En el estreno de 'Melania', el presidente ve 'glamour' y otros ven corrupción

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Amazon pagó a la productora de Melania Trump 40 millones de dólares por la película y luego pagó otros 35 millones para promocionarla.

El presidente Donald Trump, Melania Trump y los altos cargos de su gobierno acudieron el jueves por la noche al Centro John F. Kennedy de Artes Escénicas para el estreno de Melania, un documental producido por la primera dama.

"Es glamuroso, muy glamuroso", explicó el presidente mientras su esposa posaba para las fotos frente a unas enormes y brillantes letras sans serif que deletreaban su nombre.

"Necesitamos algo de glamour", añadió Trump.

Pero lo que algunos vieron como glamour, otros lo vieron como un flagrante acto de corrupción empresarial. Amazon pagó 40 millones de dólares a la productora de la primera dama por los derechos de la película y luego desembolsó otros 35 millones para promocionarla. El presupuesto de mercadotecnia de la película es 10 veces superior al que generalmente recibiría otro gran documental.

Mientras Trump desfilaba entre gritos de periodistas y fotógrafos por la alfombra roja --en realidad, la alfombra era negra, en consonancia con la preferencia de su esposa por todo en blanco y negro--, le preguntaron si todo el asunto no era en realidad un intento del fundador de Amazon, Jeff Bezos, y sus ejecutivos para congraciarse con el gobierno de Trump.

"No lo sé, la verdad. No estoy involucrado", dijo. "Se hizo con mi esposa. Creo que es una película muy importante. Muestra la vida en la Casa Blanca. De hecho, es algo muy relevante".

Otro periodista que intentó preguntarle por el desorbitado precio de la película obtuvo una respuesta ligeramente distinta. "Creo que tienes que ir y preguntarle al presidente Obama, a quien pagaron mucho dinero y no ha hecho nada", respondió Trump. "Si echas un vistazo a otros, les han pagado mucho dinero, pero ella es alguien, Melania, que realmente ha producido, ha hecho algo grande".

Dijo que Melania era "una obra muy importante".

La obra parecía casi irrelevante. La noche no trataba de cine, sino de poder. Todo el espectáculo fue una vívida manifestación del control que Trump ejerce sobre su partido y sobre esta ciudad.

Las altas esferas de la estructura de poder de Washington --miembros del gabinete, senadores y el presidente de la Cámara de Representantes-- acudieron en una temperatura de -10 grados Celsius a un edificio del que Trump tomó el control y al que dio su nombre para ayudarle a celebrar la película que su esposa produjo sobre sí misma.

Fue la tremenda noche de cine de los Trump en el Trump Center. Preparen las golosinas.

Se presentó la mitad del gabinete del presidente. Estaban el secretario de Defensa, Pete Hegseth; la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins; y el secretario de Interior, Doug Burgum. Y estaba Robert F. Kennedy Jr., el secretario de Salud. El edificio en el que se encontraba se construyó en memoria de su tío asesinado, el presidente John F. Kennedy. ¿Qué pensaba su sobrino de que Trump rebautizara el lugar con el nombre de "Centro Kennedy Trump"?

"Se hizo como monumento conmemorativo para la nación porque mi tío está profundamente comprometido con las artes", respondió Kennedy, "y creo que el presidente Trump también está comprometido con las artes".

Uno de los primeros en aparecer fue el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson. Le preguntaron si tenía alguna teoría sobre por qué Amazon pagó 75 millones de dólares para hacer y comercializar Melania.

"Bueno, se trata de la primera dama de los Estados Unidos", dijo. "Es un proyecto importante para la historia y en todos los demás sentidos, y, ya sabes, creo que vale la pena la inversión, y creo que valdrá la pena".

¿Valdrá la pena cómo, exactamente?

"Creo que el componente de educación pública es un aspecto inestimable de esta película, y sospecho que también recuperarán su inversión", respondió Johnson.

Los acuerdos comerciales de Trump y gran parte del despliegue de la película fueron orquestados por su agente y guardián de toda la vida, Marc Beckman, quien estuvo en el estreno. A principios de semana, concedió una entrevista al Times de Londres en la que dijo algo revelador sobre lo que describió como "la visión de Melania".

Beckman dijo que, primero con su libro y ahora con los materiales de mercadotecnia que diseñó para la película, Melania Trump estaba perfeccionando un ideal estético --"muy simétrico, ángulos rectos, blanco y negro"-- que, en última instancia, tenía como objetivo "apoyar esta marca de lujo que está construyendo".

Sin duda, fue un momento interesante para que el gobierno de Trump extendiera a sí mismo la alfombra negra.

Hace dos días, el presidente fue a Iowa para tratar de calmar las ansiedades económicas del país. Su jefe de gabinete acaba de anunciar que empezará a viajar para hacer algo así una vez a la semana.

Sus funcionarios saben que tienen problemas: una nueva encuesta publicada la semana pasada por The New York Times y la Universidad Siena reveló que solo el 24 por ciento de los votantes pensaba que Trump había hecho la vida más asequible. Menos de un tercio de los votantes piensa que el país está mejor que cuando él volvió a la Casa Blanca hace un año.

"Quizá tenga malos encargados de relaciones públicas", dijo Trump la semana pasada, "pero no estamos logrando transmitirlo".

En el estreno, Alina Habba, exabogada personal de Trump que ejerció durante un breve periodo como fiscala de Estados Unidos en Nueva Jersey hasta que los tribunales consideraron ilegal su nombramiento, se quejó ante los periodistas de que Vogue aún no haya hecho una portada con Melania Trump como primera dama. Mientras Habba arremetía contra la publicación de Condé Nast, Mehmet Oz, quien supervisa Medicaid y Medicare, entró junto a Steve Witkoff, el enviado especial del presidente que actualmente intenta poner fin a varias guerras en todo el mundo.

El estreno tuvo lugar durante una semana en la que el gobierno se encontró en la cuerda floja debido al derramamiento de sangre en Mineápolis, donde agentes fronterizos dispararon y mataron a dos ciudadanos estadounidenses. Sin embargo, dijo un funcionario de la Casa Blanca, nunca se consideró siquiera la posibilidad de reprogramar el estreno.

A Trump le preguntaron en el estreno si iba a retirarse en Minnesota. "No, no", dijo. "En absoluto".

Casi todos los altos funcionarios de la Casa Blanca acudieron con sus cónyuges. Los empleados más jóvenes del ala oeste, con la esperanza de conseguir entradas, enviaron correos electrónicos a sus homólogos del ala este preguntando si podían conseguirlas.

La lista de invitados corrió a cargo de la oficina de la primera dama y de Amazon, aunque en una ciudad que gira en torno a la proximidad al presidente, ser invitado o no al estreno de la película de su esposa se convirtió en sí mismo en una especie de referendo de estatus. Los republicanos con buenas conexiones en diversos organismos comentaron durante toda la semana sobre quién había conseguido entradas. Los verdaderos VIP fueron invitados a la fiesta posterior no oficial que se celebraba en el club solo para socios de Donald Trump Jr. en la cercana Georgetown.

Dentro del teatro, la primera dama subió al escenario para dirigirse a su público. "Algunos han calificado esto de documental", dijo. "No lo es".

¿No lo es?

"Es una experiencia creativa que ofrece perspectivas, puntos de vista y momentos", dijo Melania Trump. Luego dio las gracias a su marido. El público le dedicó una gran ovación.

Shawn McCreesh es un reportero del Times que cubre el gobierno de Trump.