
Al igual que ocurriera con otras naciones de nuesta región, el Perú está siendo atacado por los enemigos de la democracia en las Américas.
Los hechos se producen en el marco de una aceleración de la crisis política en ese país. En un devenir caótico iniciado desde la misma elección de un presidente inesperado, inexperimentado y virtualmente desconocido como Pedro Castillo en 2021.
Resulta necesario detallar el curso de los acontecimientos de una crisis en tres tiempos que se sintetizan en el golpe intentado por Castillo, la reacción del Congreso del Perú y la actual crisis política desatada por los enemigos de la libertad.
El día 7 de diciembre, Castillo optó por romper el orden constitucional de su país al pretender erigirse en dictador. Para ello, buscó clausurar el Congreso del Perú y asumir las funciones legislativas en un “Estado de Excepción”. Acaso un eufemismo para no reconocer que su pretensión era inaugurar una tiranía.
De pronto, siguiendo el manual de procedimientos del castrochavismo, el hasta entonces legítimo presidente del Perú incurrió en una gravísima violación de los preceptos fundamentales del sistema democrático y el orden republicano que implica la división de poderes como una de las bases fundamentales del sistema.

Fue entonces cuando -felizmente- el Congreso del Perú logró resistir el auto-golpe y removió inmediatamente a un presidente que se colocó a si mismo al margen del sistema constitucional. Provocando la vacancia en el Poder Ejecutivo y la asunción de quien seguía en la línea sucesoria, la hasta entonces vicepresidenta Dina Boularte. Demostrando la solidez del sistema institucional peruano, y evitando que el país cayera en la noche de la dictadura, el Congreso del Perú dio un ejemplo saludable en una región a menudo sometida a ataques a las instituciones.
Pero los hechos posteriores demostraron el carácter fundamental de las fuerzas del castrochavismo. Porque no conformes con la resolución institucional de la gravísima crisis política en el Perú, se lanzaron a las calles para provocar un caos social en asedio del nuevo gobierno.
Una serie de movilizaciones, convocadas bajo la supuesta invocación de causas legítimas, pero escondiendo sus verdaderos y oscuros propósitos, buscan desestabilizar la vida institucional y ponen en riesgo la misma libertad del pueblo peruano. El asedio a la democracia perpetrado por el Socialismo del Siglo XXI, el Grupo de Puebla y, en definitiva, de las fuerzas del castrochavismo, está siendo demostrando una vez más.

Frente a esos gravísimos hechos, las Américas volvieron a mostrar la división profunda que anida en nuestra región. Mientras por un lado los gobiernos democráticos reconocieron la legitimidad del gobierno formado por la nueva Jefa de Estado y respaldaron el proceso institucional peruano, los gobiernos enemigos de la democracia pusieron su diplomacia al servicio del golpismo.
Así en una actitud política, diplomática y jurídicamente inaceptable, los gobiernos de Argentina, Bolivia, Colombia y México optaron por redoblar sus esfuerzos en defensa de los violadores de la democracia, los Derechos Humanos y el Estado de Derecho en nuestras naciones.
El Foro de San Pablo, el Grupo de Puebla y otros agrupamientos que abierta o veladamente responden a los tiranos castrochavistas de las dictaduras de las Américas insisten en su siniestro propósito de desestabilizar a las naciones de la región comprometiendo las mismas libertades de sus ciudadanos y clausurando toda posibilidad de progreso.
Ignorando que en un sistema democrático la elección de un Jefe de Estado o de Gobierno por medio del sufragio popular no convierte a ese individuo en un emperador dotado de la suma del poder público, los trasnochados miembros y seguidores del castrochavismo desconocen una vez más las bases más elementales del sistema democrático y la división del poder.
Los defensores de la democracia en las Américas no podemos cesar en nuestra prédica y nuestra lucha contra un enemigo que nunca descansa. Resulta imperativo denunciar una y otra vez la hipocresía de quienes interpretan que los golpes realizados desde la izquierda no deben ser condenados.
Es en ésta hora cuando debemos acompañar con todas nuestras fuerzas al hermano pueblo del Perú en la defensa de su libertad, su sistema democrático y la vigencia de la legalidad.
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