Foto: REUTERS/Kim Kyung-Hoon
Foto: REUTERS/Kim Kyung-Hoon

Sin importar cómo se analicen las cifras, un país sobresale de los demás: Corea del Sur.

A fines de febrero y principios de marzo, la cantidad de nuevas infecciones de coronavirus en el país estalló de una decena de casos a unas centenas y varios miles.

En el punto máximo, los trabajadores de la salud identificaron 909 casos nuevos en un solo día, el 29 de febrero, y el país de 50 millones de personas estuvo al borde de la saturación. Sin embargo, menos de una semana después, la cantidad de casos nuevos se redujo a la mitad. En solo cuatro días, volvió a disminuir un 50 por ciento. En cuatro días, había sucedido de nuevo, al igual que al día siguiente.

El 1 de marzo, Corea del Sur reportó solo 64 casos nuevos, la menor cantidad registrada en casi un mes, incluso mientras las infecciones en otros países continúan creciendo a diario con miles de casos nuevos, devastando los sistemas sanitarios y las economías. Italia registra varios cientos de muertes diarias; Corea del Sur no ha tenido más de ocho en un día.

Corea del Sur es uno de los únicos dos países con brotes importantes, junto con China, que ha logrado aplanar la curva de nuevas infecciones. Y lo ha hecho sin las restricciones draconianas de China a la libertad de expresión y movimiento, ni con cierres económicamente dañinos como Europa y Estados Unidos.

A medida que las muertes mundiales del aumento del virus sobrepasan las 15.000 víctimas, los funcionarios y expertos del mundo están analizando con sumo cuidado a Corea del Sur en busca de lecciones. Esas lecciones, aunque distan de ser sencillas, parecen ser relativamente directas y costeables: acción rápida, pruebas generalizadas y rastreo de contactos, así como el apoyo crítico de los ciudadanos.

Otras naciones duramente golpeadas no siguieron el ejemplo de Corea del Sur. Sin embargo, algunas han comenzado a mostrar interés en emular sus métodos, pero solo después de que la epidemia se aceleró a tal grado que es posible que no puedan controlarla en el futuro próximo.

El presidente de Francia Emmanuel Macron y el primer ministro de Suecia Stefan Löfven han llamado al presidente surcoreano, Moon Jae-in, para solicitarle información detallada sobre las medidas del país, según la oficina de Moon.

El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in. Foto: Kim Min-Hee/Pool via REUTERS
El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in. Foto: Kim Min-Hee/Pool via REUTERS

El director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha aclamado a Corea del Sur por demostrar que, aunque es difícil contener el virus, “puede hacerse”. Instó a los países a “aplicar las lecciones aprendidas en Corea y en otras partes”.

Los funcionarios surcoreanos advierten que sus éxitos son tentativos. Sigue existiendo el riesgo de resurgimiento, en especial a medida que la epidemia continúa propagándose con violencia más allá de las fronteras del país.

A pesar de ello, Scott Gottlieb, excomisionado de la Administración de Alimentos y Medicamentos, ha mencionado al país como un modelo en repetidas ocasiones, escribiendo en Twitter: “Corea del Sur está demostrando que se puede derrotar al COVID-19 con salud pública inteligente y dinámica”.

Lección uno: intervenir rápido, antes de que sea una crisis

Tan solo una semana después de que se diagnosticara el primer caso en el país, a finales de enero, los funcionarios gubernamentales se reunieron con representantes de varias empresas médicas. Exhortaron a las compañías a comenzar de inmediato a desarrollar paquetes de prueba para diagnosticar el coronavirus para producción masiva, prometiendo su aprobación urgente.

En dos semanas, aunque los casos confirmados de Corea del Sur no habían superado los dos dígitos, se enviaban diariamente miles de paquetes de pruebas. El país ahora produce 100.000 paquetes por día, y los funcionarios dicen que están en negociaciones con diecisiete gobiernos extranjeros para exportarlos.

Los funcionarios también impusieron a la brevedad medidas de emergencia en Daegu, una ciudad de 2,5 millones donde los contagios se propagaron rápido en una iglesia local.

“Corea del Sur pudo lidiar con esto sin limitar el movimiento de las personas porque supimos cuál era la principal fuente de la infección, la congregación de la iglesia, desde muy pronto”, comentó Ki Mo-ran, epidemióloga que asesora la respuesta del gobierno al coronavirus. “Si hubiésemos aprendido esto mucho después de lo que lo hicimos, las cosas podrían haber sido mucho peores”.

Los surcoreanos, a diferencia de los europeos y los estadounidenses, también se prepararon para enfrentar el coronavirus como una emergencia nacional, después de un brote del Síndrome respiratorio de Oriente Medio de 2015 que produjo 38 decesos en el país.

Se cree que el coronavirus tiene un periodo de incubación de cinco días, a menudo seguido por un periodo de síntomas leves que pueden confundirse con un resfriado, que es cuando se aumentan las probabilidades de transmisión del virus. Este patrón crea un retraso de una semana o dos antes que un brote se vuelva aparente. Lo que parece ser un puñado de casos pueden ser cientos; lo que se ve como cientos pueden ser miles.

“Dichas características del virus hacen que la respuesta tradicional, que hace énfasis en los cierres de emergencia y el aislamiento, sea ineficaz”, comentó Kim Gang-lip, viceministro surcoreano de Salud. “Una vez que llega, los viejos métodos no son efectivos para evitar que la enfermedad se propague”.

Soldados surcoreanos usan trajes protectores para desinfectar la ciudad de Daegu, donde se registró el brote más significativo de coronavirus en el país. Foto: REUTERS/Kim Kyung-Hoon
Soldados surcoreanos usan trajes protectores para desinfectar la ciudad de Daegu, donde se registró el brote más significativo de coronavirus en el país. Foto: REUTERS/Kim Kyung-Hoon

Lección dos: hacer pruebas pronto, con frecuencia y seguridad

Hasta ahora, Corea del Sur es quién más pruebas ha efectuado entre la población a nivel mundial, lo cual le ha permitido aislar y tratar a muchas personas poco después de que se infectaron.

El país ha realizado más de 300.000 pruebas, para una tasa per cápita que es más de 40 veces la de Estados Unidos.

“La prueba es fundamental porque eso conduce a la detección temprana, minimiza que se propague más y trata de inmediato a aquellos que tengan el virus”, dijo a la BBC Kang Kyung-wha, ministra surcoreana de Relaciones Exteriores, agregando que las pruebas “también son la clave de nuestra tasa de mortalidad tan baja”.

Aunque algunas veces se cree que Corea del Sur evitó una epidemia, miles de personas se infectaron e inicialmente el gobierno fue acusado de ser autocomplaciente. Su enfoque hacia las pruebas estuvo diseñado para hacer retroceder un brote que ya estaba en curso.

Para evitar que los hospitales y clínicas se saturaran, los funcionarios abrieron 600 centros de prueba para aplicar filtros a tantas personas como fuera posible, a la brevedad posible, y mantener a los trabajadores de la salud sanos minimizando el contacto.

En cincuenta estaciones en las que todo se hacía desde el automóvil, se aplicaban las pruebas a los pacientes. Se les entregaba un cuestionario, se les tomaba la temperatura de manera remota y se les tomaba una muestra de la garganta. El proceso tomaba alrededor de diez minutos. Los resultados de las pruebas por lo general estaban listos en cuestión de horas.

Lección tres: rastreo de contactos, aislamiento y vigilancia

Cuando la prueba de una persona sale positiva, los trabajadores de la salud rastrean los movimientos recientes del paciente para hallar, efectuar pruebas —y, si es necesario, aislar— a cualquiera que haya tenido contacto con esa persona, un proceso que se conoce como rastreo de contactos.

Esto permite a los trabajadores de la salud identificar redes de posible transmisión de manera anticipada para extirpar al virus de la sociedad, como si se tratara de un cáncer.

Corea del Sur desarrolló herramientas y prácticas de rastreo agresivo de contactos durante el brote del Síndrome respiratorio de Oriente Medio. Los funcionarios de salud veían en retrospectiva los movimientos de los pacientes con ayuda de grabaciones de cámaras de seguridad, registros de tarjetas de crédito, incluso datos de GPS de sus automóviles y teléfonos celulares.

“Hicimos nuestras investigaciones epidemiológicas como detectives policiacos”, comentó Ki. “Después, hicimos que se revisaran las leyes para priorizar la seguridad social sobre la privacidad individual en momentos de crisis de enfermedades infecciosas”.

A medida que el brote del coronavirus se volvió demasiado grande para rastrear a los pacientes de manera tan exhaustiva, los funcionarios confiaron más en los mensajes masivos.

Empleados de una empresa de desinfección en un vagon de subte en Corea del Sur. Foto: REUTERS/Heo Ran
Empleados de una empresa de desinfección en un vagon de subte en Corea del Sur. Foto: REUTERS/Heo Ran

Los teléfonos celulares de los surcoreanos vibraban con alertas de emergencia cuando se descubrían nuevos casos en sus distritos. Los sitios web y las aplicaciones de teléfonos celulares detallaban hora por hora, y en ocasiones minuto a minuto, las cronologías de los recorridos de las personas infectadas: qué autobuses tomaron, cuándo y dónde se subieran y bajaron, incluso si estaban usando tapabocas.

Se instaba a las personas que creyeran que podían haberse cruzado con un paciente que lo informaran a los centros de pruebas.

Lección cuatro: pedir la ayuda de la gente

No hay suficientes trabajadores de salud ni dispositivos para tomar la temperatura corporal para rastrearlos a todos, así que la gente debe colaborar.

Los gobernantes concluyeron que la contención del brote requería mantener a los ciudadanos plenamente informados y pedir su cooperación, comentó Kim, el viceministro de Salud.

Los funcionarios también reconocen el buen funcionamiento del sistema sanitario nacionalizado del país, que garantiza la mayoría del cuidado y las reglas especiales que abarcan los costos relacionados con el coronavirus, como darles incentivos incluso a las personas que no presentan síntomas para que se hagan la prueba de diagnóstico.

c.2020 The New York Times Company