El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, insistió este martes en que la criptomoneda que según anunció el domingo lanzará su gobierno próximamente tendrá como soporte las "reservas certificadas" de petróleo, oro y diamantes del país caribeño.

"Ya en los próximos días voy a firmar la creación de los certificados donde nosotros ponemos, como soporte certificado de la criptomoneda venezolana el Petro, miles de barriles de petróleo de la faja petrolífera del Orinoco como soporte sustentable", dijo Maduro en un acto en el estado sureño de Bolívar, rico en recursos naturales.

"Pero también le he dicho al ministro Víctor Cano que lo hagamos con el oro, que lo hagamos con los diamantes, de inmediato, certifiquemos las minas de oro, las minas de diamante y (que) también la criptomoneda venezolana tenga certificados financieros con oro y diamantes venezolanos", agregó el líder de la Revolución Bolivariana.

En este sentido, el ministro de Desarrollo Minero Ecológico, Víctor Cano, adelantó que en los próximos días se certificarán "más de 40 millones de onzas" de oro, y estimó en 8.900 toneladas de oro las reservas totales de Venezuela en este mineral, lo que convertiría al país caribeño en el "tercero en el mundo" con más oro.

Durante su intervención, televisada por el canal estatal, Maduro dio paso a un video en el que su antecesor e iniciador de la Revolución Bolivariana, el difunto presidente Hugo Chávez, revelaba su idea de una "petromoneda", llamada "el Petro", que se fundamentará en "las grandes reservas de petróleo" de países como Venezuela.

Esta "moneda internacional" propuesta por Chávez y que nunca se hizo realidad habría tenido al crudo como patrón, y es, según dijo Maduro, la idea que inspiró la criptomoneda con la que su gobierno pretende ahora sortear las sanciones financieras que le han aplicado los Estados Unidos.

De concretarse el proyecto del Petro, Venezuela sería el primer país en lanzar su propia criptomoneda.

El Gobierno chavista recurre a este proyecto —sobre cuya viabilidad se han mostrado escépticos numerosos economistas— al experimentar grandes dificultades para seguir pagando su abultada deuda externa.

LEA MÁS: