Exclusión social y pérdida de aprendizaje: las consecuencias de que las escuelas permanezcan cerradas

No hay datos sobre la contribución relativa del cierre de escuelas al control de transmisión del SARS-CoV-2. Un estudio de reciente publicación sugiere que un panel interdisciplinario debería participar en el análisis de la reapertura

En una revisión sistemática se demostró que no hay datos sobre la contribución relativa del cierre de escuelas al control de transmisión del SARS-CoV-2 (Maximiliano Luna)
En una revisión sistemática se demostró que no hay datos sobre la contribución relativa del cierre de escuelas al control de transmisión del SARS-CoV-2 (Maximiliano Luna)

“Los resultados de las pandemias se comprenden mejor en retrospectiva”, asegura en un documento publicado por el JAMA -el medio especializado de la Asociación Médica Estadounidense-- el especialista Dimitri A. Christakis del Instituto de Investigación Infantil de Seattle.

Dentro de unos años, historiadores, epidemiólogos, psicólogos y economistas brindarán amplias explicaciones sobre el daño causado, los errores cometidos y las lecciones aprendidas. Mientras se encuentra en el meollo de la cuestión, las decisiones deben tomarse sin los beneficios que proporcionará la retrospectiva, y esas decisiones pueden tener implicaciones considerables y duraderas. También está claro que se ha pedido a ciertas subpoblaciones vulnerables que hagan mayores sacrificios.

Las personas mayores en instituciones han renunciado a todas las visitas en persona; a muchos adultos en la fuerza laboral se les ha pedido que renuncien a su medio de vida, junto con todas las dificultades que conlleva; y millones de niños se han quedado en casa sin ir a la escuela y han hecho una transición bastante abrupta a la educación a distancia para la que ningún niño, distrito escolar o maestro estaba adecuadamente preparado.

La decisión de cerrar las escuelas fue una de las primeras acciones que tomaron muchos estados para evitar la pandemia inminente, pero hoy conocemos mejor los daños asociados con el cierre de escuelas.

illones de niños se han quedado en casa sin ir a la escuela y han hecho una transición bastante abrupta a la educación a distancia para la que ningún niño, distrito escolar o maestro estaba adecuadamente preparado
illones de niños se han quedado en casa sin ir a la escuela y han hecho una transición bastante abrupta a la educación a distancia para la que ningún niño, distrito escolar o maestro estaba adecuadamente preparado

En una revisión sistemática se demostró que no hay datos sobre la contribución relativa del cierre de escuelas al control de transmisión del SARS-CoV-2. Los datos del brote de SARS en China continental, Hong Kong y Singapur sugieren que el cierre de escuelas no contribuyó al control de la epidemia. Estudios de modelado recientes de COVID-19 del Reino Unido utilizando datos del brote de Wuhan, China, predijeron que el cierre de escuelas por sí solo evitaría solo del 2% al 4% de las muertes, mucho menos que otras intervenciones de distanciamiento social.

Estos datos deben informar una decisión crítica que muchos distritos escolares tomarán en un futuro muy cercano. En particular, incluso cuando los estados planean provisionalmente la apertura de lugares de trabajo, la mayoría no está considerando la posibilidad de abrir escuelas. Muchos ya han cancelado el resto del ciclo lectivo y ahora todos están considerando qué hacer en el otoño. “Los riesgos que plantea retrasar la apertura de las escuelas son reales y considerables, especialmente para los estudiantes de familias de bajos ingresos”, sostiene Christakis.

En Italia, una encuesta realizada por el Instituto Nacional de Estadística mostró que en las zonas más pobres del país, el 41% de los hogares no contaba con tableta ni computadora personal y que entre las familias con al menos 1 hijo, solo el 14,3% podía garantizar la educación a distancia. Esto significa que un grupo relevante de niños puede quedar sustancialmente excluido no solo del aprendizaje sino también de cualquier forma de socialización con sus compañeros y con el mundo circundante.

El fenómeno de la pérdida de aprendizaje durante este año está bien establecido EFE/EPA/Giuseppe Lami
El fenómeno de la pérdida de aprendizaje durante este año está bien establecido EFE/EPA/Giuseppe Lami

El fenómeno de la pérdida de aprendizaje durante este año está bien establecido, y “los niños del mundo han perdido una media de 1 a 3 meses en diversas materias”, enuncia el especialista. Algunos estiman que habrá una pérdida de 9 a 12 meses cuando los niños regresen a la escuela, y esto solo se agravará si continúa el aprendizaje a distancia. “Ningún científico, experto en aprendizaje, maestro o padre cree que los niños de 5 a 10 años pueden participar de manera significativa en el aprendizaje en línea sin una participación considerable de los padres, que muchas familias con bajos ingresos no pueden proporcionar porque los padres deben trabajar fuera del hogar”, se advierte en el informe.

“La sesión informativa diaria del grupo de trabajo sobre el coronavirus no menciona regularmente las situaciones escolares mientras discuten la vuelta al trabajo”, se aporta. Para ayudar a informar a los distritos que están luchando por tomar esta decisión urgente y de enorme trascendencia con respecto al semestre de otoño, se debe convocar a un grupo de trabajo de expertos que se concentre exclusivamente en el cierre de escuelas.

“Este panel debe incluir epidemiólogos, expertos en enfermedades infecciosas, científicos de la educación y psicólogos infantiles, entre otros. Deben revisar el estado de la evidencia con respecto a la transmisión horizontal entre los niños y sus familias, así como lo que se sabe sobre la viabilidad del aprendizaje a distancia y las implicaciones psicológicas de que los niños continúen permaneciendo en casa”, insistió Christakis.

Sus recomendaciones deben estar enmarcadas en el desarrollo, teniendo en cuenta las distintas necesidades y capacidades cognitivas de los niños; jardín maternal no es lo mismo que la escuela secundaria o la universidad. Utilizando todos los datos existentes y emergentes, aunque estén incompletos, se deberían hacer recomendaciones mejor informadas para ayudar a tomar esta decisión crucial, “basada en la ciencia y no en la política|, lo antes posible. “Se lo debemos a nuestros hijos. Dentro de unos años, cuando reflexionen sobre la pandemia, nos harán responsables”, culmina.

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