Petro temía un ataque de EE. UU. a Colombia. Entonces llamó Trump

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La conversación habría apaciguado una crisis que estalló después de que el presidente de EE. UU. dijo que una acción militar contra Colombia "suena bien". El mandatario colombiano habló con The New York Times justo antes de la llamada.

Después de autorizar la operación para destituir al líder de Venezuela, el presidente Donald Trump pareció poner su atención en otros países, entre ellos Colombia. El domingo, calificó a su presidente, Gustavo Petro, de "hombre enfermo" que fabrica cocaína para enviarla a Estados Unidos y dijo que una acción militar contra el país sudamericano "suena bien".

La respuesta de Petro --un estridente político de izquierda de 65 años que se ha enfrentado repetidamente al presidente estadounidense-- fue frenética. Pidió al pueblo de Colombia que saliera a las calles para defenderlo a él y a la soberanía de su país, publicó una tormenta de mensajes indignados en las redes sociales y concedió una inusual entrevista a The New York Times el miércoles.

"Pues estamos en peligro", dijo. "Porque la amenaza es real. El juego lo hizo Trump".

Pocas horas después, mientras viajaba desde la ciudad portuaria de Cartagena de regreso a Bogotá, la capital, Petro se enteró de que el propio Trump quería hablar con él, según un asesor que no estaba autorizado a hablar públicamente sobre el asunto. La llamada, que tuvo lugar una vez que Petro regresó al palacio presidencial, se produjo mientras miles de personas lo esperaban fuera en un mitin que había convocado para esa misma hora.

En un cambio radical de postura, Trump acudió a las redes sociales poco después de la llamada y dijo que había sido un "Gran Honor" hablar con Petro, quien, según él, había "llamado para explicar la situación de las drogas y otros desacuerdos que hemos tenido". Trump dijo que apreciaba "su llamada y su tono", y que esperaba con interés reunirse con él; se estaba organizando una visita a la Casa Blanca, afirmó.

La llamada telefónica pareció desactivar una crisis y disipar una inminente sensación de peligro para el presidente colombiano, quien el miércoles había dicho al Times que temía que le extrajeran como al venezolano Nicolás Maduro, y que planeaba dormir en el palacio presidencial junto a la espada de Simón Bolívar, el héroe de la independencia sudamericana. (En su día, Petro fue miembro de un grupo guerrillero urbano que robó la espada en un acto simbólico).

Dijo que le preocupaba que Trump intentara justificar tal acción al tratar de relacionarlo con Maduro o tacharlo también de narcotraficante, afirmaciones que negó enérgicamente.

"Está completamente equivocado", dijo Petro, que añadió que solo tiene su casa familiar y que vive simplemente "como demostré, del salario que es alto, relativamente en Colombia".

En su tormenta de mensajes en las redes sociales, Petro dijo que con la incursión de Trump en Venezuela el sábado y sus veladas amenazas hacia Colombia y México desde entonces, el presidente estadounidense había despertado al "jaguar", en referencia no a sí mismo, sino a los sentimientos antiimperialistas de los pueblos de Latinoamérica.

Su actitud fue mucho más moderada en la entrevista con el Times, que duró dos horas y en la que divagó entre las rebeliones de esclavos del siglo XVII y las ideas de Jürgen Habermas, el teórico social alemán, al tiempo que dejaba entrever la tensión a la que estaba sometido. Cuando se le preguntó si tal vez había provocado la ira del presidente estadounidense con sus continuos mensajes en las redes sociales, incluido uno el martes en el que se refería a su "cerebro senil", Petro dijo sombríamente que no.

Dijo que creía que las amenazas del presidente Trump a Colombia se debían a la falta de comunicación directa entre los dos líderes y que, como resultado, Trump tenía una imagen "equivocada" de él. Culpó a figuras de la derecha, tanto en Colombia como en Estados Unidos, de alimentar esa imagen en vísperas de las elecciones presidenciales de mayo. (La Constitución prohíbe a Petro aspirar a un segundo mandato consecutivo, y la carrera para sucederle sigue muy indefinida).

Resultó que ese mismo día tendría su primera llamada telefónica con Trump.

Tras la llamada, Petro "se veía mejor" que como había lucido en días, dijo el ayudante, quien relató lo que Petro dijo en ese momento: "Bueno, nos toca ir a Washington".

Eso requerirá algunos ajustes: el Departamento de Estado de Estados Unidos revocó el visado de Petro el otoño pasado después de que este pidiera a los soldados estadounidenses que desobedecieran a Trump durante un mitin propalestino en Nueva York.

Aunque el personal de Petro dijo que había solicitado en repetidas ocasiones hablar con Trump, no estaba claro qué motivó la llamada telefónica del miércoles. La Casa Blanca no respondió inmediatamente a una solicitud de comentarios.

Desde que Trump asumió el cargo hace aproximadamente un año, las relaciones entre ambos líderes han sido abiertamente hostiles. En febrero, Petro bloqueó brevemente los vuelos militares que transportaban migrantes procedentes de Estados Unidos, y solo cedió después de que Trump amenazó a Colombia con imponer aranceles aplastantes. Ha denunciado a Trump por su apoyo a Israel.

Y, más recientemente, acusó a Estados Unidos de cometer "asesinato" en los ataques a embarcaciones frente a la costa de Sudamérica, operativos que según el gobierno de Trump eliminan narcotraficantes; también de utilizar los ataques para distraer la atención del escándalo Epstein. Eso llevó a Trump a llamar a Petro "narcotraficante ilegal".

Petro no ha mostrado públicamente mucho arrepentimiento. Por el contrario, ha parecido disfrutar de su papel como el crítico más acérrimo del gobierno de Trump en la región, incluso cuando algunos colombianos le han advertido que dedica demasiado tiempo a enemistarse con un poderoso oponente y podría poner en peligro una sólida alianza con Estados Unidos. A pesar de que Trump ha intentado presentar a Petro y a su país como los impulsores de enviar la droga a Estados Unidos, ambos países han estado profundamente entrelazados en los esfuerzos antinarcóticos durante décadas.

Decenas de miles de millones de dólares han fluido a Colombia en entrenamiento y equipo estadounidense durante décadas, y en 1993 Estados Unidos ayudó a Colombia a localizar y matar a uno de los cabecillas de los cárteles de la droga más famosos de todos los tiempos, Pablo Escobar.

No obstante, la producción de cocaína ha seguido creciendo en Colombia junto con el aumento del consumo mundial, principalmente en los países occidentales. Colombia sigue siendo, con diferencia, el mayor productor a nivel internacional.

"Colombia, a pesar de su inusual presidente, tiene instituciones en ese país que colaboran muy estrechamente con nosotros, y esos lazos permanecen sin trabas ni afectaciones", dijo a la prensa el mes pasado el secretario de Estado Marco Rubio. "No permitiremos que las acciones de un presidente cuyo mandato terminará pronto dañen la relación que existe entre Estados Unidos y Colombia".

Pero cuando esta semana la guerra de palabras dio un giro con la amenaza apenas velada de Trump de emprender acciones militares, esa preocupación se convirtió en temor generalizado a que el ejército estadounidense pudiera considerar ataques aéreos en territorio colombiano o incluso acciones directas contra Petro.

Petro, por su parte, había pedido a los colombianos que salieran el miércoles envueltos en su bandera nacional, y que lo protegieran. Su ministra de Asuntos Exteriores insistió en la necesidad de recurrir a la diplomacia, pero también dijo que Colombia no descartaría una respuesta militar si Estados Unidos atacaba.

En Estados Unidos, el senador Chuck Schumer, líder de la minoría, dijo que en una reunión informativa con altos funcionarios del gobierno de Trump, incluido Rubio, había pedido garantías de que Estados Unidos no planeaba operaciones en otros países, entre ellos Colombia. "Me decepcionó mucho mucho su respuesta", dijo.

En una rueda de prensa celebrada en la Casa Blanca el miércoles, se preguntó a la secretaria de Prensa, Karoline Leavitt, sobre las amenazas del presidente a Colombia y sobre si Petro debía esperar una visita de la Fuerza Delta, que forma parte del ejército estadounidense.

"Sería muy imprudente de mi parte responder esa pregunta", contestó.

La aparición de Petro en el mitin se retrasó por la llamada de Trump. Cuando Petro salió por fin al escenario hacia las 6:30 p. m., fue recibido por miles de personas que coreaban su nombre y enarbolaban carteles en los que se leía "Respete a Colombia" y "Gringos Go Home".

Informó a la multitud que acababa de hablar con Trump, y leyó en voz alta parte de la publicación de Trump en Truth Social. La multitud rompió en aplausos.

"Hablar es una cosa, ser socios es otra", dijo Petro. "Yo hablo para disminuir los muertos y los niños que reclutan y los cultivos de coca".

Unas horas más tarde, antes de dar por terminada la noche, Petro se dirigió a X, su plataforma preferida de redes sociales, y publicó una foto de un águila calva y un jaguar que parecían acariciarse mutuamente.

Federico Rios colaboró con la reportería desde Cartagena, Colombia. Jorge Valencia colaboró con la reportería desde Bogotá.

Annie Correal es una reportera del Times que cubre México, Centroamérica y el Caribe.

Max Bearak es un reportero del Times afincado en Colombia.

Genevieve Glatsky es reportera del Times, radicada en Bogotá, Colombia.

Federico Rios colaboró con la reportería desde Cartagena, Colombia. Jorge Valencia colaboró con la reportería desde Bogotá.