
¿Cuál es la relación entre el dominio de la inteligencia artificial sobre nuestra economía, nuestro futuro incierto y la remodelación del panorama educativo?
Pensémoslo por un momento.
Los niños que estamos criando hoy, la Generación Z y la Generación Alfa, pueden utilizar (y ya están utilizando) la inteligencia artificial para cualquier tarea basada en el conocimiento. Pregúntales cuestiones históricas, desafíales con problemas matemáticos, instrúyeles para resumir artículos, extraer ideas filosóficas o traducir cualquier oración en cualquier idioma; la inteligencia artificial puede resolver estas tareas rápidamente.
Sin embargo, este conocimiento generado por IA no dejará huella en ellos, ni desarrollará sus capacidades, habilidades o sentido de empoderamiento. Esta constatación tiene una implicación clara: la enseñanza directa de conocimientos ya no es relevante. Ya lo sabíamos, habíamos observado las consecuencias de la instrucción frontal y el suministro de información a los estudiantes para su compromiso y preparación para la realidad actual. Sin embargo, la integración masiva de la inteligencia artificial en nuestro mundo y la velocidad con la que se está infiltrando en todos los aspectos de nuestras vidas requieren un cambio rápido y dramático en la educación.
La consecuencia de depender del conocimiento existente e integrar el uso de ChatGPT y otras herramientas de IA generativa en la educación sin una puesta en cuestión completa del sistema significa cultivar una generación que podría ser más eficiente y hábil en el uso de herramientas tecnológicas, pero fácilmente reemplazable por la IA a medida que ésta evoluciona y mejora. Por ejemplo, si un estudiante aprende a escribir contenido rápidamente utilizando la IA, en algún momento la tecnología creará recordatorios y generará el contenido por sí misma, socavando el papel del estudiante. De manera similar, si un estudiante aprende a utilizar la IA para acelerar su velocidad de codificación, la tecnología podría eventualmente comprender el código requerido y escribirlo de forma independiente. Esto exige que los estudiantes aprendan habilidades completamente diferentes, ya que las tareas existentes pueden ser realizadas por la IA.
De consumo a creación
El concepto de la Economía del Creador, valorado actualmente en 100-200 mil millones de dólares y que está en constante crecimiento, se relaciona principalmente con la creación de contenido, la construcción de audiencia y la monetización. La idea es permitir a las personas aprovechar sus habilidades, conocimientos y rasgos personales para crear valor e interés. Ahora, la IA nos desafía a expandir este concepto aún más. ¿Y si, en lugar de memorizar conocimientos históricos, las clases de historia pidieran a los estudiantes proyectarse en el futuro? ¿Y si se les encargara contemplar cómo fortalecer una proyección optimista y contrarrestar una pesimista? ¿Y si, en lugar de aprender geografía, se les pidiera aprender sobre los cambios recientes en la Tierra y explorar su relación con los problemas climáticos? ¿Y si se les encargara ver las noticias y expresar sus sentimientos a través de cualquier medio preferido? La IA puede ayudar en cada paso, pero no liderará el proceso. Más que eso, la creación de nuevo contenido les obligará a explorar el mundo con una linterna y una lupa, encontrar pistas en lo conocido y aventurarse en lo desconocido, trazar sus caminos en un mundo de incertidumbre y lidiar con la falta de control. En una realidad en la que un porcentaje alarmante de jóvenes sufre de ansiedad y lucha contra la depresión, estos nuevos procesos podrían dotarles de herramientas y mecanismos relevantes para hacer frente a ello.
La economía de la pasión
Los avances digitales han dado lugar a otro subconcepto conocido como la Economía de la Pasión, que amplifica la relación entre la profesión, la felicidad y la realización personal. La idea de identificar la pasión personal y permitir que ésta nos guíe hacia las oportunidades profesionales adecuadas no es un concepto nuevo. Durante décadas, nos hemos alejado de los caminos de nuestros padres en busca de nuevas formas de autorrealización. Pero la economía digital ha hecho que estas oportunidades sean más accesibles y precisas. Las profesiones han evolucionado, las especializaciones se han expandido y la capacidad de las personas para crear y comercializar ha permitido que cada vez más individuos alineen su pasión con su área de ocupación y sustento.
Sin embargo, conectarse con la pasión en 2023 es menos sencillo de lo que una podría esperar. Dada la avalancha de contenido, canales y algoritmos sofisticados que consumen nuestro tiempo, la capacidad de descubrir y nutrir esa pasión se ha vuelto más compleja. A través de interacciones frecuentes con adolescentes en los últimos años, me he dado cuenta de que identificar áreas de interés, fuentes de alegría o fortalezas personales está lejos de ser trivial. El bosque de contenido y sus posibilidades inherentes está creciendo, lo que hace que el acto de elección sea más desafiante. La práctica continua de la exposición y selección es una habilidad que debe ser constantemente perfeccionada para ayudar a la generación a alinearse con un propósito, perseverar en la formación y permitirles llevar iniciativas y proyectos a una gratificante conclusión.
Combinando impulso y atracción
Como siempre, la transición de un estado actual a uno nuevo es compleja y gradual. No se trata de cambiar de la dependencia del contenido existente a crear nuevo contenido de la noche a la mañana. O de pasar de las opciones sugeridas por algoritmos (por ejemplo, en Netflix, Spotify, Tinder o pruebas estandarizadas) a la elección autónoma. O de mirar hacia afuera en lugar de hacia adentro. La realidad en la que estamos criando a nuestros hijos requiere considerar de dónde vienen junto con comprender hacia dónde se dirigen. Conectar los mecanismos existentes con la creación de tendencias y construir nuevos sistemas. Trabajar con lo que tenemos e inventar lo que falta.
Para desarrollar estas nuevas habilidades, necesitamos basarnos en los hábitos actuales de los jóvenes, en las escuelas, la educación informal, los hogares, los mundos del juego y las redes sociales. Utilizarlos como base sobre la cual podemos construir nuevos marcos de trabajo, hábitos de trabajo, caminos de investigación, pasiones, autoconciencia y conciencia del mundo. El próximo año escolar, lleno de inestabilidad en casi todos los aspectos de la vida, junto con los avances tecnológicos que desafían los límites, ofrece una oportunidad para repensar los objetivos de aprendizaje. Para crear colaboraciones entre diversos actores en el mundo de la juventud, integrando organizaciones gubernamentales con entidades empresariales dispuestas a contribuir. Esta es la oportunidad dorada para un cambio sistémico integral que empodere a la Generación Z y la Generación Alfa para que alcancen su potencial en una nueva realidad.
*Yael Shafrir es Cofundadora de ReShuffle, una plataforma de aprendizaje práctico de inglés y desarrollo de habilidades para la vida.
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