
El presidente Donald Trump no dijo cómo conocía las opiniones de los soldados caídos, pero decidió hablar por ellos en un momento político peligroso, en el que los estadounidenses se han mostrado cada vez más críticos respecto a la guerra en Irán.
El miércoles, el presidente Donald Trump estuvo presente durante el retorno de cuatro jóvenes soldados del ejército que murieron recientemente en el extranjero, y antes de la ceremonia le dijo a los periodistas que cada uno de ellos había fallecido apoyando la letal guerra que él libraba con Irán.
"Todos ellos dijeron con mucha firmeza: 'No podemos dejar que Irán tenga un arma nuclear'", dijo Trump mientras viajaba a la Base de la Fuerza Aérea de Dover para asistir al traslado solemne. "No tendrán un arma nuclear. Así que vamos a honrarlos".
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Más tarde, Trump llevó a la afligida familia de un soldado a su mitin político en Georgia.
El presidente no dijo cómo conocía las opiniones de los soldados caídos, pero decidió hablar por ellos en un momento político peligroso. Los estadounidenses, incluidos los republicanos, se han mostrado cada vez más críticos respecto a la guerra en Irán, y las muertes de los miembros del ejército estadounidense fueron un sombrío y notable recordatorio de que el presidente no había logrado poner fin a una guerra que prometió que solo sería "una pequeña excursión".
La excursión ha dejado al menos 18 militares muertos, una cifra que Trump ha intentado tanto defender como minimizar en los últimos días a medida que el conflicto se torna más sangriento.
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En una publicación en redes sociales el martes, comparó el número de muertes de las tropas en la guerra de Irán con las cifras de muertes en otros conflictos, incluidas la guerra de Vietnam y la misión de un solo día que derrocó a Nicolás Maduro, el presidente venezolano, el invierno pasado.
Trump se ha enorgullecido de afirmar que la misión en Venezuela resultó en cero muertes, y ha señalado repetidamente que los conflictos en Vietnam, Afganistán e Irak causaron miles. Pero cuando viajó a Delaware el miércoles, Trump se encontró con un duro recordatorio del costo de cada baja.
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Flanqueado por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y otros altos mandos militares, incluido el general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto, Trump se acercó a la rampa trasera del avión de transporte C-17 que había llevado a los soldados a casa. Él y los demás inclinaron la cabeza por un momento.
Luego los hombres se alejaron del avión, formaron una fila cerca y miraron al frente mientras los soldados comenzaban a sacar del avión cada cajón cubierto con la bandera estadounidense. Varios funcionarios de la Casa Blanca estaban de pie detrás de Trump, incluida Karoline Leavitt, la secretaria de prensa, quien se puso la mano en el corazón. También se encontraba cerca Natalie Harp, la asesora que redacta muchas de las mordaces publicaciones del presidente en redes sociales e imprime artículos de noticias halagadores para que Trump los revise.
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Una mujer lloraba desconsolada mientras el cuarto cajón era subido a una camioneta de traslado. En varios momentos, Trump se dio golpecitos en el muslo derecho con la mano derecha. Cuando todo terminó, el presidente subió a un vehículo blindado que lo llevó a su avión.
El presidente se mantiene firme en su afirmación de que los estadounidenses apoyan la guerra de Irán.
"Acaba de salir una encuesta: los estadounidenses no quieren precios altos de la gasolina, pero no están en contra de la guerra; eso acaba de quedar fuerte y claro", dijo Trump ese mismo miércoles más temprano antes de viajar al traslado. No especificó de qué encuesta estaba hablando.
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En realidad, durante meses los encuestadores han estado rastreando una creciente frustración por la guerra, incluso dentro del Partido Republicano. Según una encuesta de Washington Post-Ipsos publicada la semana pasada, solo el 29 por ciento de los estadounidenses apoya el conflicto. Esa encuesta también mostró que la mayoría de los estadounidenses no cree que sus perspectivas económicas vayan a mejorar.
Mientras defendía la guerra y elogiaba a los soldados que habían muerto en combate, Trump también dijo a los periodistas que asistir a los traslados solemnes era algo difícil para él.
"Es una de las cosas más difíciles de hacer como presidente", dijo Trump, y agregó: "Tiene que hacerse".
Las familias de los militares que murieron no han hablado sobre su apoyo a la guerra.
En cambio, el sargento Michael Emmanuel Swinton, de 30 años, quien murió mientras removía un dron iraní en Irak, fue descrito como un bromista, según su madre.
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Isabella Gonzales, quien tenía 19 años cuando murió a causa de un misil iraní en la Base Aérea de Muwaffaq Salti la semana pasada en Jordania, fue simplemente descrita por su tío como una "soldado".
El primer teniente Tyler James Feehan, de 25 años, también murió en ese ataque. Fue descrito como un mentor para otros.
"Creía profundamente en el poder del servicio militar, especialmente en lo que construye en una persona: disciplina, liderazgo, carácter", dijo su familia en un comunicado. "Todos los que lo conocían lo querían".
La familia está intentando recaudar fondos para una beca a nombre de Feehan.
La sargento Angel S. Rampersad, de 28 años, quien también se cree que murió durante ese ataque, fue llamada una "gigante amable" por su familia.
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Trump ha emitido varias declaraciones furibundas en las que promete represalias contra Irán por estas muertes.
"Cada vez que Irán mate a un soldado estadounidense, pagarán con creces por esa muerte. Esta directriz ha sido transmitida al secretario de Guerra, Pete Hegseth, y al presidente del Estado Mayor Conjunto, Daniel Caine", escribió en las redes sociales el lunes.
El martes, el Comando Central de Estados Unidos dijo en las redes sociales que el ejército estadounidense había comenzado a atacar objetivos por undécimo día consecutivo, un esfuerzo destinado a sofocar las amenazas del ejército iraní contra los buques comerciales en el estrecho de Ormuz.
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Mientras se preparaba para irse de Dover el miércoles, Trump invitó a varios miembros de la familia de Feehan a viajar con él a bordo del Air Force One. El mandatario se dirigía a un mitin político en Georgia, y un funcionario de la Casa Blanca dijo a los periodistas que había decidido llevarlos a su estado natal.
Para el miércoles por la tarde, Trump había cambiado la dificultad de presenciar un traslado solemne por un ambiente en el que se sentía más cómodo. Al subir al escenario en su mitin en Georgia, Trump disfrutó de los aplausos y se balanceó al ritmo de la canción "God Bless the USA" de Lee Greenwood.
La madre, el padre y el tío de Feehan estaban sentados entre el público mientras el presidente relataba el día, incluida la reacción de asombro de la familia -- "'¡Guau!'", afirmó el presidente-- cuando les ofreció viajar en su avión.
"Esta era una persona que iba a llegar a lo más alto", dijo Trump a la afligida familia desde el escenario. "Habría sido general muy rápido".
Katie Rogers es corresponsal del Times para la Casa Blanca y reporta sobre el presidente Donald Trump.
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