En dos tercios del hemisferio occidental no se habla de otra cosa distinta al posible desenlace de la confrontación entre Estados Unidos y el régimen que hoy ocupa a Venezuela. Porque al decretar Estados Unidos la guerra al crimen organizado transnacional, obviamente que el primer objetivo es Venezuela, país que junto con Haití está dominado por ese agente no estatal.
Para muchos, se acerca un desembarco de unidades militares de Estados Unidos. Para otros, habrá una negociación de último minuto que le permitirá a los líderes de la cosa nostra venezolana refugiarse en alguna geografía del planeta Tierra.
A mi modo de ver, ninguna de estas resoluciones tiene asidero en la realidad. La primera porque ya para los Estados Unidos está clarísimo que usar la fuerza militar para cambiar regímenes es una estrategia cara, compleja e inútil, ya que los países que han sido sometidos a esa receta no han visto florecer un sistema democrático que consagre la libertad para sus habitantes y la paz para sus vecinos. Recordemos acá las veces que ha habido invasiones en Haití e Irak, lo ocurrido en Afganistán y la anarquía de Libia. En un momento de su historia en que los Estados Unidos ostenta una deuda pública del mismo tamaño que su producto interno bruto y que la administración Trump redefine el marco geopolítico mundial, invadir Venezuela es poco aconsejable.
Pero lo que sí está clarísimo es que los Estados Unidos está aplicando en Venezuela una política de asfixia. Esta política ha comenzado por encarecer sensiblemente las operaciones de la marina mercante a Venezuela al producirse diariamente interdicciones de navíos con destino a ese país. Desde el punto de vista financiero, las sanciones han sacado al régimen de Venezuela del marco de los esquemas financieros internacionales, obligándole a recurrir a la tercerización de sus transacciones, lo cual lleva los costos a niveles insostenibles. Y finalmente, ya se ha identificado los intermediarios y los puntos de venta de los minerales preciosos como el oro y los diamantes, así como los elementos raros que impulsan la industria electrónica.
También Estados Unidos inició diálogo con China para reordenar las relaciones entre ambos estados. Porque quien crea que las conversaciones se limitan a quién va a adquirir TikTok definitivamente vive en un limbo. Y en el paquete de temas para reordenar al mundo está el energético. Y este aconseja a China solventar sus necesidades energéticas en el Medio Oriente y no en el Hemisferio Occidental. De manera que el régimen de Venezuela puede perder uno de sus pocos clientes, si no lo ha perdido ya. Esto sin contar el régimen de terror que se ha instalado en todo el oriente de Venezuela como consecuencia de la voladura por parte de Estados Unidos de cuanto navío de menor calado salga de las aguas territoriales del país.
Todo esto lleva a la conclusión de que la apuesta norteamericana en el caso del destino del régimen de Venezuela es la implosión. Dicho desenlace vendría dado por un colapso interno violento. Sobre todo cuando el propio presidente Trump ha dicho que ordenó cortar todo diálogo con el régimen que preside Nicolás Maduro. “Ese régimen como todos aquellos asentados en el reparto de botines ilícitos tiende a colapsar en ausencia del flujo de recursos económicos”. Y el régimen de Venezuela se está quedando sin recursos. “Esto tarde o temprano provocará su colapso”.
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