Una pérdida, un duelo y un intento de récord mundial a los 81 años

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En una mañana nevada de enero en Colorado, Bonnie Sumner, de 81 años, hizo unas cuantas repeticiones en la máquina de dominadas asistidas para calentar los músculos de la espalda.

Llevaba unos pantalones cortos de spandex con estampado floral y un sujetador deportivo verde, y su tarea ese día era sencilla pero en absoluto fácil: aguantar en una barra de dominadas durante dos minutos y dos segundos. Si lo conseguía, obtendría el Récord Guinness del mayor tiempo colgada para una mujer de más de 80 años.

Colgarse de una barra de dominadas es un ejercicio excelente para desarrollar la fuerza de agarre, pero rápidamente puede resultar agotador y doloroso. El tiempo se estira hasta volverse lento conforme las manos te duelen y luego sudan.

"Lo único que me preocupa son mis manos y cuánto me va a doler", dijo Sumner, que tiene artritis. Además, a diferencia de muchos de los que van al gimnasio, siempre lleva puesto su anillo de casada mientras está colgada.

Lo lleva en memoria de su esposo, con quien estuvo por 60 años, Mark, quien murió en diciembre de 2023. La pérdida trastornó su mundo, pero Sumner no es una persona que se pierda en el dolor. Aborda la vida de forma pragmática, problema a problema. Planificó un funeral, liquidó la herencia de su esposo y volvió al gimnasio al mes siguiente.

Allí descubrió un talento extraordinario, y dos años después, casi por accidente, intentó batir un récord mundial.

Una vida juntos

Sumner y Mark crecieron en Queens, pero se conocieron en un campamento de verano en Pensilvania cuando eran adolescentes. Se casaron en 1963, se trasladaron a Milwaukee a principios de la década de 1970 y tuvieron cuatro hijos.

Mark era un abogado fiscalista con un áspero sentido del humor que fascinaba a su esposa, que se quedaba en casa. "Era capaz de hacerte reír incontrolablemente con una cara perfectamente seria", dijo Sumner, quien conserva rastros de su acento neoyorquino, sobre todo cuando pronuncia el nombre de su esposo.

Cuando los niños se fueron de casa, en 2008, Sumner convenció a Mark para que se mudaran a Woodland Park, Colorado. Construyeron una casa en la cima de una montaña con vistas a Pikes Peak y pasaron casi dos décadas juntos haciendo senderismo por los alrededores y leyendo juntos en el sofá.

También conocieron a Eve Lawrence, quien primero se convirtió en la entrenadora de Sumner y luego en una amiga íntima. Sumner nunca se consideró muy atlética, pero levantaba pesas por motivos de salud y empezó a entrenar fuerza con Lawrence en 2016. Mark empezó unos años más tarde.

Entonces, un día de finales de 2023, Mark colapsó. Era cáncer. Durante los tres meses siguientes estuvo entrando y saliendo del hospital. Murió el 23 de diciembre, dos días antes de Navidad. Sumner estaba en estado de shock, afligida y sola en su casa. Empezó a usar las camisetas interiores de Mark y sus pantalones de mezclilla favoritos.

A principios de 2024 volvió a su rutina semanal de levantamiento de pesas. El gimnasio se convirtió en un refugio del sombrío trabajo de la viudez: el papeleo, el cierre del negocio de Mark, el empaquetado de su ropa.

"Empecé a entrenarla más duro de lo que nunca la había entrenado", dijo Lawrence. "Porque sé lo que el fitness puede hacer por nosotros mental y emocionalmente".

Dominar la suspensión en la barra

En julio de ese año, Sumner leyó sobre los beneficios para la salud de colgarse en la barra: cómo eso estaba relacionado con la longevidad y podía ayudar a las personas a realizar tareas cotidianas a medida que envejecían. Nunca había oído hablar de eso, pero se preguntaba cómo estaría su fuerza de agarre tras años de palear nieve.

Le llevó el artículo a Lawrence, quien accedió a que lo probara. La mayoría de sus clientes de entre 40 y 50 años conseguían unos cuatro segundos en su primer intento, y 10 segundos si eran inusualmente fuertes.

Sumner, que mide 1,70 m y pesa 75 kg, se colgó durante 21 segundos.

Después de eso, colgarse de la barra formó parte de cada sesión. "Cuando duré 53 segundos, me dolieron mucho las manos y me dije: 'Esto no es divertido'", dijo Sumner. Pero, como ella misma admite, tiene una vena obstinada. "¿De verdad vas a decirme que no puedo hacer tres segundos más?", dijo.

En febrero de 2025, se quedó en 2:01. A insistencia del dueño del gimnasio, Ryan Baade, buscó el récord mundial de suspensión en barra para su grupo de edad. Era de poco más de dos minutos.

Así que Sumner empezó a entrenar, añadiendo a su rutina las cargadas de granjero, los ejercicios de remo en máquina y los press de banca. Aprendió que cruzar los tobillos le ayudaba a trabajar la parte inferior del cuerpo mientras se colgaba. El entrenamiento se convirtió en un alivio para su duelo.

"Había tantas cosas que no podía controlar, retos que tenía que hacer me gustaran o no", dijo. "Esto es control. Me encanta, y sé que puedo hacerlo".

Mientras tanto, Lawrence y Baade pasaron por el proceso de solicitud del Récord Mundial Guinness. Su entrenamiento fue tan bien que pronto Sumner no solo intentaba romper el récord, sino destruirlo.

En busca de un récord mundial

Tal vez el mayor reto cuando se está colgando de una barra sea mental, luchar contra el deseo de fijarse en el reloj. Al principio, Sumner se centraba solo en no desplomarse de dolor por la artritis. Luego aprendió a concentrarse en otras cosas: en contar repetidamente hasta 10 o, a medida que se acercaba el intento, en su atuendo y el tiempo.

El día del intento para conseguir el Guinness, a principios de este mes, Sumner aguantaba regularmente 2:45, pero quería más.

Mientras ella se frotaba tiza líquida en las manos conforme empezaba a formarse una multitud de asiduos al gimnasio, Lawrence la apartó y le dijo: "Te colgarás durante tres minutos. Estás preparada para esto. Estás hecha para esto".

Sumner dijo a la multitud que necesitaba silencio absoluto. Entonces saltó a la barra, cerró los ojos y cruzó los pies.

Durante los dos primeros minutos, el único sonido fue el de Lawrence dando actualizaciones de 30 segundos. A los 2:00, la parte superior del cuerpo de Sumner empezó a temblar, y a los 2:22 dijo una palabra: "Ay". Podría haber abandonado en ese momento y haberse ganado el récord mundial, pero Sumner siguió aguantando.

A los 2:30, Sumner abrió los ojos. Le pidió a Lawrence que le dijera cuando llegara a 2:45. Sus manos empezaron a resbalar, pero siguió colgada.

Finalmente, en la marca de 3:03, con calambres en la pantorrilla, Sumner se soltó y se dejó caer. Había batido el tiempo anterior en más de un minuto. Y así, sin más, todo había acabado. Lawrence la abrazó. Sumner recogió su botella de agua y se alejó de la multitud. Era martes y tenía que devolver libros de la biblioteca.

Cuando le preguntaron qué significaba el récord para ella, pensó un momento y dijo: "Nunca es demasiado tarde para empezar a hacerse más fuerte".

Luego entró en el vestuario y se puso tranquilamente los viejos pantalones de mezclilla de Mark.