Por qué no debemos ignorar las diatribas antisemitas de Kanye West

La peligrosa idea de un maligno poder judío ha servido como justificación de la violencia, los asesinatos y el genocidio

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FILE PHOTO: Kanye West arrives
FILE PHOTO: Kanye West arrives at the 2016 MTV Video Music Awards in New York, U.S., August 28, 2016. REUTERS/Lucas Jackson/File Photo

Los obsesivos arrebatos de antisemitismo del internacionalmente conocido artista Ye, antes conocido como Kanye West, han llevado a algunas personas a argumentar que lo único que busca es llamar la atención y que, por tanto, deberíamos ignorar sus locuras.

Lamentablemente, hay demasiados factores en juego que hacen que esa estrategia sea descabellada. Su alcance es enorme, con más de 31 millones de seguidores solo en Twitter. Su disposición a dedicarse a un descarado antisemitismo anima a los extremistas a actuar, como vimos recientemente con una pancarta en Los Ángeles alabando a West y una declaración de la vil Liga de Defensa de los Goyim. También demuestra la necesidad de llamar la atención y educar sobre el especialmente perjudicial elemento de odio que encarna el antisemitismo clásico y que se refleja exactamente en la forma en que West atacó al pueblo judío.

A este respecto, lo que destaca en todo este alboroto fue la forma en que West decidió expresarse. No dijo que los judíos no son buena gente, ni siquiera que son responsables de la muerte de Cristo. En cambio, volvió sobre ese elemento único del antisemitismo que lo distingue de otras formas de prejuicio y que, particularmente en el último siglo y más, se ha convertido en la fuente de un catastrófico peligro para el pueblo judío: la noción conspirativa de un abrumador y venenoso poder judío que supuestamente causa un gran daño a sus objetivos y víctimas.

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En el caso de West, este afirma que los judíos actúan en una camarilla para controlar la industria musical, causándole un gran daño a él y presumiblemente a otros, solo para servir al poder judío. Y la respuesta correcta a todo esto es amenazarlos: “muerte con 3 sobre los judíos”, un acrónimo de uso militar que transmite violencia.

En un mundo en el que los estereotipos, la discriminación y las microagresiones contra una variedad de grupos minoritarios están muy presentes, la idea de un maligno poder judío es la más peligrosa de todas. Expresada de diferentes formas a lo largo de los años, ha servido como justificación de la violencia, los asesinatos y el genocidio contra el pueblo judío.

Después de todo, si los judíos tienen tanto poder y si lo utilizan para dañar a la sociedad, entonces (siguiendo la lógica retorcida) tenemos la responsabilidad de enfrentarnos a él en beneficio de todos y hacer lo que podamos para controlarlo, si no eliminarlo.

La forma en que se expresa West encaja en el patrón histórico de los principales ataques contra los judíos que se remontan por lo menos a principios del siglo XX, cuando apareció por primera vez en Rusia el falso e infame documento, los Protocolos de los sabios de Sion, que supuestamente contenía los planes secretos de los judíos para apoderarse del mundo. Su uso para justificar los ataques masivos contra los judíos, ya fuera en la guerra civil rusa después de la revolución comunista o en la Alemania nazi por parte de Goebbels y sus secuaces, es legendario.

Sin embargo, lo que llama la atención al escuchar a West es que sus observaciones no solo reflejan los clásicos temas antisemitas europeos, sino también los de los que probablemente sean los cuatro antisemitas más famosos de la historia de Estados Unidos. Henry Ford, el magnate industrial, utilizó su plataforma para difundir los Protocolos en la década de 1920 a través de su periódico The Dearborn Independent. Él inculcó al público estadounidense la idea de las aspiraciones judías de dominar el mundo.

Algunos años más tarde, en la década de 1930, el padre Charles Coughlin —conocido como “el cura de la radio”— difundió el tema del maligno poder judío todos los domingos por la noche ante audiencias de millones de estadounidenses.

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Charles Lindbergh, el héroe aviador estadounidense y líder del movimiento America First que se oponía a la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, pronunció un discurso en Des Moines Iowa en 1940 en el que afirmó que los únicos interesados en arrastrar a Estados Unidos a la guerra eran los judíos todopoderosos.

Y Louis Farrakhan, líder por mucho tiempo de la Nación del Islam y actualmente uno de los antisemitas con más seguidores, se refiere repetidamente al malvado control judío de una gran cantidad de elementos de la sociedad estadounidense y afroamericana.

Así que sí, sí es importante que West sea tratado como un paria por muchos en el mundo corporativo, más recientemente por Adidas. Sin embargo, esta controversia debería recordarnos —en un momento en el que los incidentes antisemitas están en su punto álgido en Estados Unidos y en el que existe una especial vulnerabilidad a las teorías de conspiración— que la principal teoría de conspiración, la del maligno poder judío, acecha a la vuelta de la esquina y exige la atención de educadores y líderes antes de que encuentre una nueva vida.

*Kenneth Jacobson es Vicedirector Nacional de la Liga Antidifamación (@ADL_es).

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