Trump amenaza a Irán con una 'armada enorme' e impone una serie de exigencias

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Funcionarios estadounidenses y europeos afirman que han planteado tres exigencias a los iraníes, incluido el fin permanente de todo enriquecimiento de uranio.

El presidente Donald Trump intensificó bruscamente el miércoles sus amenazas contra Irán, indicando que, si no accedía a una serie de exigencias que su gobierno había planteado a los dirigentes del país, pronto podría organizar un ataque "con rapidez y violencia".

La amenaza de Trump de un segundo ataque directo contra Irán por parte de las fuerzas estadounidenses en ocho meses se produjo mientras el portaaviones Abraham Lincoln, junto con otros buques de guerra, bombarderos y aviones de combate, tomaba posiciones en la región a una distancia de ataque del país. Trump comparó explícitamente la acumulación con las fuerzas que reunió cerca de Venezuela a finales del año pasado, justo antes de la operación que apresó a Nicolás Maduro y a su esposa en plena noche a principios de enero.

Trump no dio detalles sobre el acuerdo que exigía y solo dijo que una "armada enorme" se dirigía hacia Irán y que el país debía llegar a un acuerdo. Pero funcionarios estadounidenses y europeos afirman que, en las conversaciones, han planteado tres exigencias a los iraníes: el fin permanente de todo enriquecimiento de uranio y la eliminación de sus reservas actuales, la limitación del alcance y el número de sus misiles balísticos, y el fin de todo apoyo a los grupos interpuestos en Medio Oriente, incluidos Hamás, Hizbulá y los hutíes que operan en Yemen.

En estas exigencias --y en la publicación de Trump en Truth Social el miércoles por la mañana-- brillaba por su ausencia cualquier referencia a la protección de los manifestantes que salieron a la calle en Irán en diciembre, convulsionando el país y creando la última crisis para su gobierno. Trump había prometido, en publicaciones anteriores en las redes sociales, acudir en su ayuda, pero apenas los ha mencionado en las últimas semanas.

Irán afirma que el número de víctimas mortales ascendió a 3117, pero los grupos de derechos humanos afirman que esa cifra subestima enormemente el número real de muertos. Sus cifras oscilan entre 3400 y 6200, pero afirman que, una vez que se acaben los cortes de internet, es probable que aumenten significativamente.

Trump se ha sentido envalentonado desde el éxito inicial en Venezuela y estaba utilizando claramente la amenaza de una decapitación similar del régimen iraní en un esfuerzo por intimidar a los dirigentes clericales del país y al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, sus fuerzas militares de élite.

Hace tan solo dos semanas, Trump parecía estar a punto de emprender una acción militar, que suspendió solo al recibir garantías de Irán de que no ahorcaría a lo que dijo que eran 800 manifestantes que iban a ser ejecutados. Funcionarios iraníes dijeron que esa cifra era errónea y que los manifestantes, aunque detenidos, no habían sido juzgados ni condenados.

Los intercambios de aquel día revelaron a los estadounidenses la fragilidad del sistema iraní. El ministro de Asuntos Exteriores del país, Abbas Araghchi, diplomático y político iraní de larga trayectoria, tuvo que solicitar permiso para hablar con Steve Witkoff, el enviado especial de Trump. Al final, tuvo que comprometerse a través de un tercero a que Irán no planeaba ejecuciones inminentes, porque tenía prohibidas las comunicaciones formales y directas con Estados Unidos.

Un funcionario que estuvo muy implicado en los intercambios dijo más tarde que la autoridad de Araghchi parecía muy limitada. Y, como siempre ocurre en el sistema iraní, existe una pugna constante entre la oficina del Líder Supremo, la Guardia Revolucionaria y la oficina del presidente, Masoud Pezeshkian, para quien trabaja Araghchi. Pero las cuestiones clave de la política exterior las decide el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, de 86 años.

El miércoles, hablando con periodistas iraníes a las puertas del Ministerio de Asuntos Exteriores en Teherán, Araghchi dijo que Irán no había solicitado una reunión con Estados Unidos y que él y Witkoff no habían estado en contacto en los últimos días. Dijo que Irán no había tomado una decisión sobre las negociaciones, aunque varios países estaban intentando de buena fe mediar entre Teherán y Washington.

"Nuestra postura es que la diplomacia no puede ser eficaz ni lograr resultados mediante amenazas militares", dijo. "Si quieren que se celebren negociaciones, tienen que dejar definitivamente de lado las amenazas, las demandas excesivas y las exigencias poco realistas", dijo Araghchi. Añadió que una guerra entre Irán y Estados Unidos sería desestabilizadora para toda la región y que los países de Medio Oriente estaban en contra de ella.

Araghchi lanzó una advertencia a Estados Unidos hace una semana, escribiendo que "una confrontación total será sin duda desordenada, feroz y se prolongará mucho, mucho más que los plazos de fantasía que Israel y sus apoderados intentan vender a la Casa Blanca". Añadió que "Estados Unidos ha intentado todos los actos hostiles imaginables, desde sanciones y ciberataques hasta ataques militares directos".

El miércoles fue más allá, escribiendo en las redes sociales: "Nuestras valientes Fuerzas Armadas están preparadas ―con los dedos en el gatillo― para responder inmediata y poderosamente a CUALQUIER agresión contra nuestra amada tierra, aire y mar".

El contralmirante Ali Shamkhani, jefe de un órgano que se creó recientemente y supervisa las operaciones militares, dijo en un mensaje en las redes sociales que cualquier ataque de Estados Unidos contra Irán se consideraría un acto de guerra, y que Irán respondería enérgicamente y tendría como objetivo a Tel Aviv.

El secretario de Estado, Marco Rubio, dijo el miércoles a los legisladores que la acumulación de fuerzas en torno a Irán era, en gran medida, defensiva, porque decenas de miles de soldados estadounidenses en la región estaban "al alcance de drones y misiles balísticos unidireccionales iraníes". Dijo que era "sabio y prudente" aumentar la presencia estadounidense, pero que la fuerza estadounidense también podía "actuar preventivamente" contra Irán.

"Espero que no se llegue a eso", dijo.

Pero Rubio dijo que, si el régimen cayera, no habría una "respuesta sencilla" sobre lo que ocurriría a continuación.

"Es una pregunta abierta", dijo Rubio. "Es decir, nadie sabe quién tomaría el relevo".

En la última semana, las negociaciones no han avanzado, según los funcionarios, y no hay indicios de que los iraníes se dispongan a ceder ante las exigencias de Trump. Cada una de ellas socavaría las menguantes facultades del país tras una guerra de 12 días con Israel en junio, que terminó con un ataque aéreo estadounidense contra tres importantes instalaciones nucleares iraníes, en Natanz, Fordo e Isfahán.

Los tres emplazamientos eran fundamentales para la enorme infraestructura nuclear que Irán había construido a lo largo de más de un cuarto de siglo. Aunque Trump ha afirmado en repetidas ocasiones que el programa nuclear había quedado "obliterado", su propia estrategia de seguridad nacional, publicada en otoño, adoptó una postura más comedida, afirmando que el ataque de junio "degradó significativamente el programa nuclear iraní".

La primera exigencia, que Irán renuncie a todo su enriquecimiento y a sus actuales reservas de uranio enriquecido, sería difícil de supervisar. En el acuerdo nuclear de 2015 que Irán alcanzó con el gobierno de Barack Obama, renunció a aproximadamente el 97 por ciento de sus reservas de uranio, que fueron enviadas fuera del país.

Las instalaciones de enriquecimiento primario de Natanz y Fordow sufrieron graves daños el pasado mes de junio, y es poco probable que vuelvan a abrirse. Pero es posible enriquecer uranio --aumentando su pureza-- en instalaciones pequeñas y fáciles de ocultar. Si Irán pudiera acceder al uranio ya enriquecido al 60 por ciento de pureza ―poco menos que apto para bombas― que quedó enterrado en los ataques, podría fabricar combustible suficiente para un conjunto de armas. Hasta ahora, según funcionarios de inteligencia estadounidenses y europeos, no hay indicios de que Irán haya logrado ese acceso al combustible, que había enterrado profundamente para su custodia.

La segunda exigencia, limitar el alcance y el número de misiles balísticos, haría prácticamente imposible que Irán alcanzara territorio israelí. Esos misiles son el último elemento disuasorio del arsenal iraní contra un nuevo ataque de Israel. Tal ataque no parece inminente, pero el primer ministro Benjamín Netanyahu ha amenazado con nuevas acciones si Irán vuelve a armarse.

La tercera exigencia, que implica interrumpir el apoyo a las fuerzas afines, puede ser la más fácil de cumplir para Irán. La propia economía iraní está profundamente debilitada, su moneda ha caído a nuevos mínimos y el gobierno tiene poco con qué gastar en sus otrora aliados, quienes se tambalean ante los intensos ataques de Israel. Mehdi Mohammadi, asesor principal del presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, dijo en la televisión estatal el martes por la noche que las condiciones de Washington no eran aceptables para Irán y equivaldrían a una derrota.

"Lo que Witkoff está diciendo sería esencialmente que Irán se rindiera", dijo. "Esto se traduce en 'desármense para poder atacarlos cuando queramos'".

David E. Sanger cubre el gobierno de Donald Trump y una amplia gama de temas relacionados con la seguridad nacional. Ha sido periodista del Times durante más de cuatro décadas y ha escrito cuatro libros sobre política exterior y retos de seguridad nacional.

Tyler Pager es corresponsal del Times en la Casa Blanca, donde cubre al presidente Donald Trump y su gobierno.

Farnaz Fassihi es la jefa del buró del Times para las Naciones Unidas y dirige la cobertura sobre la organización. También cubre y ha escrito sobre Medio Oriente por más de 15 años.