello, el énfasis de Sarabia en la ética, la responsabilidad y los costos personales marca distancia respecto de las diferencias de criterio que motivaron su retiro.
La renuncia concluyó con un mensaje de optimismo y advertencia sobre la necesidad de unidad, humildad y valentía en el ejercicio de gobierno.
“Colombia sí puede ser una potencia de la vida. Ese sueño exige unidad, humildad y decisiones valientes. Ojalá logre construirlo en esta recta final”, escribió Sarabia, reafirmando su deseo de un país más justo y humano.
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