
Podrían alterar completamente la industria automovilística y restaurantera.
Hubo un tiempo, antes de que los automóviles se apoderaran de los caminos, cuando dependías de tus dos pies o de tu confiable corcel para llegar a casa después de una noche de cervezas en la cantina de tu preferencia. (Algunas personas siguen dependiendo de un "conductor designado" ecuestre en pleno 2017, como el vaquero oriundo de Louisiana y amante de los daiquiris que montó su caballo Sugar del bar a su casa un par de años atrás; eso sí, no se salvó de una multa por su ebriedad en público).
Pero en el Siglo XXI, la mayoría de nosotros depende de los autos —conducidos por nosotros— para movernos a todas partes. Las gigantescas cantidades de multas por manejar bajo los efectos del alcohol que se levantan cada año son testamento de las malas decisiones que enfrentamos como resultado de nuestra dependencia con dicha forma de transporte.
Mirando hacia el futuro, la tecnología detrás de los carros autónomos podría cambiarlo todo, y traducirse en grandes ganancias para la industria automovilística, los servicios de comida y bares. Cuando lo que se busca es generar dinero, los bancos se frotan las manos para que algún día puedan aprovechar este tipo de cambios en el paradigma tecnológico.
En el artículo titulado "Shares Autonomous Mobility: The Solution to Drinking and Driving?", Adam Jonas, analista de patrimonio neto de Morgan Stanley, concluye, de forma nada sorpresiva pero con implicaciones sociales interesantes, que los autos sin pilotos podrían impactar significativamente el mercado del alcohol y, simultáneamente, reducir los accidentes y fallecimientos ocasionados por el abuso del mismo. El artículo es una colaboración entre el Equipo de Autos y Movilidad Compartida de Morgan Stanley y los equipos de bebidas globales para "explorar el alcance de la inversión" de un futuro donde nuestros carros puedan llevarnos a casa, especialmente después de unos cuantos tragos.
Desde la perspectiva de un inversionista, la propuesta convierte a ciertas compañías particularmente atractivas, ya que como señala el artículo "tomar alcohol y manejar representa cientos de miles de millones de horas de consumo y miles de millones de dólares de actividad económica".
Jonas separa tres industrias donde puede surgir la transformación hacia un mundo más allá del volante. Primero que nada, los establecimientos donde se sirve alcohol como bares son, obviamente, los más beneficiados al no tener que poner un límite al consumo por miedo a que sus clientes tengan que conducir. Como resultado, el artículo cita productores premium como ABInBev, Diageo, y Constellation Brands como algunos de sus "mejores nombres de bebidas" para los inversionistas cuando los carros autónomos lleguen al mercado libre.
Con un estimado del 10 al 20 por ciento de ganancias provenientes del alcohol, los restaurantes también lucen listos para beneficiarse, junto con los pubs y bares deportivos como Chili's, de acuerdo con Morgan Stanley, que asegura ser "famoso por sus margaritas". (¿Seguro?)
Gracias a su experiencia en "sensores y software/hardware de integración para tecnología autónoma y semiautónoma", compañías de autos como Tesla y Autoliv también se mencionan como oportunidades de inversión.
Obviamente, el artículo también tiene implicaciones mayores más allá de la participación en el capital. Para aquellos de nosotros que no planean gastar demasiado pero amamos beber, aún podemos esperar ver cambios en el estilo de vida que surge con el equivalente de un chofer robot. Tendremos menos impedimentos para beber más, y más seguido, para bien o para mal.
"Creemos que es parte de la solución eliminar la causa de un tercio de muertes al volante en los Estados Unidos y otros países", Jonas comentó. "La movilidad compartida y autónoma expande de forma dramática la disponibilidad de pilotos designados asequibles para nuestras comunidades, y de paso elimina la excusa de ponerse detrás del volante bajo la influencia de alcohol".
En otras palabras, beber y manejar es fundamentalmente una decisión; una no muy buena. Por el momento, mientras esperamos el surgimiento de una nueva era tecnológica, probablemente te convenga más subirte a un caballo o tomar un taxi.
Publicado originalmente en VICE.com
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