Cómo el teletrabajo ha ayudado a una generación de padres y madres que trabajan

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Elizabeth Terhune y sus hijos en el patio exterior de su casa en Santa Fe, Nuevo México, el 15 de junio de 2026. (Brad Trone/The New York Times)

Kerry Donovan, abogada litigante, tenía una carrera tan exigente que no estaba segura de querer tener hijos. La pandemia cambió sus planes.

Las jornadas laborales seguían siendo largas e impredecibles. Ella mantenía a la familia. Se mudó al otro lado del país para ayudar a cuidar de sus padres después de que su padre sufriera un derrame cerebral. Sin embargo, a pesar de todo, la idea de tener hijos de repente le pareció viable, gracias a que el trabajo en tiempos de pandemia liberó a los empleados de la oficina.

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Ahora tiene dos hijos, de 4 y 2 años. Sigue yendo a la oficina varios días a la semana, pero la posibilidad de trabajar desde casa le ha permitido compaginar su carrera profesional con la vida familiar, expresó.

Un cambio cultural en el ámbito laboral ha sido igual de importante. "Lo que hizo la pandemia fue que, de repente, la gente empezó a hablar más de sus familias y eso hizo todo más fácil: 'Tengo hijos pequeños' o 'Tengo un padre enfermo'", comentó. "La pandemia es lo que principalmente me ha permitido seguir en este trabajo".

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Para las personas que pueden llevar a cabo su trabajo desde distintos lugares y horarios --en su mayoría, empleados de oficina con estudios universitarios--, uno de los efectos duraderos de la pandemia ha sido la flexibilidad recién descubierta, algo que era muy difícil de encontrar en el entorno laboral estadounidense, cada vez más exigente. Hoy en día, el 26 por ciento de los padres sigue trabajando a distancia algunos días de la semana. Al igual que Donovan, los trabajadores mencionan que hay una nueva actitud en la oficina con respecto a la familia. Ahora se ve como algo que hay que acomodar, no ocultar.

Tras seis años de este experimento natural, la cultura laboral estadounidense parece encontrarse en una encrucijada. Algunas empresas están recortando las prestaciones que han servido de apoyo a los padres que trabajan, incluido el teletrabajo. Un movimiento de la derecha está presionando para que más madres se queden en casa por completo.

Sin embargo, hay pruebas de que un entorno más flexible y orientado a la familia ha beneficiado a todo tipo de cuidadores como padres, personas que cuidan de padres mayores y, en especial, a las madres. En las entrevistas, algunas dijeron que, de no ser así, no habrían tenido hijos. Otras dijeron que quizá no habrían seguido trabajando.

Desde 2023, la proporción de madres en edad de mayor productividad, que de alguna manera forman parte de la fuerza laboral y tienen hijos menores de 18 años, ha aumentado constantemente desde 2019, un periodo de muy bajo desempleo, también para las madres.

Esto es especialmente cierto en el caso de las madres de niños menores de 5 años, según el análisis de datos que el Hamilton Project de la Brookings Institution realizó para The New York Times. Los economistas consideran a estas mujeres un indicador clave, ya que son las más afectadas por las exigencias de la crianza de los hijos y las menos propensas a trabajar.

Las madres trabajan porque tienen que hacerlo: el 45 por ciento son la principal fuente de ingresos de su familia; los salarios a menudo no dan abasto para cubrir los gastos y las mujeres sufren retrocesos profesionales a largo plazo si se toman un descanso. También trabajan porque quieren. Las mujeres tienen en promedio un nivel educativo superior al de los hombres; están teniendo hijos en una edad más avanzada y están invirtiendo en las carreras profesionales que les interesan.

Sin embargo, la mayoría de los padres y madres que trabajan también afirman que quieren pasar más tiempo con sus hijos. Aunque los cambios son graduales, los datos sugieren que la flexibilidad laboral ha facilitado que un mayor número de ellos pueda compaginar ambas cosas.

Desde la pandemia, las madres han demostrado ser bastante resilientes a la hora de mantenerse en el mercado laboral, afirmó Lauren Bauer, investigadora de estudios económicos en Brookings y responsable del análisis.

Según los investigadores, el estudio demuestra también que cambiar la manera en que funcionan los trabajos --incluidos aquellos que no ofrecen tanta flexibilidad en cuanto a cuándo y dónde se realizan-- podría ayudar a un número aún mayor de trabajadores que también son cuidadores (que básicamente nos incluye a todos en algún momento de nuestras vidas).

"Este es un problema que debe resolver la sociedad", dijo Misty L. Heggeness, profesora de la Universidad de Kansas. "Tenemos que empezar a hacer que los entornos laborales fuera de casa funcionen para las mujeres y para las personas que cuidan de alguien más".

Reconsiderar el tiempo presencial

Aún existen muchos obstáculos para compaginar el trabajo con el cuidado de otras personas. El aumento en los costos del cuidado infantil encarece el hecho de trabajar. Las mujeres cobran menos que los hombres, especialmente cuando se convierten en madres. Aunque las madres sin titulación universitaria también trabajan más, no es necesariamente porque sea más fácil conciliar el trabajo y la familia, sino porque cada vez es más difícil hacer que el dinero alcance.

El teletrabajo tiene sus inconvenientes: los trabajadores pueden sentirse solos; los que están empezando aprenden menos de sus compañeros y el trabajo a menudo se interpone en la vida familiar. Sin embargo, para quienes pueden hacerlo, ha sido un gran facilitador, subrayaron los padres.

"Las mujeres llevan mucho tiempo exigiendo una accesibilidad generalizada en el lugar de trabajo y la COVID abrió esa puerta, especialmente para las trabajadoras con mayor nivel de estudios", dijo Bauer.

Elizabeth Terhune, de 37 años, recuerda el reto que implicaba trabajar con un bebé antes de la pandemia, como extraerse leche materna en el laboratorio de biología. Cuando tuvo a su segundo hijo, mientras trabajaba a distancia durante la pandemia, pudo darle pecho cuando tenía hambre y trabajar con horarios flexibles, sin dejar de avanzar en su carrera profesional.

"Para entonces, las normas ya habían cambiado muchísimo", expresó Terhune, que vive en Santa Fe, Nuevo México. "Ya no sentía que estaba eligiendo entre pasar tiempo con mi hijo pequeño o trabajar".

Poder elegir no era una opción, explicó. Regresar al campo de la ciencia era muy difícil si uno se tomaba un tiempo de descanso y "ya le había dedicado mucho tiempo y esfuerzo a algo que me apasionaba de verdad".

Los estudios muestran que los padres a menudo ocultaban en el trabajo las responsabilidades del cuidado de sus hijos. Ahora hay más flexibilidad para soluciones como trabajar desde casa cuando un hijo está enfermo; asistir a una reunión por video en lugar de desplazarse o ausentarse del trabajo para recoger a los niños del colegio.

"Creo que el cambio cultural de volvernos más tolerantes es lo que marca la mayor diferencia", dijo Lauren Goldman, de 37 años, abogada en Boies Schiller Flexner, en Nueva York y madre de dos niños de 5 y 2 años.

Tanto ella como su marido, también abogado, trabajan mucho. A veces, el trabajo los obliga a laborar de noche, viajar o la niñera les cancela. Antes de la pandemia, cuando tenían que ocuparse de algún asunto relacionado con los niños, sus compañeros de trabajo le decían que no se lo contarían a nadie. Ahora puede ser honesta al respecto, afirmó.

Muchos hombres sienten incluso más presión por estar siempre disponibles en el trabajo. Sin embargo, los datos de las encuestas muestran que, tras la pandemia, son más los que pasan más tiempo con sus hijos y buscan horarios flexibles.

Trivikram Krishnamurthy, de 50 años, que trabaja en el sector tecnológico en Los Altos, California, se turna con su mujer, que trabaja en finanzas, para teletrabajar. Esto le permite recoger a su hijo de 11 años del colegio y ayudar a su hija de 14 con la tarea de matemáticas.

Dijo que, antes, poder hacer esto en la jornada laboral era inimaginable. Ahora, no se siente culpable por reorganizar su agenda para estar libre durante la hora después del colegio.

"Existe la cultura que te dice que no debes tomar tiempo libre y creo que esa parte se ha aligerado", comentó. "Todavía hay que preocuparse por sacar adelante las tareas en el trabajo y por sacar todos los pendientes en casa, pero ya no se exige la presencia física".

Hacer posible la maternidad

A medida que la tasa de natalidad desciende en Estados Unidos, algunas mujeres dijeron que, sin duda, la nueva flexibilidad fue lo que les permitió ser madres.

Christine Mealey, de 40 años, sabía que tener un hijo sola sería difícil. Tuvo a su hijo, que ahora tiene 4 años, solo después de conseguir un puesto totalmente a distancia durante la pandemia, en donde realiza investigaciones de recursos humanos para una empresa farmacéutica en Boston.

El cuidado infantil es muy caro --alrededor de 30.000 dólares al año-- y cuando el niño se enferma, ella no puede trabajar. Por lo tanto, trabajar desde casa mientras él está en la guardería "me ayuda en todos los aspectos de mi vida", comentó. Puede poner la lavadora o hacer mandados y le da tiempo libre para cuando él está en casa.

Antes de la pandemia, los trabajos en las empresas estadounidenses se habían convertido en una actividad de 24 horas al día, que recompensaba de forma desproporcionada a quienes estaban siempre disponibles. Esto significaba que las madres aceptaban puestos de menor responsabilidad para poder estar disponibles en casa.

Para Donovan, la abogada de 40 años que vive en Asbury Park, Nueva Jersey, el miedo a tener que "poner en segundo plano" la carrera a la que ya le había invertido 20 años era la razón por la que se había planteado no tener hijos. Sin embargo, la pandemia le permitió hacerlo al mismo tiempo que cuidaba de sus padres y a ascender como socia en el bufete que trabajaba, Winston Taylor.

Ahora, las declaraciones pueden realizarse de forma virtual, sin la necesidad de viajar por días. Trabaja desde casa unos días a la semana y se ahorra tres horas al no tener que desplazarse, lo que le permite estar presente a la hora de la cena y a la hora de acostar a sus hijos.

"Sé a ciencia cierta que, si tuviera que ir a la oficina como lo hacía antes de la pandemia, no estaría en esta situación", afirmó. "Sin duda, no estaría tan contenta".

Cómo podría cambiar el trabajo

En Estados Unidos, desde hace tiempo se ha planteado la conciliación entre el trabajo y la familia como un problema personal. Pero los investigadores dijeron que el teletrabajo ha puesto de manifiesto algo más: cambiar el funcionamiento del trabajo puede marcar una diferencia mucho más amplia.

"Muchos de los retos a los que se enfrentan los padres que trabajan, y las soluciones a estos, tienen que ver con la estructura del trabajo, no con el esfuerzo individual de las personas", expresó Corinne Low, profesora asociada de la Wharton School de la Universidad de Pensilvania.

Los empleadores y los políticos tienen el poder de remodelar el trabajo para beneficiar a más personas, concluyeron los investigadores.

Por ejemplo, en el caso de los trabajos que solo pueden realizarse en persona en determinados horarios, conocer los horarios de los empleados con anterioridad es fundamental para que los padres puedan organizar el cuidado de sus hijos y los planes de contingencia ante emergencias. Sin embargo, los trabajadores por horas no suelen disfrutar de esa previsión.

¿Y si la jornada laboral corporativa estadounidense se ajustara al horario escolar? ¿Y si los empleados de oficina contaran con algunas horas al día para trabajar de forma sincronizada y después elegir el resto de su horario?

¿Y si el empleo de medio tiempo fuera un derecho y no supusiera perder el seguro médico ni la oportunidad de reincorporarse a la misma trayectoria profesional? ¿Y si se pidiera a los trabajadores que trabajan por hora conocer con suficiente antelación sus horarios?

¿Y si los padres tuvieran seis meses de permiso remunerado tras el nacimiento de un hijo? ¿Y si el cuidado infantil lo pagara el Estado --incluido el extraescolar y el de verano-- y las personas que interrumpieran su actividad laboral para dedicarse al cuidado de sus hijos recibieran una prestación?

¿Y si la escuela, el trabajo y la sociedad se construyeran en torno a la expectativa de que los hombres también son cuidadores?

Cambios como estos ya se han producido antes, dijeron los investigadores. La jornada laboral de ocho horas no era habitual hasta la década de 1930. Los padres de hoy en día hacen mucho más en casa que lo que hacían sus padres. Durante la pandemia, el gobierno federal subvencionó el cuidado infantil y exigió la baja remunerada por enfermedad.

"Tenemos que ser más audaces a la hora de exigir una vida digna para los padres y para los trabajadores", dijo Sarah Banet-Weiser, decana de la Escuela Annenberg de Comunicación de la Universidad de Pensilvania. "Existe la idea de que nada puede cambiar. Pero hemos vivido este gran experimento durante la pandemia y la economía no se ha venido abajo".

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