(Amanda Mustard/The New York Times)
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SRIRACHA, Tailandia — Cuando un grupo de guardaparques tailandeses registró un popular zoológico, famoso debido a que permitía que los visitantes alimentaran e interactuaran con los tigres, su espantoso botín impactó al mundo hace tres años: 1600 partes de tigres, entre ellas pieles, amuletos fabricados con su cuero, muchísimos dientes, 40 cachorros muertos encontrados en un congelador y veinte más preservados en frascos.

Tras la fachada del Templo del Tigre, un zoológico dirigido por monjes budistas, se encontraba un negocio que lucraba con el comercio ilegal de partes de tigre. Tres monjes fueron arrestados mientras intentaban escapar y, en medio de un espectáculo muy publicitado, 147 tigres fueron incautados y llevados a un centro gubernamental.

Las redadas fueron históricas para Tailandia y su iniciativa de combatir el abuso animal y el comercio ilegal de tigres y partes de tigre. Sin embargo, desde entonces, el suplicio de los tigres cautivos de Tailandia solo ha empeorado.

Los funcionarios admitieron la semana pasada que 86 de los tigres incautados del templo habían muerto bajo su cuidado, muchos a causa del estrés. Ninguno de los miembros del Templo del Tigre fue a la cárcel por cargos de posesión de partes de tigre ni por operar el zoológico lucrativo sin autorización.

(Amanda Mustard/The New York Times)
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En años recientes, el número de tigres en cautiverio —incluyendo los que aún están bajo custodia del gobierno— se ha triplicado hasta casi 2000, y la cantidad de centros con tigres cautivos ha aumentado a 67, mientras que dos más están en construcción, dijo Edwin Wiek, creador de la Fundación Amigos de la Naturaleza de Tailandia.

Desde las redadas, el Departamento de Parques Nacionales de Tailandia no ha hecho ningún esfuerzo por detener la propagación de las experiencias de interacción con los animales que el templo ayudó a impulsar. Ahora, por lo menos veinte zoológicos en todo el país ofrecen a los visitantes la oportunidad de alimentar a un cachorro, tomarse una foto con un tigre o entrar a un recinto.

Los defensores del bienestar animal desde hace mucho han instado al gobierno a clausurar los zoológicos de tigres que son poco más que granjas que producen animales para el mercado negro.

(Amanda Mustard/The New York Times)
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“Debe actualizarse todo el sistema de bienestar animal en Tailandia”, dijo Tanya Erzinclioglu, que cuidaba tigres en el Templo del Tigre antes de convertirse en activista por los derechos de los animales. “Necesitan estándares adecuados para los zoológicos. Todos tendrían que actualizarse, incluido el Departamento de Parques Nacionales”.

Uno de los zoológicos más antiguos y grandes del país, el Zoológico de Tigres Sriracha, cuenta con más de 300 tigres.

Ahí, juntan lechones y cachorros de tigres en jaulas. Los cachorros y los lechones más pequeños son amamantados juntos por cerdas o a veces por tigres, un reflejo del mantra publicitario del Templo del Tigre acerca de la coexistencia pacífica entre especies.

 (Amanda Mustard/The New York Times)
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En una muestra llamada “Dispara y alimenta”, los turistas usan pistolas de perdigones para dispararles a blancos que se encuentran arriba de la jaula de un tigre. Los tiros certeros liberan alimento para los tigres hambrientos, que riñen por los trozos.

En otros lugares, los visitantes se forman para que les tomen una foto mientras alimentan con biberones a los cachorros. También pueden asistir a un espectáculo en el que los tigres realizan trucos, como saltar por un aro en llamas.

Después de la redada en el Templo del Tigre, Erzinclioglu fundó For Tigers (Por los Tigres), un grupo sin fines de lucro, con el fin de ayudar a recaudar fondos para su beneficencia, y comenzó a llevar a cabo inspecciones anuales de zoológicos.

En un informe de julio en el que se evaluaron tres decenas de zoológicos abiertos al público, concluyó que los tigres del 74 por ciento de los centros vivían en condiciones inadecuadas.

(Amanda Mustard/The New York Times)
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Casi el 60 por ciento de los zoológicos no tenía agua dulce para los tigres, según sus hallazgos, y menos del veinte por ciento contaba con recintos espaciosos donde los animales pudieran moverse sin límites ni la interferencia de humanos.

Los zoológicos atienden principalmente a turistas de países asiáticos.

Los tigres jóvenes son los más populares con los visitantes. Los tigres más viejos que ya no son útiles son mantenidos fuera de la vista en jaulas más pequeñas con pisos de concreto. Son los más vulnerables al comercio ilegal.

No es difícil criar tigres en cautiverio, y muchos zoológicos producen muchos más tigres de los que necesitan para entretener a los turistas.

(Amanda Mustard/The New York Times)
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No obstante, es ilegal operar granjas de tigres en Tailandia. Wiek, que ha estado dando seguimiento al comercio durante años, dice que alrededor de veinte centros deberían considerarse granjas, no zoológicos, porque más del 80 por ciento de los animales son tigres y los centros se encargan activamente de criarlos.

Además, dijo, la crianza en cautiverio fomenta la caza de tigres salvajes.

Quizá parezca ilógico, pero alimentar y criar un tigre hasta su adultez cuesta más en Tailandia que salir a la jungla y dispararle a uno. Wiek dijo que la existencia de granjas de tigres genera un mercado de partes de tigre, lo cual les proporciona a los cazadores furtivos un incentivo para matarlos. Por si fuera poco, comentó, los compradores pagan más por un tigre salvaje que por uno proveniente de una granja. “Las granjas de tigres tienen un efecto directo en la población silvestre”, agregó Wiek, que opera un centro de rescate de vida salvaje y ha asesorado al Parlamento. “Es mucho más barato salir y dispararle a uno en la naturaleza”.

(Amanda Mustard/The New York Times)
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Kanjana Nitaya, directora de la Oficina de Conservación de la Vida Silvestre de Tailandia, cuya oficina se encarga de los zoológicos, dijo que todos los zoológicos del país cumplen con los requisitos para obtener sus licencias. Los inspectores los visitan con frecuencia y analizan la salud de los tigres, la cual les parece satisfactoria, señaló.

El Fondo Mundial para la Naturaleza calcula que hay 3900 tigres salvajes restantes en todo el mundo que habitan fragmentos aislados de su territorio histórico. Casi 3000 se encuentran en India, que ha llevado a cabo una iniciativa concertada para proteger su hábitat y aumentar sus poblaciones.

Tailandia es uno de los pocos países restantes del sureste de Asia con una población viable de tigres salvajes, que tiene un total de aproximadamente 250. Una pequeña población de tigres hace poco fue descubierta en una zona del norte de Tailandia, donde no habían estado presentes durante años.

(Amanda Mustard/The New York Times)
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“Hay buenas noticias en Tailandia”, dijo Tim Redford, coordinador de entrenamiento en la Fundación Freeland, un grupo de derechos humanos y ambientales. “Aún hay tigres que se están criando en Tailandia. Todavía no es una causa perdida”.

Quizá la mejor estrategia para clausurar los zoológicos y las granjas de tigres de dudosa reputación, sugirieron Wiek y Redford, sería esterilizar a los tigres endogámicos y mixtos.

La escasez de nuevos cachorros frenaría la práctica de alimentarlos y tomarse fotos con ellos. Y después de quince años, más o menos, muchos problemas asociados con los zoológicos y las granjas de tigres desaparecerían.

“Es la solución”, dijo Wiek. “Cuando no puedes aplicar las leyes vigentes o la gente es muy corrupta, esa quizá es la única manera de detener la crianza de estos tigres”.

*Copyright: c. 2019 The New York Times Company