Trump enfrenta las consecuencias de prohibir el ingreso de algunos medios a la Casa Blanca

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La retirada de las cinco cadenas principales que siguen al presidente a donde quiera que vaya representa una amenaza para la forma en que este ha gobernado.

Para el presidente Donald Trump, este es el consabido momento del árbol que cae en el bosque de su gobierno. Si el presidente más adicto a la televisión de la historia de repente se encuentra con que las cámaras han desaparecido, ¿realmente sigue siendo presidente? Al menos no el tipo de presidente que ha sido.

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Trump, para quien la televisión es mejor que cualquier narcótico, se encuentra por primera vez al menos parcialmente privado de las principales cadenas que han cubierto casi cada movimiento y pronunciamiento que ha hecho durante más de una década. Ya no puede chasquear los dedos y aparecer en vivo en millones de hogares. Ya no domina por completo las ondas de transmisión.

De hecho, su primera muestra de la vida sin las principales cadenas de televisión que ahora boicotean al grupo de prensa de la Casa Blanca como protesta ante su decisión de prohibir el acceso a ciertos medios de comunicación fue muy negativa. El lunes, mientras cortaba la cinta de su nuevo helipuerto en el jardín sur de la Casa Blanca, quedó casi literalmente gritando al viento; lo grabó solo una cadena de noticias de segundo nivel que no pudo captar su voz sobre el estruendo del Marine One. Allí estaba Trump moviendo la boca, y nadie podía escucharlo.

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Sin embargo, cuando se trata de llamar la atención, el presidente aún logra encontrar una manera. Al final del día, apareció en vivo en CNN después de todo. No filmado por el grupo de televisión de la Casa Blanca, que se negó a seguirlo, sino por otras cámaras que lo recibieron cuando llegó a Nueva York y que no formaban parte del acuerdo de boicot. Tuvo que depender del alcalde Zohran Mamdani para salir al aire, no en su propia Casa Blanca sino como invitado en la Mansión Gracie en el corazón del Estados Unidos liberal. Pero se jactó de que aún podía abrirse paso a la fuerza en la pantalla.

"Dijeron que me iban a boicotear, pero nunca me boicotean, así que no estaba muy preocupado por eso", alardeó Trump con el alcalde a su lado y un gran grupo de reporteros frente a él. "Mira a toda esa prensa".

El momento reforzó el desafío de llevar a cabo cualquier tipo de apagón televisivo sobre el presidente en una era de proliferación de medios, y subrayó los límites de la voluntad de la industria de las noticias para silenciarlo. Aunque las cámaras del grupo de prensa no están presentes por ahora, las cadenas bajo su acuerdo aún pueden mostrar imágenes de otras fuentes que no están sujetas al control de la Casa Blanca, como la transmisión de las cámaras de la Organización de Naciones Unidas que emitió su discurso ante la Asamblea General el martes.

Sin embargo, la retirada de las cinco cadenas principales que siguen al presidente a donde quiera que vaya aún representa una amenaza para la forma en que Trump ha gobernado. La televisión ha sido fundamental para su ascenso a la fama y al poder. Sus 14 temporadas en la telerrealidad lo convirtieron en una fuerza nacional y ayudaron a impulsarlo a la Casa Blanca. Sus 10 temporadas en la televisión política desde entonces le han permitido dominar la vida estadounidense de una manera que ninguno de sus predecesores jamás logró.

"Esto es lo más importante para Trump", dijo Ramin Setoodeh, autor de Apprentice in Wonderland, una historia de la carrera de Trump en la telerrealidad. "Cuando lo entrevisté para mi libro, me dijo que lo único que importa son los índices de audiencia. No importa si eres una buena persona o una mala persona. Si tienes buenos índices de audiencia, eres exitoso".

Así que perder las cámaras de las cadenas, aunque sea solo por ahora y aunque pueda eludirlo parte del tiempo, es un golpe a su sentido de identidad, dijo Setoodeh. "Para él, esto equivale a ser cancelado. Esto equivale a tener un programa exitoso y que las cadenas lo saquen de la programación".

"Esta es una crisis real para el presidente", añadió Setoodeh.

La crisis, por supuesto, es obra suya, derivada de su abrupta decisión de prohibir a CNN, MS NOW y Politico la entrada a los espacios de la Casa Blanca debido a su cobertura "negativa", una prohibición que él mismo llamó un "veto a la prensa libre". Las cinco cadenas que conforman el grupo rotativo que proporciona cobertura televisiva de los eventos del presidente --ABC, CBS, CNN, Fox y NBC-- decidieron dejar de filmarlo, para demostrar sus objeciones.

El enfrentamiento podría resolverse pronto si una demanda presentada por los tres medios excluidos recibe rápidamente un fallo favorable en los tribunales. El caso fue asignado al juez Timothy J. Kelly, un designado de Trump que ordenó a la Casa Blanca restituir las credenciales de prensa a Jim Acosta de CNN durante el primer mandato de Trump. El juez programó una audiencia para el miércoles, y Trump parecía anticipar la derrota, al anunciar en las redes sociales que apelaría a pesar de que no se había emitido ningún fallo.

Trump fue claro en que su decisión se basó únicamente en su resentimiento personal. "¡Prácticamente cada historia sobre mí, o cualquier cosa que tenga que ver conmigo, es negativa, incorrecta y, en muchos casos, PELIGROSA para nuestro país!", se quejó en las redes sociales. "No importa cuán GRANDES sean mis logros, los trivializan y degradan".

La Casa Blanca no hizo comentarios sobre cómo respondería a la ausencia de las principales cadenas, pero pocos esperaban que Trump tomara su desaparición con ecuanimidad.

"La atención es el oxígeno de Trump", dijo Mark McKinnon, quien fue consultor de medios del presidente George W. Bush y del senador John McCain, republicano por Arizona. "Y no hay mayor imán y amplificador de atención que la televisión. Así que es difícil imaginar que Donald Trump se sienta contento por mucho tiempo con su principal fuente de energía desconectada".

El hecho de que la inauguración del helipuerto fuera el primer momento en que Trump pagó el precio de su decisión fue especialmente irónico. Se ha mostrado sumamente orgulloso de sus proyectos de construcción y disfruta presumirlos. De hecho, ya ha mostrado el helipuerto más de una vez, rebosante de entusiasmo por sus virtudes. No tener las cámaras de las cadenas presentes para el gran estreno debió ser un golpe duro.

Las únicas cámaras de televisión que sí aparecieron fueron de la propia Casa Blanca, y de medios menos prominentes, como Newsmax. El video fue objeto de burlas al instante debido a la mala calidad del sonido. Incluso un presentador de Newsmax dijo al aire que el episodio indicaba que la prohibición de medios del presidente le estaba "saliendo un poco el tiro por la culata". (The New York Times y otros medios impresos también se negaron a publicar fotografías fijas del evento).

"Tiene que estar furioso de que no haya un video con buen audio de un día importante", dijo Alyssa Farah Griffin, quien fue la directora de comunicaciones de la Casa Blanca de Trump en su primer mandato, antes de romper relaciones con él. "Él no ve el valor de hacer las cosas si no es para la cámara".

Añadió que "odiaría ser el miembro del personal que tenga que decirle" lo que había sucedido con el corte de cinta.

Trump luego voló a Nueva York para la apertura de la Asamblea General de la ONU, y se reunió primero con Mamdani. Ninguna de las principales cadenas viajó con él en el Air Force One, ni estuvieron presentes en sus reuniones con homólogos extranjeros el martes. Si la disputa sigue sin resolverse, Trump recibirá a Xi Jinping, el líder de China, en Washington el miércoles y el jueves sin la presencia de cámaras de las cadenas durante al menos partes de la visita.

"Que yo sepa, no hay precedentes de que un presidente prohíba cámaras o cadenas, ni de que las cadenas boicoteen un evento en solidaridad con sus colegas excluidos", dijo Harold Holzer, autor de The Presidents vs. the Press y director del Instituto de Políticas Públicas Roosevelt House en el Hunter College. "Esperaba que eso pasara, pero la verdad ya había perdido la esperanza. Me emociona mucho verlo".

Aunque algunos presidentes también estaban obsesionados con la televisión --es muy conocido que Lyndon B. Johnson tenía un mueble hecho a medida con tres televisores en el Despacho Oval para poder ver todos los noticieros nocturnos de las cadenas simultáneamente-- pocos han buscado su atención, o se han beneficiado de ella, tanto como Trump.

Algunos incluso se aseguraban de no verla personalmente, para evitar enojarse. Bush les dijo a los reporteros de televisión que él no veía sus transmisiones, incluso la de su hija, Jenna Bush Hager, presentadora del programa "Today" de NBC. "Él dice cosas como, 'No veo tu tonto programa'", reveló ella una vez. Barack Obama sintonizaba religiosamente "SportsCenter" de ESPN, pero no las cadenas de noticias. "No he visto noticias por cable en 15 años", dijo el año pasado.

Trump no. Cuando llegó por primera vez a la Casa Blanca, instaló una pantalla de 60 pulgadas en el comedor contiguo al Despacho Oval, junto con un DirecTV Genie HD DVR que llamaba su "Súper TiVo", porque le permitía grabar varios programas a la vez. Mantenía la televisión encendida durante gran parte del día, incluso durante las reuniones, con el volumen bajo. Cuando The New York Times reportó en su primer año en el cargo que veía al menos cuatro horas al día, lo negó enojado. Pero algunos cercanos a él más tarde dieron a entender que el número subestimaba su tiempo de consumo de pantalla.

Trump ama tanto la televisión que un exasesor lo comparó con Mike Teavee, el niño obsesionado con la televisión del clásico libro infantil de Roald Dahl que persuade a Willy Wonka para que lo teletransporte a un televisor. Trump piensa tanto en la iluminación y los ángulos que se sabe que estudia imágenes de sí mismo en un iPad antes de comenzar una entrevista de televisión, para comprobar la mejor posición de la cámara. Prefiere ser visto desde su lado derecho para que la raya de su cabello no se vea.

La televisión también es la forma en que sus aliados se comunican con él. El senador Lindsey Graham, el republicano por Carolina del Sur que murió en julio, a menudo decía que, si necesitaba comunicarse con el presidente, aparecía en el programa de Sean Hannity en Fox News, sabiendo que el presidente lo vería. Un actual secretario del gabinete le confesó a un exfuncionario republicano que su mejor oportunidad para hablar de manera directa con Trump se presenta durante la llamada telefónica que invariablemente sigue a una aparición en televisión.

En la opinión de Trump, la televisión ha funcionado bien para él. Fue tan magistral en el manejo del medio que, en su primera campaña, las cadenas transmitían imágenes en vivo de un podio vacío a la espera de que apareciera. Los productores sabían que diría algo provocativo, y que los índices de audiencia eran buenos.

Pero los índices de audiencia ya no son lo que solían ser. Cuando Trump encabezó una convención republicana de mitad de mandato este mes, alardeó que "los números generales superaron a la NFL". De hecho, solo tres millones de espectadores sintonizaron el discurso de Trump la primera noche, en comparación con los 25 millones que vieron a los Seattle Seahawks superar por poco a los New England Patriots.

Con las cadenas al margen, la Casa Blanca intenta compensar promoviendo su propia transmisión en vivo por internet, y la ha catalogado como "Trump TV", esencialmente una forma de televisión estatal. "Obtén actualizaciones en tiempo real y eventos en vivo transmitidos DIRECTAMENTE a tu teléfono", escribió en las redes sociales. "Sin ruido. Solo las noticias que más importan, directo del gobierno de Trump".

Trump, por supuesto, se dedica a generar ruido y revuelo. Y cuando enciende su televisor y no ve su helipuerto u otros eventos, la pregunta es qué tipo de revuelo armará entonces.

Peter Baker es el corresponsal principal de la Casa Blanca para el Times. Está cubriendo su sexta presidencia y a veces escribe artículos de análisis que ponen a los presidentes y sus gobiernos en un contexto y marco histórico más grandes.

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