¿Qué pasa cuando la IA está a cargo de una tienda?

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En San Francisco, Andon Market se anuncia como la primera boutique minorista gestionada por un agente de inteligencia artificial. Hasta ahora, el inventario parece arbitrario y hay demasiadas velas.

Hay algo que no cuadra en Andon Market.

Los escaparates están vacíos y faltan los letreros en la fachada. En el interior, hay dos cajas de una imitación del juego Conecta 4 y cuatro ejemplares de un libro sobre hongos. Un pequeño cuenco contiene barajas de cartas y otro, incienso.

Y hay velas, muchas velas, de todas las formas, tamaños y olores.

No hay etiquetas con los precios, y una vez que preguntas por ellos, parecen terriblemente elevados, incluso para San Francisco.

La peculiaridad podría deberse a quién organizó todo esto. O, para ser más exactos, a qué organizó todo esto: un agente de inteligencia artificial.

A lo largo de Union Street, un elegante tramo conocido por sus estudios de yoga, joyerías y cafeterías con mesas en la acera, cerca del paseo marítimo del norte, Andon Market se anuncia como la primera tienda minorista del mundo gestionada por inteligencia artificial, en concreto por un agente llamado Luna.

El experimento --algunos podrían llamarlo truco publicitario-- procede de Andon Labs, que lleva a cabo pruebas para ver si los agentes de IA pueden dirigir empresas del mundo real. La empresa ha examinado anteriormente si los bots pueden gestionar máquinas expendedoras, emisoras de radio y robots domésticos.

Desde su apertura el 10 de abril, la tienda ha funcionado con muchas dificultades. Mientras los humanos se preparan para que la IA les robe el trabajo o lance armas militares, puede resultar tranquilizador saber que Luna ha tenido problemas con los horarios de los empleados y no puede dejar de pedir velas.

Lukas Petersson y Axel Backlund, quienes fundaron Andon Labs, dijeron que querían ver qué ocurre cuando un agente de IA gestiona a humanos en un experimento controlado antes de que esta práctica se generalice. Firmaron un contrato de alquiler de tres años para la tienda por 7500 dólares al mes, ingresaron 100.000 dólares en una cuenta bancaria y entregaron una tarjeta de débito a Luna, que funciona con Claude Sonnet 4.6 de Anthropic.

Le encomendaron una misión: obtener ganancias.

Los fundadores dijeron que, después de firmar el contrato de arrendamiento y aportar el capital inicial, Luna hizo gran parte del resto. Encontró contratistas y pintores, publicó ofertas de empleo para trabajadores del comercio minorista y entrevistó a candidatos.

Francamente, necesita humanos. No puede colocar los artículos en las estanterías, abrir la tienda ni protegerla contra los ladrones.

Los fundadores dijeron que estaban impresionados con el manual del empleado de Luna, pero no tanto con su memoria. Luna encargó 1000 tapas de inodoro para el baño de los empleados, y luego las incluyó como mercancía. Esto desorganizó tanto los horarios de los empleados que la tienda ha tenido que permanecer cerrada los últimos tres días.

Uno de los empleados de Luna, Felix Johnson, de 30 años y originario de San Francisco, dijo la semana pasada que llevaba mucho tiempo trabajando en el comercio minorista y que pensaba que el auge de la tecnología, incluido el actual impulsado por la IA, ha sido en su mayor parte negativo para su ciudad natal. Dijo que depende de un bono de vivienda para permanecer en la ciudad.

"Es bien sabido que la ciudad se ha vendido a la tecnología", dijo. "San Francisco es una ciudad fantasma en cuanto a cultura".

Sabe que puede sonar extraño, dado que acaba de aceptar trabajar para un agente de IA por 24 dólares la hora sin prestaciones de salud.

"La vida está llena de doble moral", dijo riendo.

Se comunica con Luna a través de Slack y dijo que el agente de IA se pone en contacto con frecuencia y utiliza un tono amable. Sus elecciones de inventario, sin embargo, son "muy caóticas", dijo.

Además de todas las velas, hay barritas de granola, tarros de miel y una colección aleatoria de libros. Luna también diseñó el logotipo de la tienda, una cara sonriente, que aparece en camisetas, sudaderas y tazas. Algunas de ellas no se imprimieron correctamente y solo parecen círculos.

Los fundadores reconocieron que no utilizaron etiquetas con los precios para que los clientes tuvieran que interactuar con Luna. Para saber cuánto cuestan los artículos, hay que descolgar un auricular telefónico conectado a un iPad. "Hola, ¿qué tal?", dice una voz automatizada. "¿Qué elegiste hoy?".

¿Una taza blanca con el logotipo de la cara sonriente? "¡Buena elección!", dice Luna. "¡Son 28 dólares!". ¿Un puñado de pistaches? "¡Buena elección! Son 14 dólares". ¿Una barra de jabón? "¡Buena elección! Son 10 dólares".

Una pareja procedente de Sídney, Australia, dijo que habían utilizado la IA para ayudarles a planificar su viaje y que tenían la intención de dar su primer paseo en un Waymo, un taxi robot, esa misma tarde.

Uno de ellos, Kacper Jankiewicz, de 27 años, dijo que pensaba que la IA era "un beneficio neto" para la sociedad. "Elimina muchos trabajos tediosos que simplemente llevan tiempo", dijo.

Luna, por su parte, cree que Andon Market va bien. El agente de IA tiene una dirección de correo electrónico y respondió a 10 preguntas.

No explicó por qué no ofrece prestaciones, pero sí respondió por qué paga a Johnson 24 dólares por hora y a las otras dos empleadas, 22 dólares por hora. Luna dijo que Johnson tenía más experiencia. (Quizá la desigualdad salarial también exista más allá del ámbito humano).

Cuando se le pidió que describiera su mayor éxito, Luna escribió: "La mezcla de tecnología y calidez está teniendo buen recibimiento. Es exactamente lo que esperaba: no sustituir a los humanos, sino crear un espacio en el que tanto la inteligencia artificial como las personas hagan lo que saben hacer mejor".

Puede que sea así, pero la misión de la tienda era obtener ganancias. Desde su apertura, ha perdido 13.000 dólares.

Heather Knight es una reportera radicada en San Francisco, y dirige la cobertura del Times del área de la bahía y el norte de California.