
Hace más de una década que Christopher Jackson es el fotógrafo real de Getty Images. En su carrera, que comenzó en un pequeño cuarto oscuro que montó en el sótano de su casa cuando era un aplicado estudiante de Fisiología, cubrió algunas de las noticias más importantes de su tiempo: la sequía en el Cuerno de África, la toma de posesión del Papa Benedicto XVI, escaladas a la cima del Kilimanjaro, premios y festivales, conflictos en zonas sísmicas de Pakistán o en Sierra Leona. Pero nada fue tan determinante para él como la primera vez que capturó con su lente a Isabel II en Royal Ascot.
“Con los años, ese lugar, el hipódromo y las carreras de caballos terminaron resultándome muy familiares: ¡Ascot era sin duda uno de los eventos favoritos de la Reina! –cuenta Jackson a Infobae–. El trabajo en la realeza fue un proceso orgánico; a lo largo de los años, fui estableciendo contactos y empecé a participar en viajes y visitas relacionadas con la corona. Me di cuenta de que era un campo que me encantaba y de que además era posible crear un archivo específico del género en una variedad de estilos, del retrato al reportaje”.

Comentarista habitual de la realeza en medios como la BBC, RTL, CNN, Sky News, Today Show, CBS, ITV 1 y FOX News, Jackson participó de giras y sesiones privadas con casi todos los Windsor. Es frecuente que sus fotos se publiquen en las portadas de diarios de todo el mundo: la de Willian y Kate de Cambridge saliendo de la Abadía de Westminster como recién casados, en abril de 2011, es tal vez la más icónica de la boda. Ha recibido varios premios y menciones por sus fotos reales para Getty Images, incluido el de Fotógrafo Real del Año 2010. Ahora que le tocó cubrir la despedida de la mujer a la que acompañó en sus últimos años de servicio –esos que forjaron su propia vocación–, la recuerda ante Infobae, desde Londres.

“Lo fantástico es que la Reina tenía un gran sentido del humor –dice Jackson–, lo que sin duda facilitó mi trabajo. Pero, por supuesto, cualquier oportunidad de fotografiarla era un poco angustiosa: la preparación y hacer que estuviera lo más relajada posible era definitivamente la clave. Siempre tuve la suerte de fotografiar a la Reina y a los otros miembros de la familia en sus compromisos diarios, así que siempre tenía también algo de qué hablar”.
–¿Cuál es la foto que recuerda con más cariño de estos años junto a Isabel II?
–Tengo muchos momentos favoritos fotografiando a la Reina. Muchos tienen que ver con el ambiente y con haber podido ser parte de todo eso. En sus últimos años, el Jubileo de Platino donde, para festejar sus setenta años en el trono, la Reina hizo una emotiva aparición final en el balcón del Palacio de Buckingham, fue increíble para mí. Estar ahí, verla y poder hacer esa toma. Pero recuerdo también cuando ganó la Copa de Oro en Ascot, en 2018, y el apoyo de la multitud cuando su caballo Estimate cruzó la meta. Era la primera monarca en ganar el trofeo en más de 200 años, y lo mucho que eso significaba para ella quedó claro en la fotografía de cuando le entregaron el trofeo.

–¿Cuál fue la imagen más original o atípica que pudo hacerle?
–Me encantó hacer la del día en que la Reina conoció a Donna, la elefanta asiática del Zoológico de Whipsnade (en Bedfordshire, al noreste de Londres). Fue en 2017 y todavía estaba junto al Duque de Edimburgo en este compromiso real de lo más inesperado: mientras Donna intentaba arrebatarle una banana del bolsillo a Isabel II, tanto ella como el príncipe Felipe disfrutaban claramente del momento y le convidaban con otras que habían llevado. Un grupo de cuidadores, con aspecto bastante preocupado y fuera de plano, retenían a la enorme bestia en caso de que algo saliera mal, pero todo fue genial. ¡Sin duda fue uno de los momentos más inusuales con la Reina!
Cuando le pregunto qué es lo qué más va a extrañar de trabajar con Isabel II, Jackson es Chris y no duda: “Es muy sencillo, su sonrisa. Echaré de menos su sonrisa”, afirma. Y no es porque fuera algo normal, admite, sino al contrario; cualquiera que haya visto fotos de la Reina sabe que no era especialmente carismática frente a la cámara, pero eso sumaba para su fotógrafo un desafío –y un afecto– adicional.

“Ciertamente la Reina no estaba siempre sonriendo y nunca jugaba con la cámara –especifica Jackson, y al otro lado de sus palabras no es difícil imaginarlo emocionado–. Isabel II era totalmente genuina y, por eso, como fotógrafo, tenías que estar atento para capturar esas sonrisas fugaces; sus momentos de humanidad, sus expresiones e interacciones. Adoraba eso de ella”.
Su trabajo, que ahora sigue junto al nuevo rey Carlos III y los demás miembros de la corona británica, fue poder descubrir lo real que había en la monarca más allá de la realeza –y registrar lo verdadero en ella, lo auténtico–, en esos gestos que aprendió de memoria y que ahora forman parte del pasado, pero también de sus mejores imágenes.
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