
Las encuestas sugieren que la contienda será una decisión entre la izquierda, liderada por Iván Cepeda, que representa la continuidad de Petro, y la extrema derecha, cuyo candidato, Abelardo De La Espriella, ha suscitado comparaciones con Nayib Bukele.
Los colombianos votarán el domingo en lo que, según los expertos, será una prueba crucial para la izquierda latinoamericana, en un momento en que los líderes de derecha están en ascenso en toda la región, en ocasiones con el impulso del presidente Donald Trump.
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A medida que se acerca el final de la campaña, las encuestas sugieren que la contienda se ha reducido a una clara decisión entre la izquierda y la extrema derecha. Por la izquierda está Iván Cepeda, un senador e intelectual que representa la continuidad de Gustavo Petro, el expresivo presidente que a menudo ha chocado con Trump y que está limitado a un solo mandato.
La victoria de Cepeda mantendría a Colombia entre los principales países latinoamericanos que siguen gobernados por líderes de izquierda, como México y Brasil, que también se enfrenta a unas elecciones cruciales este año.
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Por la derecha está Abelardo De La Espriella, un abogado de hablar rápido que nunca ha ocupado un cargo electo y cuya retórica de mano dura, barba oscura recortada y promesas de construir 10 megacárceles han suscitado comparaciones con Nayib Bukele, el líder divisivo de El Salvador y aliado de Trump.
Por detrás de ambos está Paloma Valencia, una senadora conservadora que, de ganar, se convertiría en la primera mujer presidenta de Colombia. Aunque cuenta con el apoyo de un expresidente influyente, Álvaro Uribe, y de otros políticos poderosos, Valencia, de 48 años, parece haber perdido terreno frente a De La Espriella en la recta final de la campaña.
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Las encuestas indican que ningún candidato tiene más del 50 por ciento de los votos necesarios para la victoria absoluta, y se espera que las elecciones se dirijan a una segunda vuelta en junio.
Los principales candidatos representan las "direcciones radicalmente distintas que podría tomar el país", dijo Michael Shifter, experto en Latinoamérica y expresidente de Diálogo Interamericano, un instituto de investigación de Washington. "Hay mucho en juego".
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Colombia, la tercera nación más grande de Latinoamérica y el principal proveedor de cocaína del mundo, desempeñará un papel clave en la ofensiva del presidente Trump contra el narcotráfico.
La elección se produce en un momento en el que Trump está adoptando una postura más firme en la región, prometiendo erradicar los cárteles y el crimen organizado como parte de una estrategia de seguridad nacional destinada a reafirmar el dominio estadounidense en el hemisferio.
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Trump ha intentado ampliar la presencia militar estadounidense y asegurarse aliados leales, respaldando a candidatos desde Argentina hasta Honduras.
También se produce en un momento en que Colombia está convulsionada por lo que, según los analistas, es el mayor nivel de violencia desde que el gobierno firmó en 2016 un histórico acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, o FARC, desmantelando el mayor ejército rebelde de Latinoamérica.
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En medio de la enorme demanda mundial de cocaína y oro, han estallado guerras territoriales entre antiguos combatientes de las FARC, el grupo rebelde ELN y nuevos grupos, que han desplazado a miles de personas y han provocado una intensificación de los enfrentamientos con el ejército colombiano.
Los grupos se han extendido a los vecinos países de Venezuela y Ecuador.
Los detractores de Petro lo han culpado de la crisis, afirmando que su plan de "paz total", que puso en pausa algunas acciones militares durante las conversaciones, permitió la expansión de los grupos armados.
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De La Espriella, de 47 años, ha aprovechado esas críticas, vinculando tanto a Petro como a Cepeda, defensor de los derechos humanos y negociador de paz, con el aumento de la violencia.
El candidato de extrema derecha ha ganado multitudes de seguidores prácticamente de la noche a la mañana. Estos se autodenominan "Defensores de la Patria", se visten de tigre --la mascota de su campaña-- y le hacen el saludo militar en los mítines.
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"Esto no es una candidatura", declaró De La Espriella a una revista colombiana esta semana. "Es un movimiento popular".
Sin embargo, se enfrenta a la fuerte oposición de un formidable movimiento popular de la izquierda.
Petro, más allá de sus defectos como presidente, es un astuto operador político, dijo Shifter, y ha construido una amplia coalición capaz de movilizar votos a favor de Cepeda, de 63 años.
En 2022, Petro viajó a los lugares más recónditos de Colombia, prometiendo representar a los grupos marginados, a los que llamó "los nadies", desde grupos indígenas hasta comunidades negras del Pacífico.
A pesar de un mandato marcado por los escándalos, una controvertida reforma del sistema de salud y un fuerte gasto, Petro es el primer dirigente político de izquierda de la historia de su país y sigue contando con una base leal que considera su presidencia como el inicio de una era progresista.
"Gustavo Petro fue el taladro que empezó a abrir ese camino", dijo Jackeline Muñoz, una ingeniera de sistemas que asistió a un mitin de campaña de Cepeda en Bogotá, la capital. Si gana la derecha, dijo, tenía el temor de que los pobres "se van a quedar otra vez en el anonimato".
En el periodo previo a las elecciones, Petro aumentó sustancialmente el salario mínimo, lo que reforzó el apoyo a la candidatura de Cepeda.
Pero la violencia y la anarquía han eclipsado otras cuestiones.
En el Chocó, una escarpada franja de la costa del Pacífico donde el apoyo a Petro está muy arraigado, los bloqueos por parte de grupos armados han dejado a las comunidades sin alimentos durante semanas.
Los propietarios de negocios dicen que se han visto obligados a pagar cuotas periódicas a los grupos o a cerrar.
Los residentes urbanos también se quejan de la extorsión desenfrenada.
En Medellín, Juan Esteban Vélez dijo que hace poco tuvo que mudarse porque los miembros de las bandas le cobraban por "proteger" su coche estacionado.
El calificó la seguridad como el tema central de las elecciones.
"Sin seguridad no hay economía y no hay vida, no hay tranquilidad", dijo.
Tomando como referencia la represión de Bukele contra las bandas de su país, Vélez dijo que acogería con satisfacción una estrategia similar en Colombia, aunque supusiera detenciones masivas. (Bukele ha detenido a más de 80.000 personas y se enfrenta a acusaciones de cometer abusos contra los derechos humanos de los presos).
Tanto De La Espriella como Valencia afirman que no negociarían con los grupos armados y que desplegarían más agresivamente al ejército y la policía de Colombia. De La Espriella se ha comprometido a recuperar el control de las zonas de conflicto en los 90 días siguientes a su toma de posesión.
Algunos expertos afirman que el ejército ya está haciendo todo lo que puede.
"De La Espriella ha actuado como si hubiera una perilla de presión militar y esta se pudiera girar e incrementar", dijo Elizabeth Dickinson, subdirectora para América Latina del International Crisis Group. "El problema es que la perilla ya está al nivel máximo".
Cepeda se ha negado a rechazar de plano la "paz total".
"Habrá una política de paz", dijo este año. "¿Tendrá la forma que tuvo en este gobierno? Muy probablemente no".
Ha dicho que su gobierno invertiría más en las zonas de conflicto, creando puestos de trabajo y apoyando a las escuelas para frenar el reclutamiento de niños por parte de los grupos armados.
La propia campaña presidencial se ha visto empañada por la violencia. El año pasado un senador y posible aspirante a la presidencia, Miguel Uribe Turbay, recibió un disparo mortal en un mitin. La fiscalía afirma que el adolescente que disparó fue contratado por un grupo disidente de las FARC.
En abril, una veintena de personas murieron y decenas resultaron heridas en un atentado con bomba perpetrado en una importante autopista y atribuido a excombatientes de las FARC.
Dos colaboradores de la campaña de De La Espriella, entre ellos un exalcalde, fueron asesinados a tiros este mes por hombres enmascarados en motocicletas.
De La Espriella, quien pronunció discursos de campaña desde una cabina blindada, ha dicho que recibió amenazas de muerte.
Ha intentado vincular a Cepeda con el otrora grupo armado de izquierda responsable de muchas amenazas y atentados, calificándolo de "el heredero de Petro y las FARC".
El padre de Cepeda, senador y miembro del partido de izquierda, fue asesinado en 1994. Posteriormente, los tribunales colombianos hallaron pruebas de un esfuerzo respaldado por el Estado para exterminar al partido.
El propio Cepeda fue dirigente de las juventudes comunistas y estudió en la Bulgaria comunista, lo que lo convirtió en un blanco fácil para la derecha. Ha dicho que vio los peligros del régimen soviético.
De La Espriella, abogado penalista, también se ha enfrentado a preguntas sobre su pasado.
Antes de entrar en política, vivía en Miami y representaba a colombianos ricos, entre ellos Alex Saab, magnate multimillonario y operador de Nicolás Maduro, exdirigente venezolano. Los fiscales estadounidenses acusaron a Saab de lavar millones de dólares destinados a los pobres de Venezuela.
De La Espriella ha descalificado las preguntas sobre su relación con Saab como ataques de periodistas "activistas".
A medida que se calentaba la contienda, figuras tanto de la derecha como de la izquierda --incluido Petro-- pronosticaron fraude electoral, sin aportar pruebas.
Aunque el presidente Trump no ha apoyado a ningún candidato, los legisladores republicanos interesados en el ascenso de la derecha en Latinoamérica han instado a los colombianos a expulsar a la izquierda.
Figuras del establishment en Colombia han hecho lo mismo. Sin embargo, según el analista Shifter, la influencia de estas voces podría ser limitada.
"Se trata de unas elecciones populistas en dos bandos diferentes. Esto es indignación contra el establishment" y sus fracasos, dijo. "Ambos bandos están aprovechando eso".
Luis Ferré-Sadurní y Genevieve Glatsky colaboraron con reportería desde Bogotá.
Annie Correal es corresponsal para América Latina de The Times.
Luis Ferré-Sadurní y Genevieve Glatsky colaboraron con reportería desde Bogotá.
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