
Este lunes, los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) removieron de su sitio de internet algunos textos que dicen que la dispersión del nuevo coronavirus es aeróbica. Es el último ejemplo de la agencia retractándose de sus propias recomentaciones.
La agencia dijo que la guía, que fue subida el viernes, pero ignorada hasta el domingo, no debería haber sido publicada porque era un borrador.
“Desafortunadamente, el borrador preliminar de un análisis fue subido sin una revisión técnica”, dijo Jay Butler, el director delegado para las enfermedades infecciosas. “Vamos a regresar a la versión anterior y revisar el proceso. Fue una falla en el proceso del CDC”.
La evidencia de que el virus flota en el aire ha sido comentada por meses, y un creciente número de biólogos especialistas en aerosoles subrayan focos de contagio masivos en coros, autobuses, bares y espacios mal ventilados. Cuando creyeron que el CDC había suscrito con esta concepción, los científicos celebraron.
Los expertos que observaron la publicación del viernes en la página del CDC dijeron que, el cambio en la narrativa del virus, tenía la capacidad de cambiar las políticas públicas y repensar la necesidad de mejorar la ventilación de espacios cerrados.

José Luis Jiménez, un profesor de química de la Universidad de Boulder en Colorado, quien estudia cómo los aerosoles dispersan el virus, declaró al Washington Post, antes de que el CDC se arrepintiera, “esto es bueno, podemos reducir la transmisión porque más gente entendería cómo se transmite y pueden detenerlo”.
Aunque los oficiales del CDC dijeron que había sido un error, los congresistas del partido Demócrata no lo creyeron. El representante de Illinois, Raja Krishnamoorthi, publicó en Twitter que investigaría por qué borraron el texto sobre la transmisión aeróbica.
El cambio del lunes es la tercera vez en la que el CDC provee alguna recomendación o postura sobre el coronavirus para retractarse después. En primavera, corrigió su postura sobre los contagios por contacto a unos días de haberla publicado. El equipo de la Casa Blanca, para atender la pandemia, había indicado a la agencia que cambiara esos parámetros en Agosto, argumentaron que las personas con contagio asintomático no necesitaban realizar una prueba. La semana pasada, el CDC cambió su postura de nuevo e instaron a cualquier persona en riesgo a realizarse una prueba.
El viernes, la agencia había publicado información en la que aseguraba que el virus puede ser transmitido en una distancia mayor a 1.8 metros, y sugirió que la ventilación de lugares cerrados es esencial para proteger a las personas del virus. Y, aunque la agencia había advertido que la transmisión ocurre principalmente por gotas grandes en distancias reducidas, el viernes dijo que “partículas pequeñas, como las de los aerosoles”, son vectores importantes.
“La transmisión aeróbica es plausible y, yo diría, posible”, dijo Butler. Pero acotó que la información no sugiere que el coronavirus se disperse principalmente por el aire, a diferencia de enfermedades como la tuberculosis.

Butler dijo que la guía del viernes sobreestima la postura de la agencia sobre la dispersión aeróbica. “Si no entendiera mejor, creería que sugerimos que la transmisión aeróbica es muy importante, si no es que la principal forma de transmisión”, dijo. “Eso no refleja nuestro conocimiento actual”.
Butler dijo que, si la transmisión aeróbica fuera la ruta de contagio principal, él hubiera esperado que el virus viajara entre países más rápido de lo que lo hizo. “La epidemiología parece muy clara en cuanto a que el riesgo más alto es en contextos habitacionales”, dijo. Se refiere a la proximidad entre miembros de una familia o compañeros de casa.
Cambios repentinos en las guías públicas son incompatibles con las reglas del CDC para el manejo de crisis. Luego de la comunicación desastrosa durante los ataques de antrax en 2001, cuando un polvo blanco dentro de los sobres desató pánico, la agencia creó un manual de 450 páginas para indicar cómo los líderes de Estados Unidos deben dirigirse al público durante las crisis.
La protección de personas vulnerables depende de que los líderes puedan dar instrucciones de salud pública claras y de que el público confíe en que esas direcciones puedan salvar sus vidas.
También fue la última vuelta inesperada en un debate científico con enormes consecuencias en cómo podría ser el retorno a escuelas y oficinas. Las posturas debaten sobre la tenacidad extrema del coronavirus y si esta es causada por su habilidad de viajar a más de 1.8 metros, especialmente en lugares cerrados, en partículas pequeñas formadas al hablar, gritar, cantar o sólo respirar.
Muchos expertos fuera de la agencia dicen que el patógeno puede flotar sobre distancias considerablemente mayores antes de ser inhalado por el cuerpo, especialmente si es en un lugar cerrado con mala ventilación.

“La mala circulación de aire podría jugar un papel importante en los eventos de contagio masivo cuando los individuos no están conscientes de que están exhalando el virus, y son altamente infecciosos en espacios cerrados en los que la mayoría no usa cubrebocas”, dijo Dehlly Miller, maestra de ingeniería mecánica en la Universidad de Boulder en Colorado, especialista en ventilación interna.
“Al principio hubo mucha confusión porque la OMS aseguró que la enfermedad no es aérea. Además, las exigencias para determinar si una enfermedad es transmisible en el aire son mayores”, agregó la maestra de ingeniería civil y ambiental de Virginia Tech, Lindsey Marr. “Eso se debe a un sesgo histórico y al hecho de que los aerosoles son invisibles”.
Jiménez dijo que los expertos en salud pública creen, de entrada, que las enfermedades aeróbicas son una anomalía en el mundo de los patógenos. Para otras enfermedades tomó décadas superar esa percepción, dijo, como fue el caso del sarampión y la tuberculosis. De ambos, los científicos pensaron que la transmisión era por gotas. Una serie de experimentos con conejillos de Indias, conducida por Richard Riley y sus colegas de la Universidad Johns Hopkins en la década de los 50, ayudó a persuadir a los médicos de que la tuberculosis es aeróbica.
En julio, Marr, Miller, Jiménez y otros 200 colegas enviaron una carta sobre la transmisión aeróbica del coronavirus a la Organización Mundial de la Salud. La respuesta reconoció la “evidencia emergente” de que el patógeno puede dispersarse a través del aire.

“Para el público en general, la transmisión aérea puede causar miedo y pánico. La gente piensa en la película ‘Contagio’, que es como el ‘Tiburón’ de las enfermedades infecciosas”, dijo Marr en un taller sobre transmisión aeróbica en agosto, patrocinado por las Academias Nacionales de Ciencias. Citó un reporte de expertos en salud pública de Hong Kong que que concluyeron que el miedo al “pánico y la culpa política” causaron una renuencia entre las autoridades a calificar el primer virus del SARS como aeróbico.
Pero enfatizó que hay diferencias importantes en los ambientes que pueden alterar cómo un virus aéreo puede viajar en lugares cerrados contra lugares abiertos, o en ambientes clínicos contra ambientes externos.
Comparó la exhalación teórica del coronavirus con la bocanada de humo de un cigarro. “Una vez que pasas esa nube, cualquier cosa que sea suficientemente pequeña como para flotar puede viajar bastante lejos en una habitación”, explicó Marr. “Incluso si estás en un cuarto donde el aire parece quieto, hay movimiento de aire que puede cargar cosas a través de la habitación”.
A diferencia de las gotas de la tos, que viajan como balas de cañón desde la nariz o boca de una persona hasta caer en el suelo, los aerosoles flotan en el aire y pueden ser inhalados accidentalmente.

Los científicos intentan entender cómo los eventos de contagios masivos pueden responder no solo a la presunción de las partículas aeras , sino también a las condiciones particulares de espacios cerrados, incluídos los sistemas de ventilación y qué tanto permiten la circulación de aire.
En uno de los descubrimientos científicos más desconcertantes, Bjorn Birnir, un matemático de la Universidad de California en Santa Barbara, estudió tres casos bien documentados en los que el coronavirus viajó rápida y ampliamente en espacios de puerta cerrada, un restaurante en Guangzhou, China, un autobús en la provincia de Zhejiang en China y un centro telefónico en Seúl.
Al construir un modelo sobre cómo viajan las partículas virales en espacios cerrados con poca circulación de aire después de salir del cuerpo, Birnir encontró que la regla de los 1.8 metros es insuficiente en esas circunstancias. Gente mucho más lejos de una persona infectada podría inhalar cargas virales similares a las esperadas si estuvieran sentados al lado de la persona.
En el caso del restaurante, en el que una persona contagió a otras 9, el modelo de Birnir, que no ha sido publicado en una revista científica, encontró que, gracias a la mala ventilación, la concentración del virus lejos del individuo enfermo creció tanto que, en menos de 7 minutos, era como si todas las demás personas estuvieran a su lado.

En el autobús, una persona infectó a otras 24 en el transcurso de dos viajes de 50 minutos, pero las personas sentadas cerca de las ventanas no se infectaron. En el centro telefónico, donde 97 personas quedaron infectadas, un individuo contagió a varios por contacto directo y luego, mientras trabajaban juntos, dispersaron el virus gracias a la presencia de varios infectados en un lugar de trabajo cerrado.
“El SARS-CoV-2 ataca en dos pasos”, escribió Birnir. “El primer paso es una dispersión lineal entre indviduos con pocos días de retraso. El segundo paso es la distribución exponencial provocada por el sistema de aire acondicionado en un número más grande de personas. Entonces, en el segundo paso, la ventilación se convierte en un catalizador”.
Distintos expertos consultados ofrecieron distintas críticas al modelo de Birnir, pero no estuvieron en desacuerdo con la conclusión principal: Las partículas virales pueden concentrarce en espacios donde el aire está estancado.
“Tiene sentido que la concentración de gotículas incremente en el tiempo y, si no son removidas por los sistemas de climatización, permanecen en el espacio e incrementan las probabilidades de infección”, explicó Raj Setty, el director de Setty Asociates y miembro del Equipo de respuesta epidemiológico de ASHRAE, una asociación internacional enfocada en protocolos de construcción.
El modelo “resalta que, en espacios cerrados (como edificios, transportes y vehículos) es importante que el aire externo saque el flujo de aire contaminado”, dijo Krystal Pollitt, una experta en ciencias clínicas ambientales de la Universidad de Yale, que no estuvo involucrada en la investigación.

Falta mucho por conocer. No está clara cuál es la dosis infecciosa del coronavirus (y probablemente varíe para diferentes individuos. Está claro que importa la cantidad de tiempo que uno pase en en un espacio contaminado, pero nadie puede precisar cuánto tiempo es demasiado. Tampoco queda claro hasta qué punto los individuos de algunos eventos de contagio masivos pueden exhalar cargas virales excesivas, algo que Birnir duda, contra de espacios particularmente cerrados, en los que el virus se acumula).
Lo que es obvio de esos casos es que, mientras el virus es transmitido lentamente en espacios habitacionales, también se dispersa rápido en eventos que juntan a muchas personas.
El que es, probablemente, el caso más evidente de todos es el ensayo coral de Skagit Valley, Washington en marzo, donde 53 de 62 asistentes pudieron haber sido contagiados por una sola persona a lo largo de 2 horas y media de ensayo. Los participantes no interactuaron más allá de cantar, por lo que es difícil replicar en contra de la transmisión aeróbica en un espacio grande, donde el aire no cambiaba y donde una persona impulsó el virus a través de distancias muy largas debido al esfuerzo realizado en el canto.
El caso del coro de Skagit es el más concluyente de todos los eventos de contagio masivo que Jiménez ha analizado, explicó. Él y sus colegas, en un estudio en revisión por la revista Indoor Air, modeló las posibilidades de dispersión del virus a través del atrio de la iglesia, basado en el comportamiento del miembro del coro que infectó a otras decenas.
Esa persona, el “caso índice” llegó en el momento en el que comenzó el ensayo y no convivió. Debido a que los cantantes permanecieron en posiciones fijas en el atrio, “no hubo oportunidad para que las gotas viajaran de persona a persona”, dijo Jiménez. “Es extremadamente improbable que fuera otra cosa diferente a transmisión por aerosoles”.

Por lo pronto, muchos expertos se apresuran planear espacios cerrados que sean más seguros mediante mejoras en la ventilación.
Pollitt y Sten Vermund, rector de la facultad de salud pública de Yale, están trabajando con escuelas públicas y privadas en Connecticut para prevenir la transmisión de coronavirus. Pollitt y sus colegas crearon un diagrama de flujo para orientar a las escuelas que, dijo, puede aplicar a oficinas y otros espacios públicos.
Las recomentaciones incuyen: desactivar los sensores de activación de la ventilación, para que el aire no cese y limpie el ambiente constantemente, invertir las aspas de los ventiladores para que jalen aire, lo alejen de las exhalaciones, y abrir las ventanas.
Pero la higiene industrial sólo funciona si el comportamiento humano se porta a la altura. “Si no tenemos individuos con cubrebocas, distanciamiento social y buena higiene de manos, no podemos diseñar la salida a una situación adversa”, dijo Pollitt.
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