
El reciente viaje oficial del rey Carlos III y la reina Camila a Australia en 2024 marcó un contraste significativo en términos de costos respecto a las visitas realizadas por la reina Isabel II.
Ocurrió hacia finales de octubre (de 2024) pero ahora se conoce la “rendición de gastos”, como corresponde.
Esta comparación pone de manifiesto un cambio en la forma de concebir y ejecutar las giras reales, con una orientación más pragmática por parte del actual monarca, destaca Vanity Fair.
Los números
La gira de Carlos III y Camila, de seis días de duración, tuvo un costo estimado de 297.000 libras esterlinas (u$s 373.800 aproximadamente), lo que representa menos de la mitad del gasto que implicó la visita de Isabel II en 2006.
Durante el viaje, los gastos incluyeron transporte, alojamiento, comidas, eventos oficiales, hospitalidad y hasta la confección de banderas. Aunque austero en comparación con el pasado, el presupuesto total del rey ascendió a unos 62.000 dólares por día.
Cabe destacar que este viaje incluyó una modificación en la agenda para añadir un día de descanso, debido al estado de salud del monarca, quien fue diagnosticado con cáncer a principios de 2024.
Esta decisión subraya una actitud de adaptabilidad y cuidado hacia las necesidades del rey durante su primera visita oficial a Australia como soberano.
A pesar de la intención de mantener un perfil bajo, Carlos y Camila enfrentaron manifestaciones de activistas anticoloniales.
Durante un discurso en el Parlamento, la senadora australiana Lidia Thorpe acusó al rey de ser responsable de un “genocidio” vinculado al legado colonial británico.
No obstante, el viaje no estuvo exento de muestras de afecto: alrededor de 10.000 personas se reunieron en la Ópera de Sídney para recibir a la pareja real con entusiasmo.
La reina Isabel II y su enfoque tradicional
En contraste, la visita de Isabel II a Australia en 2006, que se extendió por cinco días, tuvo un costo significativamente mayor, alcanzando las 716.774 libras esterlinas (u$s 902.000 aproximadamente).
Este viaje incluyó paradas en Sídney, Canberra y Melbourne, además de la asistencia a los Juegos de la Mancomunidad, un evento que tradicionalmente reunía a los mejores atletas de los países miembros de esta asociación.
La reina Isabel también regresó a Australia en 2011 para una visita más larga, de 11 días, cuyo costo ascendió a 1,3 millones de libras esterlinas ($USD 1.600.900 aproximadamente) según datos recopilados por The Telegraph.
Estos números reflejan un enfoque más ostentoso y formal que caracterizó el reinado de Isabel II, cuya presencia en eventos internacionales se asociaba con un simbolismo de estabilidad y grandeza.
Contexto político y legado
La visita de Carlos III ocurre en un momento de cambios y cuestionamientos sobre el papel del monarca británico en los países de la Mancomunidad.
Australia, al igual que otros 13 países, sigue manteniendo al rey como su jefe de Estado, aunque existe un creciente debate sobre la relevancia de esta figura en el contexto contemporáneo.
En 2021, Barbados se convirtió en una república, cortando sus vínculos con la monarquía, y Jamaica ha dado pasos hacia la eliminación del monarca como jefe de Estado.
Este panorama plantea retos significativos para Carlos III, quien deberá equilibrar su papel como símbolo de la tradición británica con las demandas de modernidad y soberanía que expresan algunos de los países de la Mancomunidad.
Un viaje con doble mensaje
La significativa reducción de costos en la visita de Carlos III refleja una intención de marcar una diferencia con el estilo de su madre, mientras navega por un contexto político complejo y sensible.
Aunque la reducción en el presupuesto puede interpretarse como una respuesta a las expectativas de austeridad y modernidad, el rey también enfrenta desafíos únicos, tanto en términos personales como en su rol político.
La gira de Carlos III en Australia no solo evidenció un enfoque más sobrio, sino que también puso de relieve las tensiones históricas que persisten entre el legado de la monarquía británica y las aspiraciones de autonomía de sus antiguas colonias.
Con este viaje, el nuevo monarca deja entrever cómo busca redefinir su papel en una era en la que el pasado y el presente coexisten de manera inevitable.
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