
“Ella estaba viva cuando la violaron. Descalza y sangrando por la espalda. El terrorista haló su pelo y le disparó en la cabeza mientras seguía violándola; ni siquiera se subió los pantalones. Luego le cortaron un seno y jugaron con él”.
Testimonio de un testigo recopilado por la policía israelí después de los ataques del 7 de octubre.
Confieso que hoy me declaro una feminista en agonía. Siento vergüenza, desesperanza y profunda decepción. Ser feminista, para mí, no es un título, sino una convicción, una creencia y una lucha por un mundo más equitativo e igualitario, donde las niñas y mujeres en todo el mundo obtengan las mismas oportunidades que los niños y hombres, y puedan exigir el mismo trato y nivel de protección.
También significa pertenecer a una hermandad donde, sin importar las diferencias, todas tenemos un común denominador que nos define y nos hilvana: luchar por la inclusión de todas las mujeres, por alzar su voz, así como para que se visibilicen las injusticias y los abusos en su contra.
Desde la masacre cometida por Hamás el 7 de octubre, más de 1.500 testimonios de violaciones y agresiones sexuales han sido recibidos por la policía israelí. Los cuerpos y almas de las víctimas han sido marcados para siempre por el terrorismo, el machismo y la crueldad. Incontables imágenes de mujeres desnudas, violadas y luego asesinadas, mutiladas y quemadas –muchas compartidas por los propios terroristas de Hamás– nos han dejado pasmados. Pero, tristemente, si bien debimos haber escuchado gritos colectivos de denuncia –exigiendo la protección de sus derechos–, lo que ha prevalecido es un silencio abrumador de los movimientos feministas en el mundo.
Cuando se hicieron evidentes las atrocidades de Hamás y el uso, por parte de esta organización terrorista, de la violencia sexual, desde la Liga Antidifamación (ADL) y las organizaciones israelíes y judías feministas, alzamos nuestras voces inmediatamente; redactamos cartas abiertas e hicimos llamados urgentes a la acción a las instituciones internacionales y las ONG, instándolas a condenar categóricamente los crímenes de guerra de Hamas, honrar a las víctimas que fueron brutalmente violadas y asesinadas, y a tomar acciones concretas para liberar a las secuestradas en Gaza.
Sin embargo, ONU Mujeres, la entidad de la ONU encargada mundialmente de salvaguardar y promover los derechos de la mujer, no ha logrado, hasta el momento, emitir una condena clara de los crímenes de guerra de Hamás basados en el género y mucho menos tomar medidas para proteger a estas mujeres.
Por las calles de América Latina he escuchado en numerosas ocasiones a hermanas feministas orgullosas gritar “Ni una menos”, inspiradas en la emblemática frase de la poetisa mexicana Susana Chávez que reza: “Ni una mujer menos, ni una muerte más”.
Es un lema de protesta por los feminicidios en Ciudad Juárez, que luego, en 2015, se convertiría en Argentina en un movimiento social que se extendió a lo largo del continente y que lucha contra la violencia de género. Al escuchar esa consigna, sentía ser parte de esa responsabilidad colectiva de alzar la voz por todas, con miras a que ni una mujer más fuera víctima de violencia, de feminicidios o de agresiones sexuales.
Todas las pérdidas importan y por todas se debe protestar, ese es el núcleo de este pensamiento.
¿Dónde quedó la voz de estos colectivos feministas que claman defender a todas las mujeres? Me duele la deshumanización y la hipocresía, porque fallarle a las mujeres y niñas israelíes es también fallarle a la esencia del feminismo y a las mujeres en todo el mundo.
El Nobel de la Paz 2018 por su lucha contra la violencia sexual, el ginecólogo congolés Denis Mukwege, solía afirmar: “Cuando violan a una mujer, allá donde sea, es a mi mujer a la que violan. Cuando violan a una hija, a una madre, es a mi hija y a mi madre a las que están violando”.
¿Porque entonces las marchas feministas de este 25 de noviembre no protestaban también por las mujeres israelíes, sintiéndolas como propias? Y, peor aún, ¿por qué a las mujeres que quisieron unirse a la marcha de París para clamar por las mujeres israelíes no se les dejó participar y fueron agredidas al intentarlo?
No hay excusa para la violencia contra las mujeres, todas las mujeres. Sin embargo, el mundo continúa ignorando, minimizando, cuestionando y callando los brutales actos de violencia sexual perpetrados por Hamás contra mujeres israelíes.
¿Cuál es la excusa de este terrible silencio?
Marina Rosenberg es la Vicepresidenta Sénior de Asuntos Internacionales de la Liga Antidifamación (@ADL_es).
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