
Cuando se estudia en profundidad el capítulo del Holocausto, el exterminio del pueblo judío a manos de la maquinaria genocida nazi, la pregunta que inevitablemente surge es por qué, aun teniendo la información, los gobiernos de los países aliados no actuaron con la responsabilidad que se requería. La firmeza ante la vulneración de todos los derechos, valores, principios y la sensibilidad exigible a todo gobernante en los momentos de crisis humanitaria, estuvieron ausentes.
Desde la negativa de abrir sus puertas a los refugiados judíos, hasta la demora en bombardear las vías que conducían a los campos de concentración y exterminio, e incluso castigar durante y después a los diplomáticos que, en soledad y con absoluta valentía y despojo, dieron visas y salvoconductos salvando miles de vidas.
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Ellos, pese a la oposición de sus superiores, se convirtieron, sin proponérselo, en los Justos entre las Naciones.
Es imprescindible revisar una y otra vez los hechos históricos y formularnos nuevas preguntas. La Shoá por su propia dimensión, así lo exige. Solo de esa manera será posible construir un mundo mejor, más seguro donde no exista la posibilidad de repetir lo ocurrido.
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Abunda la documentación sobre el silencio de los Estados. Cómplices en muchos casos, erráticos en otros, pero con el mismo resultado: el aniquilamiento de millones de personas solo por su identidad, la destrucción de comunidades enteras con sus sinagogas, instituciones y organizaciones. Pero nos quedó su legado. Con ello no pudieron.
Hay un libro que es importante leer. Se llama "Serán la vida, homenajes a las Víctimas y Sobrevivientes de la Shoá", editado en el año 2014, que reúne testimonios a través de las palabras de reconocimiento y pedido de perdón expresadas por embajadores europeos por el antisemitismo de sus países durante la segunda guerra mundial y la falta o escasa ayuda brindada a sus ciudadanos judíos. La indiferencia ante la tragedia.
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Estos testimonios, se fueron dando a lo largo de varios años en un proyecto significativo, llevado a cabo por la DAIA, en cada una de las embajadas, y que hoy frente a la necesidad de respuestas activas frente al antisemitismo y el terrorismo, toma una nueva dimensión y valor. Allí están presentes las voces de sobrevivientes, diplomáticos anfitriones y de los distintos presidentes de la representación política de la comunidad judía. El reclamo de décadas de las comunidades judías del mundo era oído y respondido. Y por primera vez las embajadas abrían sus puertas para homenajes con motivo de la Shoá.
Ayer, 19 de abril, conmemoramos 83 años del Levantamiento del Gueto de Varsovia en 1943. Liderados por Mordejai Anilevich, jóvenes de los movimientos sionistas, sometidos a condiciones extremas del hambre, la enfermedad, el hacinamiento y el terror impuesto por el régimen nazi, se alzaron en defensa de la dignidad judía frente a la maquinaria genocida.
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Este acto de valentía, heroísmo y orgullo identitario sin igual, es el más emblemático de los actos de resistencia durante el Holocausto. Fue el primer levantamiento armado llevado a cabo en absoluta inferioridad. La lucha fue dada en soledad, solo pocos miembros de la resistencia polaca brindaron ayuda. El resultado fue el aniquilamiento del Gueto y en la muerte de la mayoría de los héroes del levantamiento. Los pocos sobrevivientes fueron deportados a los campos de exterminio.
El pueblo judío, especialmente sus juventudes lo han adoptado a lo largo de los años como ejemplo y fuente de inspiración. Su legado es para todos, un llamado a la defensa y celebración de la vida siempre y en toda circunstancia. Sin concesiones. Es el amor a la libertad, a la reivindicación de la justicia, el respeto a la diversidad. Es la convicción de ser constructores de la paz por sobre todas las cosas. Cumplir con el mandato de reparar el mundo.
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En aquellos años de apogeo del nazismo y en pleno avance de “la solución final para el problema judío” el mundo eligió el silencio.
Hoy el presidente argentino Javier Milei se encuentra nuevamente en Israel y visitó el Muro de los Lamentos, mayor símbolo religioso del pueblo judío.
El presidente no guarda silencio. Y no necesita hablar. Con su sola presencia allí, expresa nuevamente su posición clara contra el antisemitismo y el terrorismo.
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Y es para celebrar. Cuán distinta hubiera sido la historia si, en la Segunda Guerra Mundial, todos los líderes hubieran estado del lado correcto.
Distinta sería también, la realidad del terrorismo si el mundo, los gobiernos y las organizaciones internacionales no lo hubieran apañado como lo hicieron. Ni tolerado, ni justificado.
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Ayer recordamos el Heroico Levantamiento del Gueto de Varsovia, mañana celebraremos un nuevo aniversario de la creación del Estado de Israel, única democracia en Medio Oriente.
La presencia del presidente Milei, en estos días, expresa una vez más la conducta largamente esperada por la comunidad judía, un compromiso real y firme del Estado frente al terrorismo y el antisemitismo. Esta toma de posición, sincera y sin especulaciones engrandece a la Argentina.
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