
El éxito de la IX Cumbre de las Américas es dejar claro que las dictaduras de crimen organizado están al margen del sistema interamericano en el que “los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla”. Los regímenes de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia con los gobiernos de México y Argentina han confesado su integración en el grupo dictatorial del socialismo del siglo XXI o castrochavismo y ratificado su permanente conspiración contra la democracia. La cumbre ha demostrado que las Américas no pueden continuar expuestas a la agresión y expansión de las dictaduras, pero hacen falta iniciativas para recuperar la democracia.
El cumplimiento del mandato de Quebec y de la Carta Democrática Interamericana por parte de los Estados Unidos al no invitar a la IX Cumbre de las Américas a los regímenes dictatoriales de Cuba, Venezuela y Nicaragua, puso en marcha una agresiva estrategia del socialismo del siglo XXI para lograr la presencia de los dictadores en la cumbre. Los operadores fueron los jefes de los gobiernos para dictatoriales de México y Argentina y la dictadura invisible de Bolivia que buscaron boicotear la reunión.
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Esta confrontación previa a la IX Cumbre sirvió para recordar que las “cumbres de las Américas” son parte esencial del sistema democrático interamericano, que sus fundamentos principales son “la democracia y la libertad de comercio” como base para el desarrollo de los pueblos y que fue éste mecanismo el que produjo el tratado constitutivo denominado “Carta Democrática Interamericana”. También ayudó a recordar que en la Cumbre de Panamá el 2015 se dio la oportunidad a las dictaduras lideradas por Cuba para reintegrarse a la democracia devolviendo la libertad a sus pueblos y que solo sirvió para prolongar el oprobio dictatorial.
El intento de boicot del castrochavismo antes de la IX Cumbre identificó con claridad “Las Dos Américas”, mostrando sin lugar a dudas que el eje de confrontación en el siglo XXI es “dictadura contra democracia” que representa la lucha de “el crimen contra la libertad”. Esta claridad de las dos Américas se ratificó durante la celebración de la Cumbre y muestra sin lugar a dudas Cuba como la “dictadura jefe” del grupo dictatorial integrado por los regímenes de Venezuela, Nicaragua y Bolivia y los gobiernos para dictatoriales de México con López Obrador y Argentina con Fernández/Kirchner.
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Fracasado el intento de boicot sobrevino la acción de sabotaje dentro la Cumbre, principalmente a cargo del presidente de Argentina con el acompañamiento de los representantes de México y Bolivia, que mostraron que las dictaduras en las Américas son un grupo, una unidad, una identidad para la expansión del sistema y la metodología de la dictadura castrista de Cuba convertida en castrochavismo y que controla de esa manera Venezuela, Nicaragua y Bolivia donde se detenta el poder por medio de “terrorismo de Estado”, con la evidencia de presos políticos, torturados, exiliados y pueblos sometidos por miedo.
El fracaso del sabotaje castrochavista a la IX Cumbre de las Américas está dado en la forma -entre otros aspectos- por la asistencia de los presidentes de Chile y Perú, que ratificaron sus obligaciones democráticas, pese a ser autoproclamados admiradores de la dictadura de Cuba, abiertos a relaciones con la dictadura de Venezuela, intervenidos desde la dictadura de Bolivia y con políticas de complicidad con la dictadura de Nicaragua.
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El fracaso de fondo de las dictaduras en la IX Cumbre se muestra en el posicionamiento de la democracia como punto fundamental de las relaciones interamericanas, como punto de quiebre para el posicionamiento político de los gobiernos y como efectivo “derecho de los pueblos”.
Las dictaduras han sido certificadas, (Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia) sus operadores identificados (México, Argentina…), sus crímenes conocidos (corrupción narcoestados y lesa humanidad), sus instrumentos de agresión evidentes, y claros sus objetivos de continuar desestabilizando las democracias en alianza con dictaduras como Rusia, Irán y más…
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Pero el sistema democrático no puede mantenerse inerme y satisfecho con la identificación formal de las dictaduras porque su obligación consiste en recuperar la democracia en los países sometidos. No es suficiente una política de identificación, ni siquiera una política de contención, porque ambas significan ventaja a las dictaduras, coexistir con el crimen organizado y el oprobio del terrorismo de Estado, los crímenes de lesa humanidad, la extorsión internacional, tolerar la violación institucionalizada e indefinida de los derechos humanos y garantizar impunidad.
Es tiempo de iniciativas para recuperar la democracia cesando las dictaduras.
*Abogado y Politólogo. Director de Interamerican Institute for Democracy
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