
Hace 15 años, un fanático del cine podía ir a cualquiera de las nueve mil tiendas de Blockbuster y salir con un éxito de Steven Spielberg en la mano.
Actualmente, las opciones son limitadas para los que quieren rentar una copia física de Salvando al soldado Ryan en algún lugar que no sea una biblioteca. Solo quedan dos tiendas Blockbuster en el mundo. Dentro de poco, solo habrá una.
El penúltimo Blockbuster, un bloque achaparrado azul y amarillo ubicado al lado de una agencia de bienes raíces en Australia occidental, dejó de rentar videos el 7 de marzo y cerrará oficialmente al terminar el mes. Dos tiendas en Alaska, parte del grupo final de puntos de venta de Blockbuster en Estados Unidos, cerraron en julio.
Esto hará que el Blockbuster en Bend, Oregon, sea único en su clase: un remanente corporativo, justo a un costado de la carretera, cerca de un puesto minorista de cannabis y un servicio de cremación de mascotas.
Sin embargo, esta no es una elegía para Blockbuster ni un lamento sobre cómo Netflix acabó con la franquicia de los videoclubes. Ya hubo suficientes de esos cuando la empresa solicitó una suspensión de pagos por quiebra en 2010, redujo su capacidad a trescientas tiendas y después prácticamente cerró.

Esto se trata de la habilidad que ha demostrado la tienda en Bend, así como otros eslabones resistentes de otras cadenas en decadencia, para mantenerse a flote y evitar que la transformen en una casa de empeños o un restaurante de comida rápida.
Algunas tiendas de Tower Records aún tienen éxito en Japón mucho después de que su empresa matriz se declaró en quiebra y cerró todas sus sucursales en Estados Unidos. Hay un Howard Johnson's en Lake George, Nueva York, que es el único establecimiento que ha sobrevivido de la que alguna vez fue la cadena de restaurantes más grande del país.
Estos ejemplos de resistencia han ido en contra de la tendencia en las industrias minorista y de restaurantes, las cuales se han deshecho de cientos de tiendas en años recientes.
No obstante, cuando Sandi Harding, la gerenta general de la sucursal de Blockbuster en Bend, se enteró de que estaría al frente del equivalente al Solitario George de las cadenas de alquiler de videos, publicó un mensaje animado en Facebook: "¡Cielos! ¡Qué emocionante!".
Blockbuster es tan simbólico de otra época que el avance de Capitana Marvel, una película ambientada en la década de los noventa, empieza con el personaje principal aterrizando y destrozando el techo de una de sus tiendas.

La tienda en Bend se volvió parte de la franquicia de Blockbuster en el año 2000. Cuenta con casi cuatro mil clientes con membresía y agrega unos pocos más todos los días, dijo Harding. Algunos de los nuevos clientes son turistas que han viajado durante horas para ir al local.
El 6 de marzo, varias de las llamadas que entraban a la línea telefónica de la tienda escuchaban un tono de ocupado o música de espera (el tema principal de La guerra de las galaxias). En el interior, había mercancía de la marca Blockbuster, como gorras, tazas, incluso imanes elaborados por una maestra de la comunidad.
Al contrato de arrendamiento de la tienda aún le quedan varios años y sus dueños firman un convenio de licencia anual con Dish Network, que compró Blockbuster por 320 millones de dólares en 2011.
"Prácticamente nos ha revitalizado ser la última tienda", afirmó Harding en una entrevista. "Nos tratan como celebridades".

Una productora local de cerveza, 10 Barrel Brewing, elaboró una cerveza especial, The Last Blockbuster (El Último Blockbuster), y la sirvió en una fiesta en la tienda. Dos cineastas recaudaron casi 40.000 dólares en Kickstarter para terminar un documental acerca del establecimiento.
Una posible explicación para la longevidad de esta sucursal: Bend está en una región que según la alcaldesa de la ciudad, Sally Russell, tiene "espacios enormes con comunidades muy pequeñas" que por lo general no tienen fácil acceso al internet de alta velocidad que se necesita para las plataformas de emisión en continuo.
En sus viajes semanales al pueblo para hacer mandados, muchos residentes de las áreas más alejadas pasan al Blockbuster, en parte atraídos por la política de rentas por siete días que maneja la tienda, comentó Russell, además agregó que el estatus de ser "la última en el mundo" que ostenta esta sucursal puede beneficiarla aún más.
"Es como los vinilos antiguos y como las personas que quieren volver a tener tocadiscos", mencionó. "Llegamos a un momento en el que algo que estaba pasado de moda vuelve a ser tendencia, definitivamente hay un interés por mantener con vida esta manera casi extinta de ver películas".
*Copyright: c.2019 New York Times News Service
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