Juan Guaidó
Juan Guaidó

(Desde Cúcuta). Nicolás Maduro no quiere que la ayuda humanitaria ingrese a Venezuela desde Brasil, Colombia y Curazao, en una decisión política que exhibe su aislamiento internacional y que pone en un dilema personal a los militares de mediano rango que protegen los pasos fronterizos. Maduro ya anunció que cerrará los accesos a Venezuela desde Brasil y Aruba, Bonaire y Curazao (islas ABC), mientras que en estas horas evalúa qué hacer con Colombia. Si finalmente cierra la frontera con este país, y aísla a Venezuela del mundo, coloca su poder en manos de Juan Guaidó: el presidente interino ya dispuso que las caravanas con la ayuda humanitaria tienen que seguir hasta cruzar a territorio venezolano, aunque al otro lado de la verja estén apostados cientos de militares con la orden de disparar a sangre fría.

–La ayuda humanitaria que está en Cúcuta se puede mover sin inconvenientes porque estamos en territorio colombiano y el gobierno de Colombia apoya a la creación de un corredor humanitario. ¿Qué pasa cuando llegan a la frontera con Venezuela y están los militares que responden a Maduro? ¿Van a empujar para pasar o frente a la advertencia de no avanzar, se van a quedar ahí?–, preguntó Infobae al diputado José Manuel Olivares, durante una conferencia de prensa que se hizo en Cúcuta (Colombia).

–¡Nosotros vamos a avanzar. Nosotros vamos a avanzar desde Colombia y desde Venezuela! No hay dudas, y no hay medias tintas…–, contestó Olivares entre los aplausos de un grupo de militantes lo escuchaba.

La respuesta de Olivares no es una opinión. Es una decisión política asumida por Guaidó para forzar la caída de Maduro, que apela al cierre de las fronteras como primer paso para evitar que la ayuda humanitaria exhiba la crisis institucional que atraviesa a la sociedad venezolana.

El líder populista cree que cerrando los pasos fronterizos, las caravanas de militantes y la ayuda internacional que se pretende ingresar a Venezuela desde Brasil, Colombia y las islas ABC, quedarán al borde del camino abandonados a su propia suerte.

Guaidó ya analizó esta posibilidad y ya ordenó la replica ante la obvia decisión de Maduro: "avanzar y avanzar", pese a los militares con sus fusiles sin seguro y en posición de tiro.

La pueblada que organiza Guaidó pone en una situación compleja a Maduro, que aún tiene el respaldo de los generales que se hicieron millonarios a su sombra. Hasta anoche, la marcha humanitaria del 23 de febrero podía ser detenida por las tropas de Maduro en los pasos fronterizos. Ahora, esa hipótesis de conflicto deja paso a la peor variable operativa para el líder populista y sus generales de confianza: reprimir (o no) a miles de venezolanos vestidos de blanco, a plena luz del día, acompañados por observadores internacionales y protegidos por cientos de periodistas que llegaron a Cúcuta para cubrir un hecho histórico del siglo XXI.

Si Maduro ordena la represión, habrá una masacre o la traición de sus generales que no quieren participar de un hecho que será caracterizado como crimen de lesa humanidad. Un crimen de lesa humanidad, a diferencia de un contrabando de armas o la venta de cocaína, nunca prescribe. Es decir: general que reprime y mata, viola los derechos humanos, y será perseguido hasta que muera. Y si es perseguido, no podrá beneficiarse de una eventual amnistía que proponga la futura transición democrática.

Nicolás Maduro
Nicolás Maduro

Frente a este dilema, el líder populista quedó enredado en sus propias decisiones. Si la ayuda humanitaria llega a Venezuela, Guaidó incrementó su poder político y su liderazgo institucional. En cambio, si la ayuda no ingresa al territorio venezolano, pero se causa una masacre ejecutada por el Ejército o grupos paramilitares, Maduro queda al borde de la caída y la transición democrática podría iniciar con los generales que aún permanezcan en sus cuarteles.

Guaidó apuesta a una marcha humanitaria, pacífica e histórica. Asume que las fronteras estarán cerradas o bloqueadas el próximo 23 de febrero, y que su decisión de avanzar puede provocar una tragedia y sellar la suerte de Maduro.

Guaidó ya decidió, y sólo resta saber qué hará el líder populista y sus generales cuando miles de venezolanos empujen las vallas en la frontera. Durante ese instante, la vida y la muerte se miraran de frente. Y sólo una vencerá.

Todo depende de Maduro.

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