
Durante más de siete décadas en el trono británico, la Reina Isabel II se destacó no solo por su disciplina y sentido del deber, sino también por su estilo de vida meticuloso, en el que la alimentación jugó un papel clave.
Su chef personal, Darren McGrady, reveló en la revista Hello! los secretos de la dieta de la monarca, una combinación equilibrada de alimentos naturales, proteínas magras y pequeños placeres que le permitieron mantenerse saludable y enérgica hasta los 96 años.
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Lejos de seguir dietas restrictivas o extremas, Isabel II se enfocaba en la calidad de los alimentos sin renunciar a ciertos gustos.

Su plan nutricional diario se basaba en cinco comidas bien estructuradas, en las que predominaban los antioxidantes, las proteínas y las verduras. Pero la reina también sabía disfrutar: el chocolate y una copa de Dubonnet con ginebra eran parte de su rutina.
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Doble desayuno, incluso con pescado
El día de la soberana comenzaba con un primer desayuno ligero, casi ritualista: una taza de té Earl Grey sin leche ni azúcar, acompañada de unas galletas. Según McGrady, Isabel II no se preocupaba por contar calorías.
Luego llegaba el desayuno real, más completo y nutritivo. Dependiendo del día, optaba por cereales integrales, yogur, tostadas con mermelada casera o, en una elección poco habitual fuera del Reino Unido, pescado.
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El arenque y el abadejo ahumado eran sus opciones favoritas, un hábito que, según los historiadores, se remonta a la época victoriana. Desde el punto de vista nutricional, tiene sentido: el pescado azul es rico en ácidos grasos omega-3, esenciales para la salud cerebral y cardiovascular.
A la hora del almuerzo, la reina prefería platos sencillos pero balanceados. El pescado era una de sus opciones predilectas, acompañado de verduras al vapor y sin salsas pesadas.
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Evitaba los carbohidratos como las papas, el arroz o la pasta, una estrategia que favorece la digestión y ayuda a mantener los niveles de energía estables a lo largo del día.
La merienda: un ritual sagrado
Si hay algo que Isabel II jamás perdonaba era la merienda de las cinco de la tarde, fiel a la tradición británica del té. Junto con su infusión, disfrutaba de algún dulce, desde bizcochuelo de jengibre hasta galletas.
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Su favorito absoluto era el pastel de chocolate. “Si había algo con chocolate en el menú, ella lo elegía sin dudarlo”, confesó su chef. Su amor por el cacao no era solo una cuestión de gusto: el chocolate negro es un poderoso antioxidante que mejora el estado de ánimo y protege la salud cardiovascular.
Cena abundante con carnes de caza y un toque de Dubonnet
A diferencia de lo que recomiendan muchos expertos en nutrición, la reina Isabel II no seguía la regla de las cenas ligeras. Su menú nocturno solía incluir carnes de caza como venado, faisán o cordero, opciones ricas en hierro y proteínas magras. Acompañaba estas carnes con verduras y, ocasionalmente, un postre de chocolate.
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Para cerrar la jornada, Isabel II disfrutaba de su cóctel favorito: Dubonnet con gin, servido con hielo y una rodaja de limón. Aunque también solía acompañar la cena con una copa de vino, los expertos en salud advierten que el consumo de alcohol, en cualquier cantidad, conlleva riesgos.
Disfrutar sin excesos, la clave de la longevidad
Más allá de la planificación de sus comidas, la filosofía alimentaria de la reina Isabel II se basaba en el equilibrio. No seguía dietas estrictas ni se privaba de los placeres culinarios, pero priorizaba ingredientes naturales y frescos. Su rutina demuestra que una alimentación saludable no está reñida con el disfrute, un principio que podría ser la clave de su longevidad.
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