Creada por decreto gubernamental durante la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez, luego de la nacionalización de la industria petrolera, Petróleos de Venezuela (PDVSA) figuraba hasta no hace mucho en la prestigiosa lista Global 500 de la revista Fortune, parte del selecto grupo de las empresas más grandes del mundo sobre la base de sus ingresos y una de las líderes de Latinoamérica.

La petrolera que tiene en su poder las mayores reservas petrolíferas del mundo, en gran parte correspondientes a crudo extra pesado, también posee el monopolio exclusivo de los hidrocarburos que se encuentren en el subsuelo venezolano, entre los que se destacan el petróleo y el gas natural.

Durante décadas, miles de venezolanos aspiraron a ser empleados de PDVSA, quienes además de percibir un respetable salario gozaban de un almuerzo de tres pasos todos los días. Petróleos de Venezuela llegó a ser la tercera empresa en el mundo en capacidad de refinación y, a pesar de poseer 24 refinerías en todo el mundo, 18 de ellas en el exterior y 6 en el país, hoy se ha convertido en un símbolo de los niveles obscenos de corrupción e ineficiencia que caracterizan a la dictadura de Nicolás Maduro.

En un reportaje publicado en el semanario de negocios norteamericano Bloomberg Businessweek, la delicada situación que involucra a los trabajadores de PDVSA es explorada en profundidad, a medida que las renuncias en masa y los casos de empleados que colapsan durante su turno de trabajo por el hambre se multiplican.

El caso de Pablo Ruiz, un trabajador de 55 años de la refinería de Puerto La Cruz habla por si sólo de las condiciones infrahumanas en las que se debe desenvolver a diario. Su salario de 110.000 bolívares, lo que equivale a 0.50 centavos de dólar en el mercado negro, le permite comprar menos de un kilo de arroz por mes.

En diálogo con Bloomberg, el operario explica que su única fuente de proteína proviene de los 170 gramos de atún enlatado, incluido en las provisiones que el gobierno le da a las familias de bajos recursos cada aproximadamente 45 días.

"No he comido carne en meses" explicó Ruiz. "La última vez que lo hice, gasté el salario de toda una semana en un almuerzo con pollo" añadió el hombre que trabaja ocho horas diarias bajo el Sol, aplicando pintura anti óxido en las tuberías que bombean el petróleo. Casi siempre lo hace tras haber consumido un desayuno que consta de harina de maíz mezclada con agua.

Un adulto necesita consumir un promedio de 2.300 calorías diarias, cifra a la que el venezolano promedio no logra siquiera acercarse, con muchos de los residentes de zonas rurales, entre los que se encuentran los trabajadores petroleros, que no llegan a ingerir 400 calorías diarias debido a una dieta anémica que consiste en granos, arroz y tubérculos. Personas con el nivel de exigencia física de un empleado de PDVSA deberían consumir al menos 3.600 calorías diarias.

Ivan Freites, un líder sindical de PDVSA opositor al régimen de Maduro denunció recientemente que 12 trabajadores en el estado de Zulia colapsaron en función, los pasados meses de noviembre y diciembre. Los problemas de salud ocasionados por la desnutrición obligaron a retirarlos de las torres de perforación.

Alirio Villasmil, un buzo dedicado al mantenimiento de los barcos que transportan el petróleo en el lago Maracaibo, dijo a Bloomberg que tres de los empleados que supervisa se desmayaron mientras trabajaban y tuvieron que ser llevados de urgencia a un centro médico.

Por su parte, Endy Torres aseguró al semanario que se unió a PDVSA con la ilusión de tener una buena calidad de vida. Los 700.000 bolívares que gana en concepto de salario como operador de la refinería de Puerto La Cruz, sumado al bono de 1.6 millones de bolívares que recibe para comprar alimentos, no logran acumular mensuales USD 10 . Torres compartió haber perdido casi 15 kilos en los últimos 18 meses y además afirma que por la falta de inversión y las constantes fallas del vetusto equipamiento utilizado, los accidentes son cada vez más comunes y los obreros se encuentran demasiado agotados como para reaccionar a tiempo y poder evitarlos.

La empresa acusada en incontables oportunidades de clientelismo e incompetencia, ha generado titulares en los últimos años no por sus resultados financieros sino por su gestión grotescamente ineficaz y una infinidad de accidentes que se han convertido en un símbolo de los peligros que corren, no sólo sus empleados, sino también los ecosistemas de la región, los cuales podrían ser afectados gravemente por un derrame o vertido de desechos de una de sus refinerías.

Las indicadores económicos citados por Bloomberg hablan de la gravedad de la situación en Venezuela, país que supo ser el más próspero de todo Sudamérica y hoy obliga a sus ciudadanos a revolver la basura para alimentarse, con niños que mueren desnutridos víctimas de la "Revolución Bolivariana" iniciada por el fallecido Hugo Chávez y continuada por su peón, el dictador Nicolás Maduro.

Con un producto interno bruto que se ha contraído un 40 por ciento desde 2013, debido en gran parte a la caída del precio internacional del crudo, el venezolano de a pie siente los peores efectos de la profunda recesión económica en la mesa. Una encuesta liderada por tres universidades venezolanas asegura que el 67 por ciento de los consultados ha perdido peso en 2017, en promedio unos 11 kilogramos por persona.

Las cifras de producción de PDVSA demuestran el fracaso del modelo que llevó a reemplazar a ingenieros de carrera por "enganchados chavistas" sin ningún tipo de experiencia en la industria petrolera. Según datos compartidos por Bloomberg, la producción diaria promedió los 1.77 millones de barriles en el mes de enero, un considerable descenso comparado al pico de 3.34 millones de barriles alcanzados en 2001.

Con empleados que hoy se ven obligados a complementar sus ingresos trabajando de taxistas, plomeros o granjeros, muchos son presos de un sistema que no les permite renunciar bajo la amenaza de perder sus pensiones.

José Bodas, el secretario general de la Federación Única de Trabajadores Petroleros de Venezuela (FUTPV) dijo a Bloomberg que alrededor de 500 empleados han renunciado en la refinería de Puerto La Cruz y otros centros de procesamiento de la zona en los últimos 12 meses, muchos catalogados como traidores a la patria. "Esto es una catástrofe, se dan por vencidos por el hambre". Hoy día las renuncias están limitadas a sólo cinco por día para evitar la fuga masiva de empleados con vitales conocimientos técnicos.

Los empleados que continúan yendo a trabajar, lo hacen acompañados en muchos casos de sus hijos para poder alimentarlos en las cafeterías de PDVSA, que hoy ofrecen poco y nada a su fuerza laboral. Mientras tanto, Nicolás Maduro decidió prioritario aplicar restricciones a los trabajadores de PDVSA en lo que hace al uso de redes sociales. Ahora los obreros de la petrolera estatal sólo podrán seguir en redes sociales las cuentas autorizadas por el Gobierno.

En diciembre de 2017, la producción de barriles diarios de PDVSA cayó un 11,75% lo que significó su registro más bajo en 30 años. En enero renunciaron a sus puestos de trabajo 10.000 empleados. "Nos morimos de hambre en la industria petrolera" sentenció con ironía Torres.

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