
He estado por todos lados en Washington tratando de averiguar qué puede pasar en la reunión del presidente de Estados Unidos Donald Trump con el presidente de Colombia Gustavo Petro. Hay apenas un elemento común en la respuesta de las casi nueve personas con las que he hablado sobre el tema, el resultado y el ambiente de esta reunión es impredecible.
Lo primero que hay que decir es que haber logrado esa reunión es un gran logro de la diplomacia colombiana, léase Daniel García Peña, el embajador de Petro en Washington.
La relación de Colombia con Estados Unidos es fundamental en todos los aspectos y Gustavo Petro, durante tres años y medio, se dedicó a deteriorarla, hasta el punto de que en Nueva York, en un evento público en la calle, le pidió a los militares americanos desobedecer las órdenes de su presidente. Sin demeritar la importancia de haber conseguido esta reunión, la pregunta es, ¿qué hizo que Petro cambiara de opinión a pocos meses de irse del poder?

Esa respuesta es clara, no quiere, cuando esté fuera del poder, ser un objetivo de Estados Unidos, que ya le quitó la visa y lo incluyó en la llamada lista Clinton. Sabe que sus relaciones no muy legales con Chávez y con Maduro se van a conocer más temprano que tarde y que incluso su libertad puede estar en juego. El pragmatismo puro de Petro lo llevó a hacer un giro de 180 grados en esta materia.
¿Qué movió a Donald Trump y a su equipo para aceptar primero la llamada y luego esta reunión? También pragmatismo puro y duro. Trump sabe que tiene a Petro en una situación de debilidad extrema y que lo puede poner a jugar un papel activo y positivo en dos temas que actualmente son críticos para Estados Unidos y obviamente para su gobierno: el primero es el narcotráfico y el segundo es Venezuela.
Entendiendo este contexto ahora la pregunta es, ¿qué resultados puede tener esa reunión? Para Petro el objetivo es claro: blindarse en materia de sanciones e incluso de persecución judicial en el futuro; el objetivo de Trump y de Estados Unidos es mucho más amplio y tiene que ver con la extracción de Maduro, la estabilidad en Venezuela y la fuga de narcos de todo tipo a Colombia.

He estado en tres reuniones con Donald Trump (una en Naciones Unidas y dos en la Casa Blanca); subestimarlo es el peor error que uno puede cometer. Es un hombre carismático, pragmático, busca información en cada reunión y esa conexión que hace puede lograr muchas cosas; su franqueza desarma y deja claro lo que quiere y lo que necesita.
Sin duda, el encuentro de Donald Trump con el mandatario colombiano tiene como objetivo apretar a Petro en temas críticos para Estados Unidos y para Colombia. El primero es el narcotráfico, en lo cual los resultados de este gobierno son desastrosos, pasamos de 200 mil a 300 mil hectáreas de coca y de 1600 a 2700 toneladas métricas de coca exportada. Los narcos han sido los grandes beneficiarios de este gobierno.
¿Qué le van a pedir? Las extradiciones de capos, que hoy Petro tiene frenadas; la reanudación de la fumigación con glifosato y la erradicación forzosa, que Petro acabó. Solo en lo de las extradiciones puede cumplir y es medible; en lo demás, va a decir que sí, pero no va a hacer nada, lo bueno es que el siguiente gobierno tendrá claro que hacer. El acuerdo de Juan Manuel Santos con las Farc, que acabó con la lucha contra las drogas, hoy pasa cuenta de cobro. No podemos olvidar que en su gobierno pasamos de 48 mil hectáreas de coca a 200 mil.

El segundo tema de discusión es el de los grupos armados, que van a perder la seguridad y tranquilidad que tenían en Venezuela y, sin duda, van a querer desestabilizar aún más a Colombia. Ya sabemos que Iván Marquez, quien vivía en el Fuerte Tiuna, y Antonio García, quien vivía en Caracas, se están moviendo hacia Colombia. Lo mismo va a pasar con sus grupos, las Farc y el ELN, que tienen gran fuerza y presencia en Venezuela.
¿A qué se puede comprometer Petro? A poner en remojo la ‘Paz total’, acabar esas zonas de distensión que son zonas de criminalización donde los narcos, obvio incluyo al Eln y a las Farc, operan con toda tranquilidad. ¿Se va a ver un cambio? No, las Fuerzas Militares colombianas están en un mal momento operativo y de inteligencia por decisiones de este gobierno y, de nuevo gracias a Juan Manuel Santos, tienen 70 mil efectivos menos.
Un tercer tema, y casi el más importante, debe ser el de las elecciones de marzo y de mayo en Colombia. Petro quiere intervenir en ellas de dos maneras. Primero, utilizando billones del Gobierno para comprar favorabilidad para su candidato, Iván Cepeda, a través de subsidios, que son inviables y que se acaban después de las elecciones, una compra de votos disfrazada. Segundo, mirando al otro lado mientras los narcos, de nuevo hay que incluir a las Farc y al ELN, operan en sus regiones a favor de su candidato, Cepeda, a través de la coacción, la presión y, en el caso de los narcos, la compra directa de votos.

No debemos desestimar este punto, que es clave para el futuro de Colombia y de la región. Estados Unidos debe dejar en claro qué consecuencias traería desobedecer esas indicaciones para Petro y para los funcionarios de su gobierno. Haber permitido que Chávez y Maduro hicieran lo que Petro de cierta manera quiere hacer en estas elecciones, llevó a Venezuela a lo que es hoy. No respetar la democracia, y este mensaje también va para Claudia Shienbaum, tiene un costo para los gobernantes y sus funcionarios. Buen precedente el que crearía Trump.
Muero de ganas de ver una rueda de prensa de Trump y Petro como fue la de Zelensky. No sé si se va a dar, pero sería como para alquilar balcón.
Lo bueno de todo lo que está sucediendo es que abre las puertas para que el nuevo gobierno colombiano trabaje con Estados Unidos, como lo hicimos durante la vigencia del Plan Colombia que Santos acabó.

Todo esto se lo debemos a Trump, quien, con la extracción de Maduro, mandó un mensaje al continente que afortunadamente Petro entendió. Ya veremos cómo sale esta reunión, pero mi asiento en el balcón ya está comprado.
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