La observación de aves impulsada por aplicaciones atrae a multitudes de entusiastas a Colombia

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Samantha Giraldo, de 21 años, estaba en la casa de su familia en Colombia la Navidad pasada cuando recibió un correo electrónico de un entusiasta de la observación de aves en India, al otro lado del mundo.

Merlin y eBird, las aplicaciones de observación de aves más utilizadas del mundo, habían destacado el pequeño hotel de la familia Giraldo --que lleva el nombre del guácharo, ave también conocida como pájaro aceitoso que se encuentra a menudo en la propiedad-- como un lugar de interés para la observación de aves. Él se estaba preparando, escribió, para emprender el largo viaje para verlo.

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Fue entonces cuando Giraldo sintió que algo fundamental había cambiado.

"Mucha gente nos dice que así es como nos encontraron", dijo, refiriéndose a las aplicaciones. "No solo observadores de aves ávidos, sino mochileros, jubilados, personas que se están iniciando en esta pasión".

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Colombia, hogar del mayor número de especies de aves conocidas por los ornitólogos, ha tenido dificultades durante mucho tiempo para atraer a tantos "avituristas" como países más pequeños pero políticamente más estables, como Costa Rica.

Merlin y su aplicación hermana, eBird, ambas gratuitas y gestionadas por el laboratorio de ornitología de la Universidad de Cornell, han iniciado a millones de personas en la observación de aves como aficionados, al tender un puente entre la pantalla y el mundo natural.

Los Giraldo han recibido recientemente visitantes de muchos países, la mayoría de ellos procedentes de China. "Para nosotros, es una locura, nos ha cambiado la vida", dijo Samantha Giraldo.

EBird, donde los usuarios registran sus avistamientos de aves, se ha convertido en la mayor base de datos en línea del mundo para observaciones de aves. Merlin permite a los usuarios grabar cantos de aves y les indica, con una precisión alta pero no perfecta, qué tipo de ave están escuchando.

Las aplicaciones funcionan en conjunto. En eBird, los usuarios pueden subir grabaciones de cantos de aves. Una vez que una sola especie tiene 150 grabaciones y que los expertos de Cornell añaden notas a cada una, los datos de sonido se introducen en Merlin, que puede identificar aproximadamente 2300 especies.

Desde que se lanzó Merlin en 2014, ha ganado usuarios rápidamente. Casi 40 millones de personas la han instalado en sus teléfonos, y en 2025, 16,3 millones se consideraban usuarios activos, un aumento del 35 por ciento respecto al año anterior. Las cifras se han acelerado desde la pandemia. EBird también ha experimentado un aumento en el número de usuarios.

Cada año, un sábado de mayo, el laboratorio de Cornell reta a los usuarios a encontrar tantas aves como sea posible y enviar listas de las que identifican con grabaciones adjuntas. Parte de esos datos se utiliza con fines científicos. Pero el día también se ha convertido en una competencia internacional para avistar la mayor cantidad de especies.

Colombia gana todos los años. Aunque es solo el 25.o país más grande del mundo en superficie, cuenta con una inmensa diversidad ecológica, que se extiende desde la selva amazónica hasta los picos andinos cubiertos de glaciares y las playas caribeñas bordeadas de palmeras.

Este año, ocho de los diez países con más avistamientos se encontraban en América Central o del Sur. Participaron muchas más personas en Estados Unidos que en esos ocho países juntos, pero allí solo se encontraron 743 especies, lo que situó a Estados Unidos en el puesto número 11. Colombia, donde participaron 4000 observadores de aves, registró 1566 especies.

En el mapa de puntos de interés de eBird, gran parte del país aparece en rojo, lo que indica el mayor número de especies registradas.

La presencia destacada de Colombia en la aplicación ha contribuido a un aumento de visitantes que la pequeña pero apasionada comunidad de observadores de aves del país llevaba tiempo esperando.

Muchos observadores de aves del lugar tienen esperanzas en el auge del "aviturismo", no solo porque generaría ingresos necesarios, sino también por el vínculo bien establecido entre el ecoturismo y la preservación de las especies: si la gente paga por ver aves, entonces puede resultar más rentable proteger los hábitats, en lugar de destruirlos.

Ana María Castaño, presidenta de la sociedad ornitológica de Antioquia, donde se encuentra el albergue de los Giraldo, dijo que la infraestructura turística local tuvo poco tiempo para adaptarse a la reciente afluencia.

Muchos colombianos que se dedican al negocio de la observación de aves esperan que los nuevos visitantes soporten los viajes por caminos llenos de baches y se conformen con un alojamiento rudimentario.

En las montañas a unas cuatro horas al norte de Medellín, Luz Dary Echavarría Morales, de 53 años, y su esposo forman parte de esa nueva generación de anfitriones. La pareja pasó más de una década despejando las laderas de árboles. Con motosierras, talaban hectáreas de árboles al día, y los convertían en 50 sacos de carbón al mes que vendían en el pueblo más cercano. Poco a poco, llevaron vacas lecheras a la tierra despejada.

Echavarría dijo que se podría decir que no se habían dado cuenta de que había aves en ese terreno, pero que ahora saben que había nidos en esos árboles.

No tiene formación académica en ornitología y no habla ningún idioma aparte del español, pero espera que tanto Merlin, con sus imágenes de aves y sus nombres científicos, como Google Translate puedan salvar la brecha.

Dijo que las aves le estaban dando una calidad de vida que no había imaginado, y añadió que nunca se había dado cuenta de lo mucho que a las personas les importaban las aves.

Ahora que no pasa sus días talando árboles y tiene un par de años de experiencia como observadora de aves aficionada y más tiempo para estudiar, Echavarría puede explayarse sobre las pequeñas diferencias entre las especies.

La pareja dijo que recibían dos visitas por semana en su humilde propiedad, donde la gente busca un pájaro particularmente esquivo, el quetzal cabecidorado. El alojamiento que ofrecen es una pequeña casa de madera y bloques de hormigón, unida con un poco de cemento.

Hay tantas aves en la propiedad que Merlín apenas puede seguirles el ritmo. En el corredor, mientras desayunábamos huevos frescos de gallinero, arepas y leche con chocolate, vi una decena de especies en pocos minutos. Una nube baja y envolvente se acercó, y simplemente la respiré. Más abajo en la ladera se encuentran especies menos comunes, como el cacique lomiescarlata y el tucanete gorjiblanco.

Chris Wood, director de eBird, ha estado trabajando con gobiernos de todo el mundo, así como con otras organizaciones sin fines de lucro, para encontrar formas de poner a más personas como Echavarría en el mapa mundial de la observación de aves, literalmente.

"Tenemos que encontrar formas de mantener intactos los ecosistemas, en nuestro caso porque las aves migran y dependen de múltiples ecosistemas, a menudo a través de continentes", dijo. Los zorzalitos maculados, los turpiales de Baltimore y las reinitas de Kentucky, por ejemplo, pasan el invierno en Centroamérica, donde muchas áreas tienen altas tasas de deforestación, impulsadas por grandes corporaciones y pequeñas empresas familiares como la de Echavarría.

"Estos lugares tienen aves realmente increíbles, pero hasta ahora había pocas formas de conectar a un campesino de, digamos, Guatemala con un observador de aves aficionado de Nueva York", dijo.

Aun así, no todo el mundo admira a Merlin. Algunos observadores de aves tradicionales se resisten a convertir la observación de aves en una dinámica de juego, como lo propone la aplicación, algo así como coleccionar tarjetas de Pokémon, pues, según ellos, niega la simple apreciación de la naturaleza y la observación de un ave por el simple hecho de hacerlo.

Merlin también se basa en un sistema imperfecto para identificar aves. Te dice qué ave es más probable que estés escuchando. Pero confirmar la identidad de una especie requiere observación auditiva y visual, así como comprender las diferencias, a menudo sutiles, entre las especies.

"Si tu único conocimiento es lo que te dice Merlin, y Merlin se equivoca, acabas agravando el problema de la identificación errónea", afirmó Luis Germán Olarte, uno de los observadores de aves más reconocidos de Colombia. "La aplicación, en otras palabras, no te convierte en un observador de aves".

Echavarría va puliendo sus credenciales día a día. Mientras que su esposo puede llamar a cada una de sus 13 vacas lecheras por su nombre, ella imita los cantos de las aves de forma cada vez más convincente.

Se encuentra absorta al aire libre de la misma manera que muchos otros observadores de aves aficionados. Dijo que siente la necesidad de grabar cada sonido peculiar que escucha para identificarlo en Merlin.

Hace poco, se quedó silbando el canto de un quetzal cabecidorado, que Merlin describe como un "canto triste, un repetido 'jo joum, jo joum, jo joum'".

En cuestión de minutos, un macho juvenil pasó volando silenciosamente por encima de su cabeza y se posó en un árbol salpicado de bromelias y cuyas ramas estaban cargadas con los nidos caídos y entretejidos del cacique lomiescarlata.

Echavarría dio un grito ahogado y, sin la discreción silenciosa típica de la élite de la observación de aves, le gritó al quetzal: "¡Mi pichoncito! ¡Mi hijito! ¡Te extrañé!".

Max Bearak es un reportero del Times afincado en Colombia.

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