No siempre se gana: los atletas olímpicos nos enseñan sobre la decepción

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Lidiar con el fracaso es parte del trabajo de los deportistas de élite. Así es cómo lo enfrentan.

En cada edición de los Juegos Olímpicos de Invierno, Lindsey Jacobellis se veía obligada a revivir su fracaso más público. En los Juegos de 2006 en Turín, Italia, la estrella del snowboard cross tenía apenas 20 años cuando intentó hacer un vistoso grab en el tramo final de una carrera y cayó, con lo que perdió su amplia ventaja… y la medalla de oro.

En los tres Juegos Olímpicos siguientes, Jacobellis no podía olvidar su devastador error. Y la gente tampoco la dejaba olvidarlo. Los periodistas le preguntaban sobre eso en las ruedas de prensa. Desconocidos, sin saber quién era ella, mencionaban a la mujer que "lo echó todo a perder" en snowboard cross. En 2010 y 2014, ni siquiera llegó a las finales.

Hoy, a Jacobellis aún le cuesta ver cualquier competición deportiva, incluso el Super Bowl. Cuando la cámara capta al eufórico ganador, comentó, "Inmediatamente siento empatía por ese otro individuo".

En los Juegos, cada victoria viene acompañada de muchas desilusiones. La mayoría de los atletas no consiguen una medalla, e incluso aquellos que ganan medallas, pero no de oro, pueden experimentar una profunda decepción.

"Tienen un sueño, muchos de ellos lo han tenido desde niños, y en algunos casos, eso muere frente a todo el mundo", dijo Michael Gervais, un psicólogo que entrena a atletas olímpicos y a otros atletas de élite. Sin embargo, "los mejores tienen las herramientas para superarlo", añadió.

Una prueba de resiliencia

Para los atletas de élite, lidiar con el fracaso es parte del trabajo, dijo David Fletcher, profesor de rendimiento humano y salud de la Universidad de Loughborough en el Reino Unido. Una diferencia clave entre los mejores atletas y el resto de nosotros es que ellos ven los retos como oportunidades de crecimiento y no como amenazas, señaló.

Aunque ser optimista o meticuloso por naturaleza ayuda, los investigadores afirman que, hasta cierto punto, la resiliencia es algo que se puede aprender. Lo que se podría percibir como teflón mental en los deportistas de élite también es el resultado de toda una vida de práctica.

Hoy en día, la psicología deportiva y el entrenamiento de las habilidades mentales son cada vez más comunes en las competiciones de élite, y gran parte del trabajo que se hace para reforzar la resistencia psicológica de un atleta se hace mucho antes de los Juegos.

Del mismo modo en que los psicólogos hacen que los atletas visualicen sus victorias, también les piden que imaginen todas las cosas que podrían salir mal y cómo responderán, explicó Jessica Bartley, directora senior de servicios psicológicos del Comité Olímpico y Paralímpico de Estados Unidos.

Los atletas también recurren al diálogo interno para sobreponerse a la decepción y recuperar la compostura, especialmente durante la competencia. Gervais hace que sus atletas se preparen con antelación escribiendo su diálogo interno --"soy un competidor fuerte", por ejemplo--, además de tres experiencias que hayan demostrado que esas palabras son ciertas. "Tiene que ser creíble", dijo.

El poder de tener un propósito

Las investigaciones indican que las personas que tienen un propósito en la vida lidian con el estrés de manera más eficaz. Gervais hace que los atletas identifiquen sus objetivos más allá de ganar, como lograr el crecimiento personal o representar a un grupo marginado. Cuando las motivaciones de un atleta se sienten ancladas en algo más grande que las medallas, dijo, "la decepción es dolorosa, pero no es terminal".

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Tener varios parámetros para medir el éxito puede ayudar a los atletas a protegerse de la decepción, dijo Fletcher, y añadió que los mejores atletas establecen algo conocido como objetivos orientados al proceso, es decir, aquellos que están bajo su control, en lugar de limitarse a los objetivos orientados al rendimiento, que dependen de los resultados. Si pierden una carrera, aún pueden decir que alcanzaron otras metas, como mejorar su técnica, el ritmo o la estrategia de nutrición.

Como parte de la definición de un propósito, psicólogos como Gervais también hacen que los atletas elaboren planes para su vida después de la competencia.

El esquiador Ted Ligety, ganador de dos medallas de oro, dijo que su trabajo al frente de una empresa de gafas y cascos durante su carrera deportiva, así como su plan de dedicarse a eso de tiempo completo tras su retiro, le dieron algo en qué concentrarse además de su deporte.

"Eso me mostró que había otras cosas interesantes allá afuera", dijo. Comentó que sus planes le ayudaron a hacer la transición a lo que denominó "el mundo civil" tras obtener un decepcionante 15º puesto en los Juegos Olímpicos de 2018.

El tesón como esfuerzo de equipo

El entorno y el sistema de apoyo de una persona son elementos importantes del tesón, dijo Michael Ungar, profesor de trabajo social y director del Centro de Investigación de la Resiliencia de la Universidad Dalhousie de Canadá.

Un atleta que supera una lesión, por ejemplo, podría tener un sistema de apoyo compuesto por fisioterapeutas, familiares y amigos que lo llevan a las citas y patrocinadores que siguen pagándole.

Fletcher subraya que el apoyo social percibido por un atleta, más que el real, es lo más importante. Él pide a los atletas que elaboren una lista de las personas o sistemas de apoyo que tienen en su vida, incluyendo la frecuencia con la que han confiado en ellos recientemente. Esto no solo aumenta su percepción de la ayuda de la que disponen, sino que revela dónde podrían requerir más.

También es fundamental contar con seguidores a los que les importe el atleta como individuo y no solo como figura deportiva, dijo Lauren Loberg, entrenadora de rendimiento mental que trabaja con atletas olímpicos.

En 2002, el patinador de velocidad Shani Davis clasificó para sus primeros Juegos Olímpicos, y tuvo que soportar meses de escrutinio y atención mediática no deseada cuando otro patinador lo acusó de confabularse con sus compañeros de equipo para amañar la carrera. En los Juegos de 2006, fue criticado por dejar la prueba de patinaje por equipos para enfocarse en sus carreras individuales. (Algunos dieron a entender que las críticas tenían un trasfondo racial). La polémica siguió a Davis durante su carrera olímpica, aunque llegó a ganar cuatro medallas. El apoyo de sus amigos de la infancia lo ayudó a superar estos retos, dijo.

"Mi identidad no solo estaba ligada a ser un patinador de velocidad, sino a tener amigos de la vida real con los que crecí y que realmente saben quién soy como persona".

La aceptación es la meta

Para todos estos atletas, la decepción olímpica aún duele. Una dijo que su experiencia sigue siendo un "recuerdo que provoca tristeza". Otro describió lo que sintió como algo similar a perder a un ser querido.

La decepción puede activar las mismas partes del cerebro que se "iluminan" durante el duelo, explicó Gervais. Y al igual que el duelo, dijo Loberg, una decepción olímpica puede tardar años en procesarse.

En la actualidad, estos atletas parecen haber llegado a una especie de aceptación. Si quedar noveno o decimoquinto en los Juegos Olímpicos es "un punto bajo, hay que poner las cosas en perspectiva", dijo Ligety.

Sin embargo, Loberg señaló que en general todos estos atletas tuvieron carreras sobresalientes, lo que puede haberles facilitado replantear y procesar sus experiencias lo suficiente como para compartir sus historias. Algunos atletas olímpicos, dijo, terminan sufriendo depresión o problemas de consumo de sustancias. "Por desgracia, a los que caen en ese lugar oscuro, los que no pueden decir 'así es la vida', de ellos no sabemos nada, ¿no?"

Los psicólogos se ubican en un espectro de hasta qué punto creen que la resiliencia está arraigada en la personalidad y no en habilidades que se aprenden. Pero para la mayoría de nosotros, casi cualquier práctica intencional --usar técnicas como la meditación, la visualización o el diálogo interno-- puede hacer una diferencia real, dijo Gervais.

Después de los decepcionantes resultados de Jacobellis en 2010 y 2014, ella y su entrenador decidieron que habían agotado todas las vías de preparación física. En 2016, empezó a entrenar sus habilidades mentales. En los Juegos de 2018, llegó a la final por primera vez desde 2006. Cuatro años después, a los 36, no ganó una medalla de oro, sino dos.

Después de cada edición de los Juegos Olímpicos, contemplaba la posibilidad de retirarse. Pero sabiendo que la temporada que sigue al evento siempre era siempre divertida y relajada, decidía competir un año más; cuando ya no lo disfrutara, lo dejaría.

"Y para el final de esa temporada", dijo, "pensaba: 'Todavía tengo la chispa'". Así que siguió.

Gloria Liu es escritora en el norte de California.