El reciente artículo publicado el 24 de agosto por el embajador chino en Argentina, Wang Wei, titulado “Recordar la historia, apreciar la paz: Conmemoración del 80.º aniversario de la victoria del pueblo chino en la Guerra de Resistencia contra Japón”, presenta una narrativa parcial y distorsionada de la historia al afirmar que, tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, Taiwán fue “devuelto a China”. Esta versión ignora tanto los hechos jurídicos como la realidad política actual.
En primer lugar, debe recordarse que el Tratado de Paz de San Francisco de 1951, instrumento vinculante en el derecho internacional, sustituyó a declaraciones políticas como la Declaración de El Cairo o la Proclamación de Potsdam. Dicho tratado estipuló que Japón renunciaba a Taiwán y a las islas Pescadores, pero en ningún momento transfirió su soberanía a la República Popular China (RPC). La RPC, fundada en 1949, jamás ha gobernado Taiwán ni ejercido soberanía sobre la isla.
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En segundo lugar, la interpretación que hace Pekín de la Resolución 2758 de la Asamblea General de la ONU es engañosa. El texto completo de la resolución, de apenas 158 palabras, solo reconoce a la RPC como el representante legítimo de “China” en la ONU, pero no menciona a Taiwán. A pesar de ello, Pekín ha usado esta resolución como justificación para reclamar la isla. Diversos actores internacionales, incluido el Departamento de Estado de los Estados Unidos, han dejado claro que tal interpretación carece de fundamento.

En tercer lugar, el desarrollo democrático de Taiwán demuestra su autonomía política. Desde la década de 1980, Taiwán emprendió un proceso de liberalización política y democratización. En 1996 celebró su primera elección presidencial directa y ha experimentado tres transiciones pacíficas de poder en 2000, 2008 y 2016. Estos hitos han consolidado su sistema democrático y su identidad nacional, reflejando la firme convicción y voluntad del pueblo taiwanés de vivir en libertad y democracia. El gobierno de la República de China (Taiwán) es el único legítimo que ejerce una administración efectiva en la isla y la representa en el exterior. Es un hecho objetivo que la República de China (Taiwán) y la República Popular China no son subordinadas entre sí, y la RPC no tiene derecho a representar a Taiwán en la comunidad internacional.
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Finalmente, Taiwán reafirma que su futuro solo puede ser decidido por su propio pueblo. Manipular la historia o el derecho internacional para justificar reclamos territoriales no contribuye a la paz, sino que aumenta las tensiones en la región. Instamos a las autoridades de Pekín a actuar de manera pragmática y racional, y a reconocer que las relaciones a través del estrecho solo pueden mejorar sobre la base de la dignidad y la paridad, mediante el diálogo con el gobierno democráticamente elegido que representa al pueblo de Taiwán. Taiwán, como socio democrático responsable, continuará trabajando con países afines para proteger el orden internacional basado en normas, enfrentar los desafíos del autoritarismo y defender los valores universales de libertad, democracia y derechos humanos.
La verdad es clara: Taiwán no pertenece a la República Popular China y nunca ha sido gobernado por ella.
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* Florencia Miao Hung es la embajadora de Taiwán en Buenos Aires.
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